Me hipnotizaron esos ojos azul mar de mi joven profesor. Dios, qué
bien conjunta con su pelo castaño. Puede que muchas personas digan que
los ojos azules y el pelo castaño no concuerdan entre sí pero, están
equivocadas.
Tomé los apuntes que él redactaba. Intentando
levantar mi vista para poder observar sus ojos azules pero, se puede
decir que no me dio tiempo. Su velocidad iba aumentando y mi mano iba
cada vez más cansada hasta que paró de dictar.
-¿Lo habéis
entendido? - preguntó con seriedad mientras se dirigía hacia su mesa
para tomar los exámenes corregidos para entregarlos, ya que estaba a
punto de finalizar la clase.
Nadie contestó. Se ve que este contenido de química resultaba algo difícil y así era.
-Lo tomaré como un sí - se respondió.
Pasó por todas las mesas, dejando el examen correspondiente de cada uno en su mesa.
Cuando
al fin me entregó mi prueba, comencé a maldecir en susurros ¿Por qué se
me daba tan mal la química? Realmente, bachiller era dificil.
Hojeo
y remiro mi examen una y otra vez. Al menos no lo suspendí, por esa
parte debo estar feliz, ya que la mayoría de la clase lo ha suspendido,
sin duda, este ha sido el examen más catastrófico de todo lo que
llevamos de la primera evaluación.
Al escuchar un timbre que
retumbó por toda la clase, automáticamente todos mis compañeros se
levantaron y le cedieron el examen a mi atractivo y joven profesor
Charlie Smith. Hasta el nombre es perfecto. Entregué la prueba la
última. El Sr. Smith, serio como siempre, no mostró ningún tipo de
interés cuando nuestras pieles rozaron levemente al dejar mi examen
encima de sus manos. Mierda, jamás sentirá algo por mí.
-Tendrá que esforzarse más, señorita Evans - esas fueron sus únicas palabras.
Asentí
y salí de clase. Sin pasar por mi casillero y me dirigí hacia la puerta
de salida, donde ahí se encontraba Jake, un amigo mío desde la infancia
(hasta se puede decir que es mi mejor amigo), que siempre habíamos
coincidido en las clases. Su piel era blanca, su cabello era rubio y sus
ojos de un color claro.
Como siempre, lució una de sus preciosas
sonrisas al verme, me tomó del brazo y vino conmigo para acompañarme a
casa como siempre hacía.
-¿Qué tal con tu novio? - se burló Jake.
-Cállate, sabes que no me gusta - dije con enfado.
A
Jake no le había mencionado que estaba completamente enamorada de mi
profesor de química pero, según él, intuyó que sentía cierto amor por
Charlie pero yo, claramente se lo negaba todas las veces que Jake lo
mencionaba, nadie podía enterarse de este sentimiento hacia el Sr.
Smith.
-Te estás engañando a ti misma - siguió con su opinión.
-No me engaño, para ya de decir esa tontería - acabé, soltándome de su brazo.
La brisa jugó con mi cabello mientras el silencio nos invadía y así todo el camino. Algo distantes.
Se paró en el portal de mi casa, Jake se colocó en frente mía e implantó un delicado beso en mi mejilla.
-Te recojo mañana por la mañana - me anunció.
Asentí y abracé a mi mejor amigo.
-Nos vemos mañana - sonreí.
Entré
en casa y como siempre, estaba todo en silencio. Subí las escaleras y
fui donde se encontraba siempre mi padre: en su despacho. Toqué la
puerta con uno de mis puños cerrados y entré.
Lo encontré sentado
en su silla negra, con ruedecitas, hablando por teléfono. Me senté en
una silla también negra que se encontraba al otro lado de la mesa donde
se encontraba mi padre. Esperé a que acabara.
-¿Qué tal el día Sidney? - preguntó colgando el teléfono.
-Bien... - dudé - bien - dije con un tono más segura.
-No es lo que me han comentado, al parecer necesitas refuerzo de química - habló mi padre pegando un sorbo a su café.
Agaché mi cabeza y me dispuse a mirar el suelo.
-Sí... - musité.
-Tienes suerte, Charlie Smith, se ofrece a ayudarte por las tardes para que mejores.
Alcé rápidamente mi vista al oír el nombre Charlie Smith.
-¿Enserio? - intenté no parecer entusiasmada.
Él solo asentía mientras me miraba, serio y distante, como de costumbre desde que murió mi madre.
-¿Cuando empiezo? - imité su seriedad.
-Mañana a las cuatro y media. Según me han comentado, será así de lunes a viernes.
-¿No será mucho esfuerzo para el Sr.Smith? - pregunté mientras jugaba con mis dedos.
-Sí pero, dicen que se ofreció él mismo en ayudarte - concluyó.
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