Después de esa charla junto a mi padre, salí de su despacho y me
dirigí hacia mi habitación. Tiré la mochila por el suelo y
sigilosamente, pasé de nuevo el despacho para llegar a la habitación de
mi padre. Me senté en su cama de sábanas blancas y estampados color
verde. Me acerqué a la cómoda color marrón flojo y abrí el último cajón,
donde se encontraban recuerdos junto a mi madre (cartas, algún que otro
poema creado por ella, fotos...). Momentos a su lado invadían mis
pensamientos. ¿Por qué? ¿Por qué tuvo esa mala suerte de morir? Siempre
fue una persona generosa, simpática, sonriente, una de las mejores
personas que podía existir en este mundo. Todavía no se sabe de que
murió, ya que una noche, al salir de su trabajo, no llegó a casa. Se
cree que desapareció y que se encuentra muerta en algún lugar del mundo.
Los policías siguen investigando en el caso desde hace más de cuatro
años y todavía no encontraron al culpable, joder.
Cojí una pequeña
fotografía, que mi padre tomó en blanco y negro, donde mi madre salía
con una de sus perfectas sonrisas y a su lado estaba yo, una pequeña
Sidney Evans dándole un beso en su fina y rosada mejilla. Sequé una
lágrima que me cayó sin ser esperada. Pegué la imagen a mi pecho y
después la volví a meter dentro del cajón de la cómoda. Salí de la
habitación sin hacer ruido y bajé a la cocina. Vi que la comida ya
estaba servida, gracias a nuestro amable mayordomo, Logan. Este se
encontraba seguramente en su habitación, descansando, como solía hacer
en su tiempo libre.
Tomé la comida en absoluto silencio, como se
encontraba la casa cada día, ya me acostumbré. Desde hace cuatro años,
esta casa perdió vida.
Después de comer, subí a mi habitación,
donde me tiré bruscamente boca abajo. Oí un sonido procediente de mi
móvil, desbloqueé la pantalla y me incorporé.
-¿Sidney? - se oyó una voz masculina por la otra línea.
-Dime, Jake - respondí al reconocer por fin su voz.
-¿Estás ocupada?
Miré a mi alrededor, para buscar una justificación al sí que iba a decir como respuesta. Vi una bandeja con mi ropa limpia, ahí.
-Sí, tengo que meter mi ropa limpia en el armario y ordenar algo mi habitación - respondí, excusándome.
-¿Cuánto tiempo tardas más o menos?
Mierda. ¿No puede ser Jake algo listo y captar que no quiero salir? ¡Pero no! ¡Siempre dando excusas!
-También tengo que estudiar química... - balbuceé.
-En ese caso, quedamos otro día, será lo mejor - pareció serio - nos vemos mañana, te quiero preciosa.
Colgó antes de que pudiera despedirme. ¿Preciosa? ¿Enserio? Madre mía, Jake.
Me
senté en la cama, sin nada que hacer. Puede que penséis que por qué no
acepté ir con Jake ya que ahora mismo me estoy aburriendo. Pues, que
prefiero estar sola, sí, sola.
Me tumbé en la cama y me cubrí con la manta. En pocos minutos, quedé dormida plácidamente.
. . .
Perezosa,
me levanté de la cama y observé el reloj de encima de mi cómoda: ocho
de la tarde. Tenía hambre, así que fui a la cocina de nuevo, donde esta
vez se encontraba Logan, nuestro joven mayordomo, que contratamos cuando
mi madre murió. Con su pelo castaño y sus ojos color miel. Mi padre se
replanteó muchas veces despedirlo, ya que, para su gusto no hacía bien
su trabajo pero, siempre estaba yo, que le defendía, le había cogido
cierto cariño. Él tenía veinte años, me llevaba solamente cuatro años.
-Buena tarde - me sonrió.
-Hola Logan - respondí.
-¿Tienes hambre? - me preguntó mientras me sentaba en la silla, justo al lado de él.
-Sí ¿Qué hay?
Logan
se levantó y cogió unas galletas que había encima de la encimera,
supongo que de la tarde anterior. Me las extendió y las acepté.
-Gracias - sonreí.
-De nada Sid, después haré la cena.
-Te dije que odiaba que me llamaran Sid - refunfuñé.
-Lo sé, lo hago para fastidiarte un poco - dijo luciendo una de sus sonrisas.
-Ah, qué cariño me tienes - hablé.
-Mucho - afirmó.
Vino
hacia mí y me abrazó. Sí, tenía mucha confianza con él. Las tardes que
había pasado a su lado, divirtiéndonos y riendo cuando mi padre estaba
de viaje, gracias a su trabajo.
Tomé mis galletas, sentada encima
de la encimera mientras observaba cómo preparaba la cena. Manteníamos
charla en todo momento, no había ningun momento donde estuvieramos en
silencio, siempre ha sido así.
Minutos más tarde, la cena estaba
en el comedor, en una larga mesa color crema, con sillas de su mismo
color. Logan, se puso a descansar mientras mi padre y yo cenábamos.
Ahora sí, estaba todo en absoluto silencio.
Desde que murió mi madre, siempre había pensado que mi padre no me quería ya que su cariño bajó desde entonces.
Me
levanté perezosamente, como era habitual. Apagué el despertador y fui
hacia mi ducha. Salí con una toalla que envolvía mi cuerpo. La dejé
encima de mi cama al acabar de secarme y me vestí con el uniforme. Una
falda con ondas azul fuerte, corta, con mis medias y una camiseta
también azul, con el logo del instituto en mi lado izquierdo.
Bajé
las escaleras, me paré en la habitación de Logan, al ver como se
encontraba entreabierta. Toqué con el puño cerrado y entré. Estaba de
espaldas a la puerta aunque, no por mucho tiempo, ya que se giró cuando
toqué. Solamente con los pantalones puestos, su camiseta se hayaba
encima de la cama, a punto de ser puesta. Quedé algo embobada al ver sus
músculos, abdominales, aght.
-Esto... perdón - me disculpé mientras cerraba la puerta, quedándome fuera.
-No pasa nada - lo oí - puedes entrar.
Hice
oídos sordos y fui a la cocina, no quería que observara como mis
mejillas teñían de un color más rojizo que rosado. Cogí más galletas,
las que sobraron ayer y con eso me bastó.
Subí hacia el cuarto de mi padre. Toqué con el puño cerrado en la puerta de su despacho, esperando un 'Entra'.
Pero nada, así que decidí entrar por mi cuenta. No se encontraba ahí,
genial. Me moví hacia su habitación, donde la puerta estaba otra vez
cerrada. Toqué y tampoco respondía nadie. Entré sin permiso y lo
encontré durmiendo, en la cama de matrimonio, donde faltaba la
existencia de otro ser: mi madre. Estaba de lado opuesto a mí, mirando
hacia la ventana.
Qué raro que todavía siga durmiendo, ya que él
suele despertarse antes que yo. Cerré la puerta sigilosamente para que
no se diera cuenta de que había entrado. Descendí las escaleras y me
paré en el cuarto de Logan, ahora completamente cerrado. Fui hacia la
cocina, ahí estaba. Vestido con el uniforme que había comprado mi padre
para él, no sé para que tiene que llevarlo, es horrible para mi gusto.
-Siento lo de antes... - volví a disculparme.
-Te dije que no pasa nada - me sonrió. Observó su reloj de muñeca por un momento y volvió a mirarme - vas a llegar tarde Sidney.
-Mierda... - susurré - tendré que correr.
-¿Quieres que te lleve?
-No estaría de mal pero, ¿Con qué coche?
-Con el de tu padre - dijo sonriente. Le miré con recelo.
-Sabes que te va a matar si se entera - le recordé.
-Correré ese riesgo para que no llegues tarde, dame un minuto.
Abandonó
la cocina y en menos de un minuto iba vestido con normalidad, no con
ese precioso uniforme, nótese el sarcasmo. Yo cogí mi mochila que
permanecía en la entrada. Él agarró las llaves del coche de mi padre,
que estaban en un mueble al lado de la puerta. Tomó mi mano y me dirigió
hacia el lamborghini negro.
-¿Sabes conducir? - le cuestioné.
-Sí, tengo el carnet pero, con lo que me paga tu padre, no hay lo suficiente como para comprar un coche.
-Entiendo - respondí mientras entraba en el coche.
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