Entré a clase con los libros de química entre mis manos, apretándolos
fuertemente contra mi estómago, que se revolvía salvajemente, malditos
nervios.
-Buenas tardes - balbuceé mientras me acercaba hacia él, que permanecía sentado encima de su mesa, tecleando con su móvil.
-Buenas tardes señorita Evans, puede sentarse en la primera fila - habló serio, como de costumbre y guardó su móvil.
Me
senté en frente de la mesa del profesor. Él fue hacia su mochila y sacó
una carpeta azul para sostener mi examen entre sus manos. Lo miró
atentamente y poco después lo colocó encima de mi mesa.
-Ha de repasar los enlaces. Es importante que sepa la capa de valencia de cada elemento - explicó Charlie.
Saqué
una hoja y mi lápiz. Él comenzó a explicarme con más detenimiento cómo
se hacía, ponía varios ejemplos que yo iba anotando. De vez en cuando,
nuestras miradas se juntaban y yo solamente podía sonreír. Y así pasaron
diez minutos de explicación.
-¿Hasta aquí lo ha entendido?
Asentí con una media sonrisa.
-Bien, ahora haga este.
Comenzó
a apuntar un ejercicio en la pizarra que yo copié inmediatamente.
Comencé hacerlo, como él me había explicado. Unos pasos lentos se
dirigían hacia mí. Se colocó detrás mía y noté como su barbilla
descansaba sobre mi hombro derecho. Ay dios.
-¿Cómo va eso? - preguntó, fijando su vista en mi papel.
-¿Usted cree que me sale mal?
Las
manos comenzaron a temblarme. Nuestra cercanía, hacía que mis dedos
jugasen entre ellos por debajo de la mesa para intentar que no se diera
cuenta pero creo que no dio resultado.
-Parece irle bien pero, esto... - señaló una parte del ejercicio, supuse que la tenía mal.
Cogí
mi goma y lo borré, para dibujarlo de nuevo. Él puso su mano encima de
la mía y me indicó como había que hacerlo. Mi mano quedó tiesa por un
momento.
-Relaje la mano señorita Evans - habló Charlie mientras se le escapaba una pequeña risa.
Poco a poco mi mano cedió y ya podía moverse sin dificultad por el papel, haciendo los enlaces.
. . .
Cerré
la puerta detrás mía, al entrar en casa. Con Charlie no pasó nada más,
creo que por hoy ya me bastó la suficiente cercanía que habíamos tenido,
lo cual me había encantado a pesar de que me provocaba nervios.
-¡Ya estoy en casa! - grité.
Como
siempre, todo estaba desierto. Supuse que mi padre estaría en su
despacho y Logan descansando en su tiempo libre o tal vez haciendo
alguna tarea por la casa.
Subí las escaleras y me dirigí hacia mi
cuarto, todo estaba completamente igual desde que me fui. Me senté en mi
silla azul con ruedas, saqué mis deberes y me puse a hacerlos, así
pasaría el resto de la tarde hasta la cena.
Minutos después, sonó Still into you. Agarré mi móvil y lo descolgué.
-¿Si? - hablé mientras colocaba mi móvil entre mi cabeza y mi hombro derecho, mientras seguía haciendo mis deberes.
-¿Qué tal enana? - saludó Jake - ¿Te parece bien que mañana pase a por ti y así vamos juntos al instituto?
-Bien, estoy bien - sonreí - me parece genial. ¿A que hora te pasarás?
-Solamente estate atenta del móvil y cuando te llame, sal.
-Vale, pues... - quedé callada un par de segundos - hasta mañana.
Oía su respiración desde la otra línea y unas teclas que eran pulsadas provocando un ruidito.
-¿Eh? - dijo al fin.
-Que hasta mañana.
-Em, sí, hasta mañana - concluyó algo nervioso y me colgó.
No le di importancia a su raro comportamiento y seguí con mis deberes hasta la cena.
Acabé
más tarde de las ocho. Más de una hora haciendo deberes, gracias a mi
profesor de filosofía. Le amaba más que a Charlie - nótese el sarcasmo -
Oí
unos leves golpes en la puerta de mi habitación mientras guardaba mis
cosas en mi mochila para el día siguiente. Poco después se abrió.
-Baja a cenar hija - habló mi padre. Luego la puerta se cerró de nuevo.
Al
acabar de guardar mis cosas, salí de mi habitación y descendí las
escaleras hasta el comedor donde esperaba mi padre apunto de comer. Me
senté en frente de él y silenciosamente empezamos a comer mientras que
entre nosotros predominaba un incómodo silencio.
-¿Qué tal fue la clase con el sr. Smith? - habló él, iniciando la primera conversación durante la cena.
-Yo
esto, - empecé a balbucear. Me puse nerviosa al recordar lo que había
pasado esta tarde - muy bien - dije segura - ya lo entiendo mejor.
Sus
labios se curvaron, haciendo una sonrisa. ¿Mi padre sonriendo? Algo
genial le habrá pasado como para que sonría. Hacía bastante tiempo que
no le veía sonreír y las veces que lo hacía, se notaba que esa sonrisa
no era verdadera.
-¿Qué tal tu día hoy, papá? - me interesé.
Ahora quería saber el motivo de su sonrisa. Estaba segurísima de que no era por lo bien que me había ido con Charlie.
-Bastante bien, hoy hemos contratado a una nueva chica - mostró de nuevo una sonrisa.
Así
que a eso se debe su felicidad. Santa mierda. La idea de imaginarme en
un futuro una nueva chica aquí en casa no era de mi agrado. ¿Pero qué
piensas Sidney? Quizás solamente es otra más en el negocio y no pase
absolutamente nada. Odio las historias que puedo llegar a montarme a
veces.
Al acabar de cenar y darle las buenas noches a mi padre,
fui a la habitación de Logan a desearle buenas noches para después subir
a mi habitación a descansar, los párpados se me cerraban constántemente
y no aguantaba más.
Toqué la puerta de Logan con el puño cerrado. Nadie respondió aunque eso no me impidió entrar por mi cuenta.
Le
vi recostado en su cama, tapado con las sábanas. Me acerqué a él y vi
como dormía. Qué adorable. Mi rostro se acercó al suyo con la intención
de plantar un pequeño beso en su mejilla, que este fue desviado sin
querer a la comisura de sus labios gracias a un pequeño movimiento que
dio Logan.
Ruborizada y avergonzada de lo que hubiera podido
pasar, salí lo más rápido posible de su dormitorio sin hacer el más
mínimo ruido y ascendí las escaleras para después entrar en mi
habitación, colocarme el pijama y tumbarme en mi cama. Apagué la luz y
quedé dormida en pocos segundos.
Bajé las escaleras y me
dirigí a la habitación de Logan. Este estaba esperándome luciendo su
preciosa sonrisa. Iba vestido con un polo azul y unos pitillos negros.
Abrió sus brazos como solía hacer siempre y yo rápidamente le abracé y
le tumbé en su cama, quedando encima suya. Ambos sonreíamos. Nuestras
miradas conectaron, nuestras narices rozaron y poco después nuestros
labios, que se fundieron en un precioso beso.
-Sidney... - murmuró en medio del beso - despierta... despierta... - su voz cada vez se oía menos - despierta...
-¡Sidney despierta ya! - acabó chillando mi padre.
Me desperté casi de un salto.
-A la tercera va la vencida - murmuró mi padre a sí mismo y se fue de su habitación.
Me
levanté aturdida al acordarme de mi sueño. Parecía tan... real. Fui al
baño y me lavé la cara, ya me vestiría después de desayunar.
Bajé
las escaleras y me dirigí hacia la habitación de Logan como cada mañana,
a desearle los buenos días. Cuando entré, él vestía con un polo azul y
unos pitillos negros. Espera un momento, ¿Iba vestido como en mi sueño?
Oh dios mío.
-¿El desayuno está listo? - le pregunté.
Él
asintió y abrió sus brazos para que le diera un abrazo. Yo me di media
vuelta, para intentar disimular, haciendo que no le había visto. Salí de
su habitación, algo desorientada. ¿Qué pasaría si le hubiera abrazado?
¿Nos hubieramos... besado? No, no puedo hacer eso.
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