Desayuné y fui a vestirme. Poco después de eso, recibí una llamada de Jake que fue cortada rápidamente, ya había llegado.
Me despedí de mi padre, que estaba en el despacho, y después de Logan. Solamente le musité un simple adiós, ya que seguía algo rara gracias a ese sueño. Salí de casa prácticamente corriendo para abrazar fuertemente a Jake.
Él
pasó su brazo por mis hombros y fuimos caminando hacia el instituto,
hablando de todas las tonterías posibles antes de llegar.
Al pasar
la puerta para entrar al instituto, me acompañó a mi taquilla. Al coger
los libros de las próximas clases, el grupo de Lucas White se dirigió a
nosotros. Yo sostenía mis libros entre mis manos, apretándolos contra
mi estómago.
-Qué bombón tienes a tu lado, esto... - habló Lucas.
-Jake - dijo mi mejor amigo, algo apenado. ¿Apenado? ¿Por qué? ¿Por no saberse su nombre? ¡Si a penas Lucas se sabrá el mío!
Yo rodé los ojos.
-Vámonos a clase, Jake - le dije. No tenía ganas de estar con los populares.
Dicho
esto, me fui sin decirle adiós a Lucas. No le soportaba, era una lapa
insoportable. Entré en clase de química, al menos eso me alegraba el
día. Iba a sentarme delante del todo, justo en medio como hacía en cada
clase, pero una cabellera castaña lo había hecho primero.
-Ahí voy yo, Ámber - refunfuñé.
Ella negó sonriente. Maldita pija.
-Quítate - la ordené.
Ella
volvió a negar. Yo bufé y me senté un asiento más atrás. ¿Por qué una
chica tan pija tenía la capacidad de ser tan inteligente y poder
apuntarse al bachiller científico? Hablando de ella, Ámber se giró,
justamente. Posó su mirada en mí.
-¿Por qué quieres sentarte aquí? - preguntó con su típica voz chillona.
Quiero contemplar mejor esos preciosos ojos azules de nuestro hermoso profesor y tenerlo más cerca de mí.
-Así atiendo mejor - me excusé.
-Será eso - dijo esto, lució una pequeña sonrisa falsa y se volvió a girar, al ver entrar a nuestro profe, Charlie Smith.
Nuestro
hermoso profesor dejó sus libros en la mesa y empezó con una nueva
lección. De vez en cuando él me miraba. Notaba cómo me sonrojaba cuando
notaba que sonreía en medio de su explicación cuando posaba su mirada en
mí.
-Y para finalizar la clase - explicó - os entregaré los
trabajos que hicisteis la semana pasada, mientras os voy llamando, haced
los ejercicios que apuntaré en la pizarra.
Oh no, ese trabajo. Lo
odié demasiado, más que a la lapa insoportable. Al fin y al cabo, el
trabajo no quedó tan mal. Empezó a llamarnos uno por uno. Yo fui la
primera. Me levanté tímidamente, me dio el trabajo y volví a sentarme.
¿Un ocho de mi trabajo? ¡Un ocho de mi trabajo! Me sentí feliz pero, esa
felicidad se me esfumó de un momento a otro, al ver cómo la castaña de
Ámber se acercaba movimiendo sus caderas hacia Charlie. Esta se paró
delante de él, apoyó sus codos sobre la mesa de mi joven profesor y
también puso el culo en pompa, dejando ver parte de sus pechos, gracias
al escote. El Sr. Smith, no pareció en molestarle en absoluto, él
solamente le daba la enhorabuena por uno de los mejores trabajos de la
clase. Mis dientes se tensaron y las ganas de matarla y estrangularla en
medio de clase también.
Sidney, tranquilízate...
Todo
volvió a su normalidad cuando ella se sentó de nuevo en su asiento,
delante mía. Intentando ser lo más disimulada posible, enredé mis
piernas en las patas de su silla. Sonreí maliciosamente. Hice fuerza
para subir un poco las patas traseras de su asiento para hacer que
perdiese su equilibro y cayera. Así hice. Ámber no tuvo tiempo de
reaccionar y cayó de la silla. Yo retiré mis piernas rápidamente y me
uní a las risas que había provocado su golpe.
-¿Qué ha pasado? - cuestionó Charlie a todos nosotros.
-Ámber se cayó de la silla - habló uno de mis compañeros.
-Es usted muy listo, Stewart - le respondió mi profesor - ¿Ahora alguien puede explicarme que ha pasado?
Todos
nos miramos entre nosotros. Yo miré a Jake, que estaba justo detrás
mía. Noté como contenía su risa, él me había visto. Me guiñó el ojo,
aunque Ámber no hubiera mostrado sus senos al profesor, igualmente me
caía mal desde el día que entró a clase.
-Yo solo sé que se ha
como tumbado la silla y me he caído. ¡Alguien la ha tumbado! - dijo
Ámber, quién se estaba levantando de su caída, posando sus manos en sus
nalgas doloridas.
-Ámber, no nos responsabilices a nosotros, no tenemos la culpa de que seas tan torpe - añadí a la conversación.
-Ni yo la culpa de que tu madre desapareciera hace cuatro años - contraatacó.
-Basta ya - habló una firme voz de Charlie - hagan los ejercicios que apunté en la pizarra.
Una
lágrima rebelde nació de mis ojos, la aparté rápidamente. Mi autoestima
bajó al oír lo que dijo Ámber para contraatacar y no quedar mal delante
de todos los de la clase. En silencio, todos hicimos los ejercicios que
el Sr. Smith mandó y estuvimos callados hasta que tocó el timbre para
la siguiente clase. Me levanté la última de mi asiento, Jake fue el
primero en salir. Guardé mis cosas con el autoestima por los suelos y al
acabar, me puse mi mochila, dejándola colgar de mi hombro derecho.
-Srta. Evans - me llamó una voz detrás de mí, mientras estaba a punto de salir.
Me giré y me encontré con un par de ojos azul mar que me miraron con preocupación.
-Cierre la puerta y acérquese - prosiguió.
Con
algo de temor lo hice. Cerré la puerta y me dirigí hacia uno de los
pasillos que creaban las sillas. Me paré justo en frente de él.
-Siento lo de su madre, Amber se pasó un poco con su comentario.
Yo
asentí decaída. No había superado del todo la pérdida de mi madre pero,
estoy segurísima de que algún día lo haré. No me cabe duda.Noté unos
fuertes brazos que envolvían mi cuerpo. ¿Charlie Smith me estaba
abrazando? ¡Charlie Smith me estaba abrazando!. Respondí a su abrazo y
quedamos así un par de segundos más hasta que él se separó.
-Creí
que no te vendría mal un abrazo de alguien, ya que se notó tu tristeza
cuando ella te dijo eso - habló con cautela Charlie.
-Gracias - murmuré agradecida.
-No
hay de qué - me sonrió. Arght, me había dedicado una sonrisa - Por
cierto, como sabe, está a punto de acabar el trimestre, tan solo queda
una semana y media para dar paso a semana santa. Me temo a que hoy no
podré darle la clase particular, ya que es la sesión de evaluación,
prosponemos la clase a mañana jueves. Ah, y dígale a su próximo maestro
que fue culpa mía el motivo de tu tardanza.
Asentí, me despedí de
él agitando mi mano y salí de clase. Un miércoles por la tarde libre.
Hoy no le vería más pero bueno, ese abrazo fue mejor que una clase.
Sonreí al recordar nuestro abrazo, fue tan... ¿bonito? ¿agradable? y
muchos adjetivos más.
Me moví rápidamente por los pasillos, bajé las escaleras y llegué a gimnasia.
-Siento mi retraso señora Green. El Sr. Smith tuvo que hablar conmigo cinco minutos.
Me
miró con recelo. Las arrugas de mi mayor profesora de gimnasia se
acumulaban entre sí, más su cara de amargada, formaban un rostro
terrorífico. Cuánto la odiaba.
-Esa no es excusa, ahora póngase a correr al igual que sus otros compañeros - exigió con su cavernosa voz.
Bufé cuando ella se giró.
-No vuelvas a hacer eso - habló.
Rápidamente
dejé mis cosas en las gradas del polideportivo y me puse a correr junto
a los demás. No aparté la vista de Ámber, la pijita castaña, en
educación física quizás le haría otra de las mías.
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