miércoles, 26 de febrero de 2014

Capítulo 2 - Logan.

Después de esa charla junto a mi padre, salí de su despacho y me dirigí hacia mi habitación. Tiré la mochila por el suelo y sigilosamente, pasé de nuevo el despacho para llegar a la habitación de mi padre. Me senté en su cama de sábanas blancas y estampados color verde. Me acerqué a la cómoda color marrón flojo y abrí el último cajón, donde se encontraban recuerdos junto a mi madre (cartas, algún que otro poema creado por ella, fotos...). Momentos a su lado invadían mis pensamientos. ¿Por qué? ¿Por qué tuvo esa mala suerte de morir? Siempre fue una persona generosa, simpática, sonriente, una de las mejores personas que podía existir en este mundo. Todavía no se sabe de que murió, ya que una noche, al salir de su trabajo, no llegó a casa. Se cree que desapareció y que se encuentra muerta en algún lugar del mundo. Los policías siguen investigando en el caso desde hace más de cuatro años y todavía no encontraron al culpable, joder.
Cojí una pequeña fotografía, que mi padre tomó en blanco y negro, donde mi madre salía con una de sus perfectas sonrisas y a su lado estaba yo, una pequeña Sidney Evans dándole un beso en su fina y rosada mejilla. Sequé una lágrima que me cayó sin ser esperada. Pegué la imagen a mi pecho y después la volví a meter dentro del cajón de la cómoda. Salí de la habitación sin hacer ruido y bajé a la cocina. Vi que la comida ya estaba servida, gracias a nuestro amable mayordomo, Logan. Este se encontraba seguramente en su habitación, descansando, como solía hacer en su tiempo libre.
Tomé la comida en absoluto silencio, como se encontraba la casa cada día, ya me acostumbré. Desde hace cuatro años, esta casa perdió vida.
Después de comer, subí a mi habitación, donde me tiré bruscamente boca abajo. Oí un sonido procediente de mi móvil, desbloqueé la pantalla y me incorporé.
-¿Sidney? - se oyó una voz masculina por la otra línea.
-Dime, Jake - respondí al reconocer por fin su voz.
-¿Estás ocupada?
Miré a mi alrededor, para buscar una justificación al sí que iba a decir como respuesta. Vi una bandeja con mi ropa limpia, ahí.
-Sí, tengo que meter mi ropa limpia en el armario y ordenar algo mi habitación - respondí, excusándome.
-¿Cuánto tiempo tardas más o menos?
Mierda. ¿No puede ser Jake algo listo y captar que no quiero salir? ¡Pero no! ¡Siempre dando excusas!
-También tengo que estudiar química... - balbuceé.
-En ese caso, quedamos otro día, será lo mejor - pareció serio - nos vemos mañana, te quiero preciosa.
Colgó antes de que pudiera despedirme. ¿Preciosa? ¿Enserio? Madre mía, Jake.
Me senté en la cama, sin nada que hacer. Puede que penséis que por qué no acepté ir con Jake ya que ahora mismo me estoy aburriendo. Pues, que prefiero estar sola, sí, sola.
Me tumbé en la cama y me cubrí con la manta. En pocos minutos, quedé dormida plácidamente.
. . .
Perezosa, me levanté de la cama y observé el reloj de encima de mi cómoda: ocho de la tarde. Tenía hambre, así que fui a la cocina de nuevo, donde esta vez se encontraba Logan, nuestro joven mayordomo, que contratamos cuando mi madre murió. Con su pelo castaño y sus ojos color miel. Mi padre se replanteó muchas veces despedirlo, ya que, para su gusto no hacía bien su trabajo pero, siempre estaba yo, que le defendía, le había cogido cierto cariño. Él tenía veinte años, me llevaba solamente cuatro años.
-Buena tarde - me sonrió.
-Hola Logan - respondí.
-¿Tienes hambre? - me preguntó mientras me sentaba en la silla, justo al lado de él.
-Sí ¿Qué hay?
Logan se levantó y cogió unas galletas que había encima de la encimera, supongo que de la tarde anterior. Me las extendió y las acepté.
-Gracias - sonreí.
-De nada Sid, después haré la cena.
-Te dije que odiaba que me llamaran Sid - refunfuñé.
-Lo sé, lo hago para fastidiarte un poco - dijo luciendo una de sus sonrisas.
-Ah, qué cariño me tienes - hablé.
-Mucho - afirmó.
Vino hacia mí y me abrazó. Sí, tenía mucha confianza con él. Las tardes que había pasado a su lado, divirtiéndonos y riendo cuando mi padre estaba de viaje, gracias a su trabajo.
Tomé mis galletas, sentada encima de la encimera mientras observaba cómo preparaba la cena. Manteníamos charla en todo momento, no había ningun momento donde estuvieramos en silencio, siempre ha sido así.
Minutos más tarde, la cena estaba en el comedor, en una larga mesa color crema, con sillas de su mismo color. Logan, se puso a descansar mientras mi padre y yo cenábamos. Ahora sí, estaba todo en absoluto silencio.
Desde que murió mi madre, siempre había pensado que mi padre no me quería ya que su cariño bajó desde entonces.

Me levanté perezosamente, como era habitual. Apagué el despertador y fui hacia mi ducha. Salí con una toalla que envolvía mi cuerpo. La dejé encima de mi cama al acabar de secarme y me vestí con el uniforme. Una falda con ondas azul fuerte, corta, con mis medias y una camiseta también azul, con el logo del instituto en mi lado izquierdo.
Bajé las escaleras, me paré en la habitación de Logan, al ver como se encontraba entreabierta. Toqué con el puño cerrado y entré. Estaba de espaldas a la puerta aunque, no por mucho tiempo, ya que se giró cuando toqué. Solamente con los pantalones puestos, su camiseta se hayaba encima de la cama, a punto de ser puesta. Quedé algo embobada al ver sus músculos, abdominales, aght.
-Esto... perdón - me disculpé mientras cerraba la puerta, quedándome fuera.
-No pasa nada - lo oí - puedes entrar.
Hice oídos sordos y fui a la cocina, no quería que observara como mis mejillas teñían de un color más rojizo que rosado. Cogí más galletas, las que sobraron ayer y con eso me bastó.
Subí hacia el cuarto de mi padre. Toqué con el puño cerrado en la puerta de su despacho, esperando un 'Entra'. Pero nada, así que decidí entrar por mi cuenta. No se encontraba ahí, genial. Me moví hacia su habitación, donde la puerta estaba otra vez cerrada. Toqué y tampoco respondía nadie. Entré sin permiso y lo encontré durmiendo, en la cama de matrimonio, donde faltaba la existencia de otro ser: mi madre. Estaba de lado opuesto a mí, mirando hacia la ventana.
Qué raro que todavía siga durmiendo, ya que él suele despertarse antes que yo. Cerré la puerta sigilosamente para que no se diera cuenta de que había entrado. Descendí las escaleras y me paré en el cuarto de Logan, ahora completamente cerrado. Fui hacia la cocina, ahí estaba. Vestido con el uniforme que había comprado mi padre para él, no sé para que tiene que llevarlo, es horrible para mi gusto.
-Siento lo de antes... - volví a disculparme.
-Te dije que no pasa nada - me sonrió. Observó su reloj de muñeca por un momento y volvió a mirarme - vas a llegar tarde Sidney.
-Mierda... - susurré - tendré que correr.
-¿Quieres que te lleve?
-No estaría de mal pero, ¿Con qué coche?
-Con el de tu padre - dijo sonriente. Le miré con recelo.
-Sabes que te va a matar si se entera - le recordé.
-Correré ese riesgo para que no llegues tarde, dame un minuto.
Abandonó la cocina y en menos de un minuto iba vestido con normalidad, no con ese precioso uniforme, nótese el sarcasmo. Yo cogí mi mochila que permanecía en la entrada. Él agarró las llaves del coche de mi padre, que estaban en un mueble al lado de la puerta. Tomó mi mano y me dirigió hacia el lamborghini negro.
-¿Sabes conducir? - le cuestioné.
-Sí, tengo el carnet pero, con lo que me paga tu padre, no hay lo suficiente como para comprar un coche.
-Entiendo - respondí mientras entraba en el coche.

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