-¿Qué? - eso fue lo único que pude decir.
-Lo que has oído, Sidney. Estoy enamorado de Lucas White - me repitió.
En
conclusión, mi mejor amigo era homosexual. Ahora todo cuadra, por eso
él no tenía relaciones con chicas, ni nada por el estilo, Jake siempre
ha estado enamorado de un chico.
Me sentía incómoda en estos momentos, ¿qué decía? ¡Qué magnífico, te gusta una lapa!, porque claro, no podía ser otro que Lucas.
-Y tenía que ser un molusco... - murmuré para mí misma.
-¿Eh? - habló confundido.
-Nada - me limité a decir.
Me sentía en blanco, lo mejor sería esquivar el tema y hablar otra cosa.
-Pues... - empecé, para después quedarme unos segundos callada - ¿mañana vienes a recogerme a la misma hora?
Esto había parecido una despedida, más que otra cosa. Jake asintió.
-Mañana a la misma hora - añadió mientras se levantaba del columpio, yo le copié.
Ambos nos abrazamos y nos despedimos con un simple "hasta mañana" y nuestros caminos se separaron.
Llegué
a casa sobre las siete. Encontré a mi padre hecho humos, sentado en una
silla mirando fijamente hacia la puerta que acababa de cerrar.
-Bonita puerta ¿verdad?
-¿Dónde has estado hasta tan tarde? ¿No terminabas a las cinco y media? ¿Por qué no respondías a mis llamadas?
Estuve un tiempo en silencio, pensando qué responder.
-He estado en el parque con Jake. Sí y no me has llamado en toda la tarde.
-Sabes
que siempre tienes que pedirme permiso, estaba preocupado por ti porque
no llegabas, pensé que te había ocurrido algo. Menos mal que no estarás
sola con Logan, si no que estarás con la abuela. Sí te he llamado ¿Por
qué no me has respondido?
-No, no me ha ocurrido nada y sí seguro
que la abuela me protegerá de un violador si estamos por la calle solas -
saqué mi móvil del bolso y lo desbloqueé. Efectivamente, me había
llamado y no me había enterado - Ups...
-Que no vuelva a ocurrir -
concluso mi padre, antes de levantarse y subir las escaleras,
seguramente que para ir a su despacho como siempre.
Rodé mis ojos.
Pasé la siguiente hora viendo la tele, no tenía deberes, ya que no quedaba a penas nada para llegar a semana santa.
Miré
el reloj del salón: las ocho y pasadas. Mi estómago empezó a rugir, así
que fui hacia a la cocina, me preparé una taza de leche caliente y me
la bebí, ese sería mi cena de hoy.
***
Corría y corría
entre una casa hechizada de fantasmas. Nunca lograba de salir de esa
estúpida habitación. Por más esfuerzo que pusiera, era como si no me
hubiera movido del lugar.
-Sidney... estoy...
Me giré. Esa voz ronca y grave me daba repelús. Detrás mía no había nada.
-Al otro lado...
Di una vuelta sobre mí misma, volviendo a contemplar lo mismo que segundos atrás.
-Acércate...
Inconscientemente avancé unos pasos, sentía la muerte cerca, tan solo...
-Madre muerta... al igual que tú...ahora... no... tengas miedo...
Me
desperté de un salto. Me encontraba sin sábana alguna, con la
respiración agitada y con más miedo que otra cosa. Lágrimas caían por
mis mejilas "Madre muerta, al igual que tú ahora, no tengas miedo". Esas malditas palabras... de una voz ronca y grave.
Bajé
las escaleras sigilosamente, no podía dormir sola, tenía miedo, estaba
asustada. Entré en la habitación de Logan, él siempre conseguía
calmarme, y créanme que esta no era la primera vez que entraba en su
habitación a las tres de la madrugada.
Vi una figura en la cama y
despacio, me acerqué a ella. Fui a la parte donde había un pequeño
hueco, ahí dormiría esta noche. Antes de abrir la sábana, toqué su
hombro delicadamente. Lentamente se fue incorporando y giró su cabeza
hacia mi dirección.
-¿Una pesadilla?
Asentí avergonzada.
Pude notar como sonreía y me hacía más sitio del que había antes. Su
cuerpo me tapaba la puerta, me sentía escondida, segura. Metidos en la
cama, pude saber que dormía solamente con pantalones cortos, pero eso no
me importó mucho.
Abracé su desnudo torso y levanté la vista,
para toparme con su mirada. La poca luz que había en la habitación me
dejaba diferenciar si sus ojos estaban abiertos o cerrados, y en este
instante, los tenía como primero había dicho: abiertos. Me sonrojé
levemente al conectar nuestras miradas. Musité un "gracias", y besé su
mejilla.
-No las des, pequeña.
miércoles, 26 de febrero de 2014
Capítulo 8 - Una tarde con té y de más [Parte 2]
Sus ojos todavía fijos en los míos, ambos en silencio. Me acerqué un par de milímetros más, acortando nuestros rostros.
-Sidney - habló mi padre, entrando en la habitación sobresaltándome y quedarme en la otra punta de la cama, casi cayendo - ven aquí, tengo que comentarte una cosa, Aurora está esperando.
Me levanté lo más rápido que puse y asentí. Le di una mirada fugaz a Logan y salí casi corriendo de su habitación. Caminaba detrás de mi padre en dirección hacia el salón, ¿qué había pasado?, más bien, ¿que habría pasado si nuestro momento no hubiera sido interrumpido?.
Sacudí la cabeza para poder concentrarme con lo que mi padre quería comentarme. Al entrar al salón vi a la preciosa de Aurora, espero que se haya notado el sarcasmo, sentada en el sofá tomando el té que había encima de la mesa.
-¿No estabais viendo una película? - solté sin pensar.
-Estábamos viendo el CD que Aurora había , traído donde ahí se aportaban algunas ideas que ella había pensado - respondió mi padre, algo frío - ¿Nos has estado espiando?
Negué rápidamente, él solamente asintió como respuesta.
-Bueno, siéntate, mi querida Sid - dijo la castaña.
Suspiré indignada ¿no pueden llamarme Sidney? ¡Sidney! Sid-ney: séis letras, dos sílabas, una palabra, tan simple como eso. ¡Pero no!, equis gente ha de llamarme Sid para fastidiar.
Igualmente, me senté en el sofá, el opuesto al que estaba sentada Aurora.
-Verás - empezó a explicar mi padre - Aurora y yo debemos ir a un viaje de negocios - soltó - acaban de llamarnos para arreglar unos papeles y tendremos que viajar un par de días, es algo complicado.
¡Viaje! ¡Mi padre se va de viaje! ¿Tenía que estar feliz? Sí, bueno, en parte no del todo, más o menos... es decir... no importa. La cuestión era que se iba de viaje y que yo me quedaría sola en casa. Empecé a saltar de alegría mentalmente.
-Nos iremos este mismo viernes, pasado mañana - añadió Aurora.
Y tú cuando te vas ¿Aurora Green?, pensé inocentemente.
Asentí como respuesta. Me levanté para irme, pero una fuerza mayor me estiró del brazo y me obligó a sentarme de nuevo en el sofá.
-No tan rápido señorita - habló mi padre haciendo que me siente al lado suya de nuevo - el mismo viernes que nosotros nos vayamos hacia la capital, Madrid, la abuela vendrá a cuidarte.
Rodé los ojos. ¿Mi abuela? ¿Enserio papá? ¿Sabes quién es ella en realidad? Claro, como no lo sabe, ¡pues venga! ¡Sidney se queda con la abuela!, ¿que quién es mi abuela?, la peor abuela que hayáis podido conocer. Jamás me cayó del todo bien. Desde que era pequeña, ella solía venirme a recoger a la escuela, ya que mi madre trabajaba, y siempre solía ponerme en ridículo delante de todos , y cuando la veo sigue haciéndolo, que estrés de abuela tengo. Lamentablemente, solo la tengo a ella como abuela.
Asentí de nuevo, ya buscaría la manera de deshacerme de ella.
-¿Cuando volveréis? - pregunté sin más.
-Cinco días, una semana - respondió la castaña.
-Vale. ¿Ya puedo irme, papá? - él asintió.
Ya era por la noche, no hacía mucho que Aurora se había marchado. Mi padre había insistido en que se quedara a cenar pero gracias a dios, ella tuvo que marcharse, ya que la esperaba su madre en casa. ¡Punto a mi favor!.
Había terminado de cenar, me dirigí hacia la habitación de Logan. Abrí la puerta sigilosamente, todo estaba a oscuras, quizás ya estaba durmiendo, no le molestaría. Cuando iba a cerrar la puerta, la luz de su habitación se encendió y lo pude ver tumbado en la cama, con el brazo estirado hacia el interruptor de la luz que estaba al lado de su cama.
-Ho...hola - balbuceé - siento... haberte despertado.
-No pasa nada Sidney - me sonrió - ¿Necesitabas algo?
Logan se incorporó, haciendo que la sábana cayera y mostrara su hermoso abdomen desnudo, oh dios mío. Noto que me flojean las piernas, esto no es algo normal. Moriría si fuera Charlie.
-Y-yo... - tartamudeé - solo vine a darte las buenas noches. Buenas noches - hablé rápido para después cerrar la puerta lo más rápido posible e irme prácticamente corriendo hacia mi dormitorio.
Mi padre hacía tiempo que se había ido a dormir, según él, "mañana sería un dia largo". Observé como encima de mi mesita de noche vibraba mi móvil. Lo desbloqueé, era Jake.
"Mañana vengo a por ti para irnos juntos. ¿Te parece bien? No aceptaré un no por respuesta."
Reí tontamente. Tecleé un par de veces y le envié mi respuesta.
"Claro que sí tonto. Buenas noches, te quiero."
Enviado esto, apagué mi móvil y lo puse a cargar. Me puse el pijama y lavé mis dientes, abrí mi sábana y me metí dentro. En pocos segundos caí en un sueño profundo.
La mañana siguiente transcurrió tranquila y normal, como cada día, sin librarme de las estupideces de la lapa insoportable robador de carteras y de las de la castaña de Ámber. Quitando eso, las clases fueron estupendamente.
Ahora solamente quedaban unos pasos para llegar a la clase donde tenía la clase particular con Charlie, hoy iba a ser la primera vez que le vería, ya que no me había tocado clase con él.
-Buenas tardes - saludé entrando a la clase.
-Siéntese señorita Evans - habló con cautela - qué bonita va hoy.
Agaché la cabeza mientras iba hacia la primera fila y me sentaba en una de las sillas, totalmente sonrojada por su cumplido. En un momento a solas, estaría saltando de alegría como una estúpida, pero debía controlarme, o al menos lo que quedaba de hora.
-Gra-gra-gra-gra-cias - tartamudeé.
Oh dios mío, había parecido tonta. Por parte de él solo se escuchó una leve risa.
Estuvimos utilizando la tabla periódica durante toda la clase. Lamentablemente, no hubo acercamientos por parte de él, algo que me fastidió bastante.
Al finalizar la clase, me levanté de mi asiento y guardé mis cosas mientras él hacía lo mismo. Al terminar, me giré hacia él y este se dirigió hacia mí, solo un par de centímetros separaban nuestros cuerpos.
Alcé mi cabeza para poder mirarle, ya que me superaba en cuanto altura.
-Prométeme que estudiarás - exigió.
Asentí mientras mi mirada viajaba de sus ojos hacia su boca, provocando más cercanía entre nuestros rostros. Un poco más...
Unos toques a la puerta nos hicieron separarnos rápidamente. Se asomó la cara de la profesora de educación física, genial. La meteré en la lista de gente a la que tengo que fastidiar.
-Sr. Smith, le están esperando abajo - habló con su voz áspera.
-Oh sí, claro, dígales que ahora bajo.
La profesora asintió y cerró la puerta. No me atreví a conectar su mirada con la mía, así que me detuve a mirar al suelo.
-Yo...yo... me esperan en casa, nos vemos mañana - dije prácticamente saliendo de clase corriendo.
-No corra mucho, no vaya a ser que se le vuelva a levantar la falda. Hasta mañana mi preciosa alumna.
Salí lo más rápido de clase. ¿Se me había levantado la falda? No era muy usual en mí llevar pero claro, si tengo que ver a Charlie pues... hago lo que sea para parecer atractiva, espera un momento, ¡se me había levantado la falda!. Mis mejillas cogieron un color carmín rápidamente, qué verguenza dios.
Por otra parte, prometo que mataré a la profesora de educación física por interrumpir ese momento tan... íntimo, en el que estaba a punto de besarle por primera vez.
Él no pareció nervioso al ver que casi la señora Green nos pilla, ¡que va!, Charlie seguía tan tranquilo como siempre, a veces quiero saber su secreto para permanecer tan tranquilo a pesar de que cosas tan locas, como lo que estaba a punto de pasar, ocurrieran a su alrededor, seguir igual de calmado como si nada.
Escuché una musiquita proveniente de mi bolso, mi móvil. Lo saqué y miré el nuevo mensaje de Jake que me había mandado.
"Sidney, necesito que estés en el parque a las séis en punto. Debemos hablar, es importante"
-Sidney - habló mi padre, entrando en la habitación sobresaltándome y quedarme en la otra punta de la cama, casi cayendo - ven aquí, tengo que comentarte una cosa, Aurora está esperando.
Me levanté lo más rápido que puse y asentí. Le di una mirada fugaz a Logan y salí casi corriendo de su habitación. Caminaba detrás de mi padre en dirección hacia el salón, ¿qué había pasado?, más bien, ¿que habría pasado si nuestro momento no hubiera sido interrumpido?.
Sacudí la cabeza para poder concentrarme con lo que mi padre quería comentarme. Al entrar al salón vi a la preciosa de Aurora, espero que se haya notado el sarcasmo, sentada en el sofá tomando el té que había encima de la mesa.
-¿No estabais viendo una película? - solté sin pensar.
-Estábamos viendo el CD que Aurora había , traído donde ahí se aportaban algunas ideas que ella había pensado - respondió mi padre, algo frío - ¿Nos has estado espiando?
Negué rápidamente, él solamente asintió como respuesta.
-Bueno, siéntate, mi querida Sid - dijo la castaña.
Suspiré indignada ¿no pueden llamarme Sidney? ¡Sidney! Sid-ney: séis letras, dos sílabas, una palabra, tan simple como eso. ¡Pero no!, equis gente ha de llamarme Sid para fastidiar.
Igualmente, me senté en el sofá, el opuesto al que estaba sentada Aurora.
-Verás - empezó a explicar mi padre - Aurora y yo debemos ir a un viaje de negocios - soltó - acaban de llamarnos para arreglar unos papeles y tendremos que viajar un par de días, es algo complicado.
¡Viaje! ¡Mi padre se va de viaje! ¿Tenía que estar feliz? Sí, bueno, en parte no del todo, más o menos... es decir... no importa. La cuestión era que se iba de viaje y que yo me quedaría sola en casa. Empecé a saltar de alegría mentalmente.
-Nos iremos este mismo viernes, pasado mañana - añadió Aurora.
Y tú cuando te vas ¿Aurora Green?, pensé inocentemente.
Asentí como respuesta. Me levanté para irme, pero una fuerza mayor me estiró del brazo y me obligó a sentarme de nuevo en el sofá.
-No tan rápido señorita - habló mi padre haciendo que me siente al lado suya de nuevo - el mismo viernes que nosotros nos vayamos hacia la capital, Madrid, la abuela vendrá a cuidarte.
Rodé los ojos. ¿Mi abuela? ¿Enserio papá? ¿Sabes quién es ella en realidad? Claro, como no lo sabe, ¡pues venga! ¡Sidney se queda con la abuela!, ¿que quién es mi abuela?, la peor abuela que hayáis podido conocer. Jamás me cayó del todo bien. Desde que era pequeña, ella solía venirme a recoger a la escuela, ya que mi madre trabajaba, y siempre solía ponerme en ridículo delante de todos , y cuando la veo sigue haciéndolo, que estrés de abuela tengo. Lamentablemente, solo la tengo a ella como abuela.
Asentí de nuevo, ya buscaría la manera de deshacerme de ella.
-¿Cuando volveréis? - pregunté sin más.
-Cinco días, una semana - respondió la castaña.
-Vale. ¿Ya puedo irme, papá? - él asintió.
Ya era por la noche, no hacía mucho que Aurora se había marchado. Mi padre había insistido en que se quedara a cenar pero gracias a dios, ella tuvo que marcharse, ya que la esperaba su madre en casa. ¡Punto a mi favor!.
Había terminado de cenar, me dirigí hacia la habitación de Logan. Abrí la puerta sigilosamente, todo estaba a oscuras, quizás ya estaba durmiendo, no le molestaría. Cuando iba a cerrar la puerta, la luz de su habitación se encendió y lo pude ver tumbado en la cama, con el brazo estirado hacia el interruptor de la luz que estaba al lado de su cama.
-Ho...hola - balbuceé - siento... haberte despertado.
-No pasa nada Sidney - me sonrió - ¿Necesitabas algo?
Logan se incorporó, haciendo que la sábana cayera y mostrara su hermoso abdomen desnudo, oh dios mío. Noto que me flojean las piernas, esto no es algo normal. Moriría si fuera Charlie.
-Y-yo... - tartamudeé - solo vine a darte las buenas noches. Buenas noches - hablé rápido para después cerrar la puerta lo más rápido posible e irme prácticamente corriendo hacia mi dormitorio.
Mi padre hacía tiempo que se había ido a dormir, según él, "mañana sería un dia largo". Observé como encima de mi mesita de noche vibraba mi móvil. Lo desbloqueé, era Jake.
"Mañana vengo a por ti para irnos juntos. ¿Te parece bien? No aceptaré un no por respuesta."
Reí tontamente. Tecleé un par de veces y le envié mi respuesta.
"Claro que sí tonto. Buenas noches, te quiero."
Enviado esto, apagué mi móvil y lo puse a cargar. Me puse el pijama y lavé mis dientes, abrí mi sábana y me metí dentro. En pocos segundos caí en un sueño profundo.
La mañana siguiente transcurrió tranquila y normal, como cada día, sin librarme de las estupideces de la lapa insoportable robador de carteras y de las de la castaña de Ámber. Quitando eso, las clases fueron estupendamente.
Ahora solamente quedaban unos pasos para llegar a la clase donde tenía la clase particular con Charlie, hoy iba a ser la primera vez que le vería, ya que no me había tocado clase con él.
-Buenas tardes - saludé entrando a la clase.
-Siéntese señorita Evans - habló con cautela - qué bonita va hoy.
Agaché la cabeza mientras iba hacia la primera fila y me sentaba en una de las sillas, totalmente sonrojada por su cumplido. En un momento a solas, estaría saltando de alegría como una estúpida, pero debía controlarme, o al menos lo que quedaba de hora.
-Gra-gra-gra-gra-cias - tartamudeé.
Oh dios mío, había parecido tonta. Por parte de él solo se escuchó una leve risa.
Estuvimos utilizando la tabla periódica durante toda la clase. Lamentablemente, no hubo acercamientos por parte de él, algo que me fastidió bastante.
Al finalizar la clase, me levanté de mi asiento y guardé mis cosas mientras él hacía lo mismo. Al terminar, me giré hacia él y este se dirigió hacia mí, solo un par de centímetros separaban nuestros cuerpos.
Alcé mi cabeza para poder mirarle, ya que me superaba en cuanto altura.
-Prométeme que estudiarás - exigió.
Asentí mientras mi mirada viajaba de sus ojos hacia su boca, provocando más cercanía entre nuestros rostros. Un poco más...
Unos toques a la puerta nos hicieron separarnos rápidamente. Se asomó la cara de la profesora de educación física, genial. La meteré en la lista de gente a la que tengo que fastidiar.
-Sr. Smith, le están esperando abajo - habló con su voz áspera.
-Oh sí, claro, dígales que ahora bajo.
La profesora asintió y cerró la puerta. No me atreví a conectar su mirada con la mía, así que me detuve a mirar al suelo.
-Yo...yo... me esperan en casa, nos vemos mañana - dije prácticamente saliendo de clase corriendo.
-No corra mucho, no vaya a ser que se le vuelva a levantar la falda. Hasta mañana mi preciosa alumna.
Salí lo más rápido de clase. ¿Se me había levantado la falda? No era muy usual en mí llevar pero claro, si tengo que ver a Charlie pues... hago lo que sea para parecer atractiva, espera un momento, ¡se me había levantado la falda!. Mis mejillas cogieron un color carmín rápidamente, qué verguenza dios.
Por otra parte, prometo que mataré a la profesora de educación física por interrumpir ese momento tan... íntimo, en el que estaba a punto de besarle por primera vez.
Él no pareció nervioso al ver que casi la señora Green nos pilla, ¡que va!, Charlie seguía tan tranquilo como siempre, a veces quiero saber su secreto para permanecer tan tranquilo a pesar de que cosas tan locas, como lo que estaba a punto de pasar, ocurrieran a su alrededor, seguir igual de calmado como si nada.
Escuché una musiquita proveniente de mi bolso, mi móvil. Lo saqué y miré el nuevo mensaje de Jake que me había mandado.
"Sidney, necesito que estés en el parque a las séis en punto. Debemos hablar, es importante"
Capítulo 7 - Una tarde con té y de más [Parte 1]
Logan ya había preparado todo para el té que Aurora Green y mi padre
iban a tomar. ¡Incluso este último se había vestido más formal de lo que
solía ir siempre!, si que le debía gustar esa chica.
Como amaría que mi madre estuviera aquí ahora, conmigo, sin tener que soportar que otra mujer esté tomando el té con mi padre.
De pronto, sonó el timbre, haciéndome volver a la vida real y alejarme de mis pensamientos. Logan se me adelantó y abrió antes de que lo pudiera hacer yo.
-Bienvenida - oí a Logan.
Quedé parada en medio del pasillo observando su cuerpo y cara. Era bastante guapa, tenía los ojos verdes y el cabello castaño con ondulaciones al final, también tenía un cutis precioso. Estaba bastante delgada y era alta, pero no más que mi padre. Que fuera guapa, no quitaría la posibilidad de que fuera una bruja de persona, aunque espero que no lo sea, pero sus gestos apuntan lo contrario.
Aurora le dedicó una cálida sonrisa a Logan, y esta penúltima vino alegremente hacia mí y me abrazó como si me conociera de toda la vida, extraño.
-Tú debes ser la pequeña Evans ¿No es así? - habló la castaña, yo solamente asentí - Rob me habló mucho de ti.
¿Mi padre le había hablado de mí? ¿Por qué? Yo solamente sonreí por su última frase antes de que mi padre empezara a caminar hacia nosotras, con intención de saludar a la invitada.
-Sra. Green - saludó mi padre agarrando la mano de la susodicha y besándola con delicadeza - es un placer que esté aquí.
-Por favor, llámame Aurora - sonrió esta con una risita estúpida.
-Lo que usted prefiera, Aurora - ambos sonrieron.
Oh dios, si creo que estoy un rato más aquí, vomitaré encima de sus zapatos, y nadie quiere eso ¿verdad?.
-Si me necesitáis estaré en mi cuarto.
Dicho esto, a paso rápido subí las escaleras y me dirigí hacia mi habitación, antes de que pudieran reclamarme.
Saqué los libros de filosofía para hacer los deberes que nuestro aburrido profesor había puesto para mañana. Me senté en la mesa de escritorio, abrí el libro por la página correspondiente y empecé a leer.
Genial, no entiendo nada, pero aún así los haré de cualquier manera para que sepa que al menos los hice.
Media hora después terminé todos mis deberes y me encaminé hacia la planta baja, esperando a que la señora Aurora Green ya se hubiera marchado, cosa que dudaba. Sigilosamente me dirigí hacia el comedor y me asomé un poco y así era, seguían ahí conversando animádamente juntos.
Una mano se posó en mi cintura y la otra en mi boca, impidiéndome gritar del susto.
-No los molestes - susurró a mi oído, claramente era Logan.
Me giré rápidamente. Tan solo un par de centímetros separaban nuestros rostros.
-Oh, claro, sí - balbuceé.
Me alejé de él, ojalá hubiera sido Charlie. Suspiré cansada y fui hacia la habitación de Logan, sin nada que hacer, este me siguió, yo me tumbé en su cama bocarriba. Su dormitorio estaba pegado al salón, donde estaban los adultos felices. Se podía oír la risa exagerada y falsa de Aurora cuando mi padre estaba contando seguramente alguna de sus anécdotas, que a mí sinceramente me aburrían.
Logan cerró la puerta de su habitación y se tumbó a mi lado, también bocarriba. Disimuladamente le miré, estaba concentrado mirando el techo, seguramente pensaría en algo en concreto. Hice lo mismo que él.
En su dormitorio reinaba el silencio, pero para nada incómodo, era como relajante.
-¿Ves? - empezó él girándose hacia mí - no están haciendo nada.
-Eso es lo que tú te crees Logan - respondí girándome hacia él también y sonriéndole.
-Siempre podemos ir a mirar para asegurarnos - propuso.
Susurré un sí. Sinceramente, no me apetecía levantarme, salir de la habitación y asomarme disimuladamente, después volver y tumbarme de nuevo, era demasiado trabajo, llámenme vaga pero después de hacer media hora seguida de deberes, lo único que quería era descansar.
Por parte, ahora desearía estar en la clase particular con Charlie, pero también me apetecía quedarme aquí acostada. Cerré los ojos, dispuesta a dormirme.
-¿Soy yo o se ha oído un gemido de mujer? - dijo él interrumpiendo mi sueño.
-Eres tú - dije sin más.
No había oído nada, no se escuchaba nada. Volví a cerrar los ojos. Las estúpidas risas de esa señora habían cesado y ahora se oía solamente un ¿gemido? ¿Qué leches? Se había oído muy cerca.
-No soy yo - respondió Logan.
-Cierto, no eres tú.
Me levanté y me dirigí hacia la puerta, dicidida para salir a mirar qué estaba pasando con ese par de adultos sin control, ¿les parece adecuado hacer eso en una casa con dos personas más al lado?. Oí las carcajadas de Logan detrás de mí, antes de que yo saliera, así que me giré en su dirección.
-¿Qué pasa? - cuestioné aturdida.
Él negó con la cabeza y siguió riendo. Arqueé la ceja y salí de su habitación.
Sigilosamente, me asomé. No había ropa por el suelo ni nada por el estilo, la puerta estaba abierta y ellos dos estaban tranquilamente viendo una película que daban en la tele, no entiendo nada. O es que saben vestirse increíblemente rápido o, no sé que pensar más.
Volví a su habitación, donde él seguía tumbado, sin seguir carcajeándose.
-No están haciendo nada más raro de lo normal, tan solo miran una película - hablé cerrando la puerta detrás de mí.
-Ya lo sé - me contestó girándose hacia mí - hay que ver lo ingenua que eres, esos ruidos los hice yo - se le escapó una pequeña risa.
O sea, me había hecho levantarme para nada. ¿Esos gemidos los había hecho él? Sí, ya sé que es repetir lo que dijo pero, parecían de mujer.
-Pues déjame decirte que parecías una mujer - sonreí volviéndome a tumbar a su lado y girándome hacia su dirección.
-¿Cómo quieres que me lo tome, como un cumplido o un comentario ofensivo?
-Me gusta más lo segundo - reí.
-Gracias, yo también te quiero - se hizo el ofendido girándose él también hacia mí, conectándo nuestras miradas.
-No me quieres, me amas - le rectifiqué divertida.
Ambos sonreímos, todavía manteníamos nuestras miradas conectadas. El silencio volvía a ser dueño de su habitación y una poca distancia nos separaba los rostros.
Como amaría que mi madre estuviera aquí ahora, conmigo, sin tener que soportar que otra mujer esté tomando el té con mi padre.
De pronto, sonó el timbre, haciéndome volver a la vida real y alejarme de mis pensamientos. Logan se me adelantó y abrió antes de que lo pudiera hacer yo.
-Bienvenida - oí a Logan.
Quedé parada en medio del pasillo observando su cuerpo y cara. Era bastante guapa, tenía los ojos verdes y el cabello castaño con ondulaciones al final, también tenía un cutis precioso. Estaba bastante delgada y era alta, pero no más que mi padre. Que fuera guapa, no quitaría la posibilidad de que fuera una bruja de persona, aunque espero que no lo sea, pero sus gestos apuntan lo contrario.
Aurora le dedicó una cálida sonrisa a Logan, y esta penúltima vino alegremente hacia mí y me abrazó como si me conociera de toda la vida, extraño.
-Tú debes ser la pequeña Evans ¿No es así? - habló la castaña, yo solamente asentí - Rob me habló mucho de ti.
¿Mi padre le había hablado de mí? ¿Por qué? Yo solamente sonreí por su última frase antes de que mi padre empezara a caminar hacia nosotras, con intención de saludar a la invitada.
-Sra. Green - saludó mi padre agarrando la mano de la susodicha y besándola con delicadeza - es un placer que esté aquí.
-Por favor, llámame Aurora - sonrió esta con una risita estúpida.
-Lo que usted prefiera, Aurora - ambos sonrieron.
Oh dios, si creo que estoy un rato más aquí, vomitaré encima de sus zapatos, y nadie quiere eso ¿verdad?.
-Si me necesitáis estaré en mi cuarto.
Dicho esto, a paso rápido subí las escaleras y me dirigí hacia mi habitación, antes de que pudieran reclamarme.
Saqué los libros de filosofía para hacer los deberes que nuestro aburrido profesor había puesto para mañana. Me senté en la mesa de escritorio, abrí el libro por la página correspondiente y empecé a leer.
Genial, no entiendo nada, pero aún así los haré de cualquier manera para que sepa que al menos los hice.
Media hora después terminé todos mis deberes y me encaminé hacia la planta baja, esperando a que la señora Aurora Green ya se hubiera marchado, cosa que dudaba. Sigilosamente me dirigí hacia el comedor y me asomé un poco y así era, seguían ahí conversando animádamente juntos.
Una mano se posó en mi cintura y la otra en mi boca, impidiéndome gritar del susto.
-No los molestes - susurró a mi oído, claramente era Logan.
Me giré rápidamente. Tan solo un par de centímetros separaban nuestros rostros.
-Oh, claro, sí - balbuceé.
Me alejé de él, ojalá hubiera sido Charlie. Suspiré cansada y fui hacia la habitación de Logan, sin nada que hacer, este me siguió, yo me tumbé en su cama bocarriba. Su dormitorio estaba pegado al salón, donde estaban los adultos felices. Se podía oír la risa exagerada y falsa de Aurora cuando mi padre estaba contando seguramente alguna de sus anécdotas, que a mí sinceramente me aburrían.
Logan cerró la puerta de su habitación y se tumbó a mi lado, también bocarriba. Disimuladamente le miré, estaba concentrado mirando el techo, seguramente pensaría en algo en concreto. Hice lo mismo que él.
En su dormitorio reinaba el silencio, pero para nada incómodo, era como relajante.
-¿Ves? - empezó él girándose hacia mí - no están haciendo nada.
-Eso es lo que tú te crees Logan - respondí girándome hacia él también y sonriéndole.
-Siempre podemos ir a mirar para asegurarnos - propuso.
Susurré un sí. Sinceramente, no me apetecía levantarme, salir de la habitación y asomarme disimuladamente, después volver y tumbarme de nuevo, era demasiado trabajo, llámenme vaga pero después de hacer media hora seguida de deberes, lo único que quería era descansar.
Por parte, ahora desearía estar en la clase particular con Charlie, pero también me apetecía quedarme aquí acostada. Cerré los ojos, dispuesta a dormirme.
-¿Soy yo o se ha oído un gemido de mujer? - dijo él interrumpiendo mi sueño.
-Eres tú - dije sin más.
No había oído nada, no se escuchaba nada. Volví a cerrar los ojos. Las estúpidas risas de esa señora habían cesado y ahora se oía solamente un ¿gemido? ¿Qué leches? Se había oído muy cerca.
-No soy yo - respondió Logan.
-Cierto, no eres tú.
Me levanté y me dirigí hacia la puerta, dicidida para salir a mirar qué estaba pasando con ese par de adultos sin control, ¿les parece adecuado hacer eso en una casa con dos personas más al lado?. Oí las carcajadas de Logan detrás de mí, antes de que yo saliera, así que me giré en su dirección.
-¿Qué pasa? - cuestioné aturdida.
Él negó con la cabeza y siguió riendo. Arqueé la ceja y salí de su habitación.
Sigilosamente, me asomé. No había ropa por el suelo ni nada por el estilo, la puerta estaba abierta y ellos dos estaban tranquilamente viendo una película que daban en la tele, no entiendo nada. O es que saben vestirse increíblemente rápido o, no sé que pensar más.
Volví a su habitación, donde él seguía tumbado, sin seguir carcajeándose.
-No están haciendo nada más raro de lo normal, tan solo miran una película - hablé cerrando la puerta detrás de mí.
-Ya lo sé - me contestó girándose hacia mí - hay que ver lo ingenua que eres, esos ruidos los hice yo - se le escapó una pequeña risa.
O sea, me había hecho levantarme para nada. ¿Esos gemidos los había hecho él? Sí, ya sé que es repetir lo que dijo pero, parecían de mujer.
-Pues déjame decirte que parecías una mujer - sonreí volviéndome a tumbar a su lado y girándome hacia su dirección.
-¿Cómo quieres que me lo tome, como un cumplido o un comentario ofensivo?
-Me gusta más lo segundo - reí.
-Gracias, yo también te quiero - se hizo el ofendido girándose él también hacia mí, conectándo nuestras miradas.
-No me quieres, me amas - le rectifiqué divertida.
Ambos sonreímos, todavía manteníamos nuestras miradas conectadas. El silencio volvía a ser dueño de su habitación y una poca distancia nos separaba los rostros.
Capítulo 6 - Siempre iremos un paso por delante.
-Prometo que no volverá a ocurrir señora directora - dije intentando demostrar arrepentimiento, algo muy lejano a lo que sentía.
-Puede irse ya, señorita Evans - ordenó la señora Kanavagh, mi directora.
Me levanté de mi asiento y salí del despacho. ¿Que qué había pasado? Mi idea de dejar a Ámber en ridículo, fue perfecta, menos en el final, ya que me pillaron.
Cuando nos dieron un minuto para descansar de tanto correr, me coloqué al lado de la pijita castaña con mi botella de agua. Cuando ella estaba de espaldas bebiendo también, dejé caer unas gotas en sus pantalones, para intentar mostrar que se había orinado encima. Después de este suceso, me alejé de ella. Cuando volvimos a correr, un compañero mío nos alarmó de que Ámber se había meado, provocando así risas por parte de la clase menos de Ámber Grew, ya que esta se hallaba completamente roja, tanto de enfado como de vergüenza. Poco después de este suceso, otro compañero me delató, ya que me había visto. Y este es el por qué de que tuve que estar más de diez minutos asintiéndole a la directora mientras ella me charlaba sobre lo que había dicho; que estaba mal, y que no se qué y que no se cuantos.
Francamente, no la escuchaba mucho, ¡No había hecho nada tan malo!, pero claro, como estaba en educación física, la profesora amargada, a la mínima te lleva a dirección.
Nada más salir, me abrí paso entre los cientos de estudiantes que circulaban por los pasillos, ya que había tocado el timbre. Me dirigí hacia mi siguiente clase: filosofía, genial. Además de que la filosofía era algo aburrida, o al menos para mí, ¡encima el profesor era más que aburrido!. Suele hacer unas bromas que nadie se ríe, y parece idiota carcajeándose de chistes malos que no dan ni pizca de gracia.
Una clase de filosofía aburrida + el profesor de filosofía más aburrido del mundo = Clase complétamente aburrida.
Y ahí me dirigía, a aguantarle una vez más por esta semana. A oírle hablar de su vida de nuevo.
Tras la hermosa hora de filosofía, nótese el sarcasmo, por fin era el recreo. Como siempre, Jake me esperaba en mi taquilla, para después ir juntos a comprar el bocadillo.
-Odio al profesor de filosofía - refunfuñé al llegar a su lado.
-¿Y quién no? Lo único que sabe es contar su vida y mandarnos toda la página llena de ejercicios, ¡No explica nada! - dijo mi mejor amigo, gritando esto último.
Cogí los libros para mis tres últimas clases, ya que hoy era miércoles y salía a las dos, una hora más que los que hacían E.S.O. Jake y yo nos dirigimos hacia el bar, donde había tres alumnos por delante de nosotros, así que nos pusimos en la cola, a esperar nuestro turno.
-Yo creo que necesitas dinero para comprarte un bocadillo - susurró una voz conocida en mi oído.
Me giré rápidamente, para ver al popular de Lucas White, más conocido como la lapa insoportable. ¿Acaso no podía dejarme? Entiendo que esté enamorado de mí, o que al menos sienta algo pero, esto para mí ya era demasiado.
-Ya lo sé, ¿Con qué crees si no que lo pagaría? - espeté, rebuscando en mi mochila medio abierta para buscar mi estúpida cartera que no estaba por ningún lado.
Un momento, había mencionado lo de mi mochila medio abierta. ¡Medio abierta! ¡Esa lapa me la había robado, y no me di cuenta! Genial, además de una lapa insoportable, también robaba carteras.
-Ya me la estás dando - me dirigí hacia Lucas, moviéndome hacia delante, ya que habíamos avanzado un paso más en la cola.
Uno de los amigos de Lucas, le dio mi cartera y él la alzó como victoria. Me lancé para intentar cogerla, pero me fue imposible.
-No tan rápido, fiera - habló el robador de carteras - primero quiero algo.
-¿Qué quieres? - respondí alzando una ceja.
-Una cita contigo, este viernes.
Vi como había bajado la cartera, ahora estaba completamente a mi altura, perfecta para cogerla.
-Primero dale la cartera - exigió firme mi mejor amigo, que estaba quieto a mi lado, contemplando esa escena.
Él me la tendió y yo la cogí rápidamente.
-Sigue soñando con lo de esa cita - le guiñé el ojo y me volví hacia delante, avanzando un paso más, con la maleta en mis manos, para no perderla la vista.
-Pero... pero... - balbuceó.
-Siempre iremos un paso por delante, mi querida lapa - le dije solamente girando la cabeza y chocándole los cinco a Jake.
-¿Qué fue lo último que dijiste?
Jake rió por lo bajo y empezó a pedir, ya que era nuestro turno. Yo pasé completamente de responderle y pedí al igual que el rubio de mi mejor amigo.
Gracias a dios, no hubo más apariciones de Lucas durante el resto de recreo, así que pude merendar sin tener que hartarme por ver su preciosa carita según las otras chicas de mi clase, que estaban perdídamente coladitas por él, ¿cómo alguien podía enamorarse de él? El amor es ciego, ¡pero no tanto!
***
Llegué sola a casa, ya que Jake tenía que llegar pronto a la suya, por motivos que no quiso decirme.
-¡Ya estoy en casa! - grité, como la mayoría de días que llegaba del instituto.
Tragué saliva al ver a Logan salir de su habitación, con la misma vestimenta que esta mañana, se veía bastante sexy a decir verdad, pero Charlie se vería 10 veces más, o al menos en mi opinión. Él rápidamente me abrazó y besó mi frente.
-¿Cómo te fue el instituto mi querida Sid? - se carcajeó él, al llamarme por un apodo que claramente odiaba.
-Sidney - le corregí mientras le fulminaba con la mirada - me fue bastante bien - sonreí, hoy no lo había hecho mucho - ahora bajo.
Él solamente asintió y se apartó para que pudiera ascender las escaleras e ir a mi cuarto, y así hice. Al salir de mi habitación, fui al despacho de mi padre, me senté en una de las sillas al lado de su escritorio y esperé a que acabara su llamada.
-Claro... hasta esta tarde... - sonrió inevitablemente - yo también te quiero preciosa - dicho esto último colgó.
Espera un momento, ¿Preciosa? ¿Mi padre le acaba de decir a alguien preciosa?
-¿Quién era? - pregunté curiosa.
-Aurora Green - dijo emocionado mi padre - ¡Hoy viene a tomar el té!
-Y esa es...
-¿Recuerdas la chica que te mencioné que contratamos? Pues esa es. Hoy haremos una cosa juntos - le miré demasiado sorprendida ¿una cosa juntos? - sobre nuestro trabajo. Ella tiene unas ideas para conseguir que nuestro negocio sea más famoso de lo que es. Vendrá a la hora que tú tienes clase con Charlie.
Asentí. Seguramente no era solo por el trabajo y las ideas de la supuesta Aurora, estoy segurísima que hay algo más. Me levanté de la silla y le miré.
-Hoy no tengo clase, debido a que es la sesión de evaluación y Charlie debe estar.
-Oh... - dijo algo triste al parecer.
¿Qué quería deshacerse de mí? ¡Quería deshacerse de mí para liarse a la maldita esa de Aurora!
-Tranquilo, me encerraré en mi cuarto o estaré con Logan - sinceramente, lo segundo sonaba más apetecible. Me dirigí hacia la puerta y la abrí, antes de cerrarla, dirigí mi mirada hacia mi padre - por cierto, no te imagino a ti tomando el té, seguro que no sabes ni tomarlo - finalicé un poco mosqueada y cerré la puerta.
Bajé a la cocina, donde estaba Logan haciendo los platos. Entré enfadada.
-¿¡Te lo puedes creer Logan!? - dije cerrando la puerta de la cocina - ¡Mi padre! ¡Mi propio padre quiere deshacerse de mí esta tarde para estar con una tal Aurora que no conoce de nada! ¡Que se conocen de solo un día!
-Creo que exageras demasiado Sidney - me tranquilizó Logan, poniendo macarrones en uno de los platos - alégrate por tu padre. Esa tal Aurora solo vendrá a tomar el té y se irá. Por cierto ¿hoy no tenías clase por la tarde?
Yo negué con la cabeza. Intenté tranquilizarme, tras un par de minutos, conseguí lograrlo.
-Yo seguiré pensando que va a pasar algo más, no solamente tomarán el té - intervine, ayudando a Logan a llevar los platos al comedor.
-Estás equivocada.
-Lo dudo.
-Puede irse ya, señorita Evans - ordenó la señora Kanavagh, mi directora.
Me levanté de mi asiento y salí del despacho. ¿Que qué había pasado? Mi idea de dejar a Ámber en ridículo, fue perfecta, menos en el final, ya que me pillaron.
Cuando nos dieron un minuto para descansar de tanto correr, me coloqué al lado de la pijita castaña con mi botella de agua. Cuando ella estaba de espaldas bebiendo también, dejé caer unas gotas en sus pantalones, para intentar mostrar que se había orinado encima. Después de este suceso, me alejé de ella. Cuando volvimos a correr, un compañero mío nos alarmó de que Ámber se había meado, provocando así risas por parte de la clase menos de Ámber Grew, ya que esta se hallaba completamente roja, tanto de enfado como de vergüenza. Poco después de este suceso, otro compañero me delató, ya que me había visto. Y este es el por qué de que tuve que estar más de diez minutos asintiéndole a la directora mientras ella me charlaba sobre lo que había dicho; que estaba mal, y que no se qué y que no se cuantos.
Francamente, no la escuchaba mucho, ¡No había hecho nada tan malo!, pero claro, como estaba en educación física, la profesora amargada, a la mínima te lleva a dirección.
Nada más salir, me abrí paso entre los cientos de estudiantes que circulaban por los pasillos, ya que había tocado el timbre. Me dirigí hacia mi siguiente clase: filosofía, genial. Además de que la filosofía era algo aburrida, o al menos para mí, ¡encima el profesor era más que aburrido!. Suele hacer unas bromas que nadie se ríe, y parece idiota carcajeándose de chistes malos que no dan ni pizca de gracia.
Una clase de filosofía aburrida + el profesor de filosofía más aburrido del mundo = Clase complétamente aburrida.
Y ahí me dirigía, a aguantarle una vez más por esta semana. A oírle hablar de su vida de nuevo.
Tras la hermosa hora de filosofía, nótese el sarcasmo, por fin era el recreo. Como siempre, Jake me esperaba en mi taquilla, para después ir juntos a comprar el bocadillo.
-Odio al profesor de filosofía - refunfuñé al llegar a su lado.
-¿Y quién no? Lo único que sabe es contar su vida y mandarnos toda la página llena de ejercicios, ¡No explica nada! - dijo mi mejor amigo, gritando esto último.
Cogí los libros para mis tres últimas clases, ya que hoy era miércoles y salía a las dos, una hora más que los que hacían E.S.O. Jake y yo nos dirigimos hacia el bar, donde había tres alumnos por delante de nosotros, así que nos pusimos en la cola, a esperar nuestro turno.
-Yo creo que necesitas dinero para comprarte un bocadillo - susurró una voz conocida en mi oído.
Me giré rápidamente, para ver al popular de Lucas White, más conocido como la lapa insoportable. ¿Acaso no podía dejarme? Entiendo que esté enamorado de mí, o que al menos sienta algo pero, esto para mí ya era demasiado.
-Ya lo sé, ¿Con qué crees si no que lo pagaría? - espeté, rebuscando en mi mochila medio abierta para buscar mi estúpida cartera que no estaba por ningún lado.
Un momento, había mencionado lo de mi mochila medio abierta. ¡Medio abierta! ¡Esa lapa me la había robado, y no me di cuenta! Genial, además de una lapa insoportable, también robaba carteras.
-Ya me la estás dando - me dirigí hacia Lucas, moviéndome hacia delante, ya que habíamos avanzado un paso más en la cola.
Uno de los amigos de Lucas, le dio mi cartera y él la alzó como victoria. Me lancé para intentar cogerla, pero me fue imposible.
-No tan rápido, fiera - habló el robador de carteras - primero quiero algo.
-¿Qué quieres? - respondí alzando una ceja.
-Una cita contigo, este viernes.
Vi como había bajado la cartera, ahora estaba completamente a mi altura, perfecta para cogerla.
-Primero dale la cartera - exigió firme mi mejor amigo, que estaba quieto a mi lado, contemplando esa escena.
Él me la tendió y yo la cogí rápidamente.
-Sigue soñando con lo de esa cita - le guiñé el ojo y me volví hacia delante, avanzando un paso más, con la maleta en mis manos, para no perderla la vista.
-Pero... pero... - balbuceó.
-Siempre iremos un paso por delante, mi querida lapa - le dije solamente girando la cabeza y chocándole los cinco a Jake.
-¿Qué fue lo último que dijiste?
Jake rió por lo bajo y empezó a pedir, ya que era nuestro turno. Yo pasé completamente de responderle y pedí al igual que el rubio de mi mejor amigo.
Gracias a dios, no hubo más apariciones de Lucas durante el resto de recreo, así que pude merendar sin tener que hartarme por ver su preciosa carita según las otras chicas de mi clase, que estaban perdídamente coladitas por él, ¿cómo alguien podía enamorarse de él? El amor es ciego, ¡pero no tanto!
***
Llegué sola a casa, ya que Jake tenía que llegar pronto a la suya, por motivos que no quiso decirme.
-¡Ya estoy en casa! - grité, como la mayoría de días que llegaba del instituto.
Tragué saliva al ver a Logan salir de su habitación, con la misma vestimenta que esta mañana, se veía bastante sexy a decir verdad, pero Charlie se vería 10 veces más, o al menos en mi opinión. Él rápidamente me abrazó y besó mi frente.
-¿Cómo te fue el instituto mi querida Sid? - se carcajeó él, al llamarme por un apodo que claramente odiaba.
-Sidney - le corregí mientras le fulminaba con la mirada - me fue bastante bien - sonreí, hoy no lo había hecho mucho - ahora bajo.
Él solamente asintió y se apartó para que pudiera ascender las escaleras e ir a mi cuarto, y así hice. Al salir de mi habitación, fui al despacho de mi padre, me senté en una de las sillas al lado de su escritorio y esperé a que acabara su llamada.
-Claro... hasta esta tarde... - sonrió inevitablemente - yo también te quiero preciosa - dicho esto último colgó.
Espera un momento, ¿Preciosa? ¿Mi padre le acaba de decir a alguien preciosa?
-¿Quién era? - pregunté curiosa.
-Aurora Green - dijo emocionado mi padre - ¡Hoy viene a tomar el té!
-Y esa es...
-¿Recuerdas la chica que te mencioné que contratamos? Pues esa es. Hoy haremos una cosa juntos - le miré demasiado sorprendida ¿una cosa juntos? - sobre nuestro trabajo. Ella tiene unas ideas para conseguir que nuestro negocio sea más famoso de lo que es. Vendrá a la hora que tú tienes clase con Charlie.
Asentí. Seguramente no era solo por el trabajo y las ideas de la supuesta Aurora, estoy segurísima que hay algo más. Me levanté de la silla y le miré.
-Hoy no tengo clase, debido a que es la sesión de evaluación y Charlie debe estar.
-Oh... - dijo algo triste al parecer.
¿Qué quería deshacerse de mí? ¡Quería deshacerse de mí para liarse a la maldita esa de Aurora!
-Tranquilo, me encerraré en mi cuarto o estaré con Logan - sinceramente, lo segundo sonaba más apetecible. Me dirigí hacia la puerta y la abrí, antes de cerrarla, dirigí mi mirada hacia mi padre - por cierto, no te imagino a ti tomando el té, seguro que no sabes ni tomarlo - finalicé un poco mosqueada y cerré la puerta.
Bajé a la cocina, donde estaba Logan haciendo los platos. Entré enfadada.
-¿¡Te lo puedes creer Logan!? - dije cerrando la puerta de la cocina - ¡Mi padre! ¡Mi propio padre quiere deshacerse de mí esta tarde para estar con una tal Aurora que no conoce de nada! ¡Que se conocen de solo un día!
-Creo que exageras demasiado Sidney - me tranquilizó Logan, poniendo macarrones en uno de los platos - alégrate por tu padre. Esa tal Aurora solo vendrá a tomar el té y se irá. Por cierto ¿hoy no tenías clase por la tarde?
Yo negué con la cabeza. Intenté tranquilizarme, tras un par de minutos, conseguí lograrlo.
-Yo seguiré pensando que va a pasar algo más, no solamente tomarán el té - intervine, ayudando a Logan a llevar los platos al comedor.
-Estás equivocada.
-Lo dudo.
Capítulo 5 - Una lapa insoportable.
Desayuné y fui a vestirme. Poco después de eso, recibí una llamada de Jake que fue cortada rápidamente, ya había llegado.
Me despedí de mi padre, que estaba en el despacho, y después de Logan. Solamente le musité un simple adiós, ya que seguía algo rara gracias a ese sueño. Salí de casa prácticamente corriendo para abrazar fuertemente a Jake.
Él pasó su brazo por mis hombros y fuimos caminando hacia el instituto, hablando de todas las tonterías posibles antes de llegar.
Al pasar la puerta para entrar al instituto, me acompañó a mi taquilla. Al coger los libros de las próximas clases, el grupo de Lucas White se dirigió a nosotros. Yo sostenía mis libros entre mis manos, apretándolos contra mi estómago.
-Qué bombón tienes a tu lado, esto... - habló Lucas.
-Jake - dijo mi mejor amigo, algo apenado. ¿Apenado? ¿Por qué? ¿Por no saberse su nombre? ¡Si a penas Lucas se sabrá el mío!
Yo rodé los ojos.
-Vámonos a clase, Jake - le dije. No tenía ganas de estar con los populares.
Dicho esto, me fui sin decirle adiós a Lucas. No le soportaba, era una lapa insoportable. Entré en clase de química, al menos eso me alegraba el día. Iba a sentarme delante del todo, justo en medio como hacía en cada clase, pero una cabellera castaña lo había hecho primero.
-Ahí voy yo, Ámber - refunfuñé.
Ella negó sonriente. Maldita pija.
-Quítate - la ordené.
Ella volvió a negar. Yo bufé y me senté un asiento más atrás. ¿Por qué una chica tan pija tenía la capacidad de ser tan inteligente y poder apuntarse al bachiller científico? Hablando de ella, Ámber se giró, justamente. Posó su mirada en mí.
-¿Por qué quieres sentarte aquí? - preguntó con su típica voz chillona.
Quiero contemplar mejor esos preciosos ojos azules de nuestro hermoso profesor y tenerlo más cerca de mí.
-Así atiendo mejor - me excusé.
-Será eso - dijo esto, lució una pequeña sonrisa falsa y se volvió a girar, al ver entrar a nuestro profe, Charlie Smith.
Nuestro hermoso profesor dejó sus libros en la mesa y empezó con una nueva lección. De vez en cuando él me miraba. Notaba cómo me sonrojaba cuando notaba que sonreía en medio de su explicación cuando posaba su mirada en mí.
-Y para finalizar la clase - explicó - os entregaré los trabajos que hicisteis la semana pasada, mientras os voy llamando, haced los ejercicios que apuntaré en la pizarra.
Oh no, ese trabajo. Lo odié demasiado, más que a la lapa insoportable. Al fin y al cabo, el trabajo no quedó tan mal. Empezó a llamarnos uno por uno. Yo fui la primera. Me levanté tímidamente, me dio el trabajo y volví a sentarme. ¿Un ocho de mi trabajo? ¡Un ocho de mi trabajo! Me sentí feliz pero, esa felicidad se me esfumó de un momento a otro, al ver cómo la castaña de Ámber se acercaba movimiendo sus caderas hacia Charlie. Esta se paró delante de él, apoyó sus codos sobre la mesa de mi joven profesor y también puso el culo en pompa, dejando ver parte de sus pechos, gracias al escote. El Sr. Smith, no pareció en molestarle en absoluto, él solamente le daba la enhorabuena por uno de los mejores trabajos de la clase. Mis dientes se tensaron y las ganas de matarla y estrangularla en medio de clase también.
Sidney, tranquilízate...
Todo volvió a su normalidad cuando ella se sentó de nuevo en su asiento, delante mía. Intentando ser lo más disimulada posible, enredé mis piernas en las patas de su silla. Sonreí maliciosamente. Hice fuerza para subir un poco las patas traseras de su asiento para hacer que perdiese su equilibro y cayera. Así hice. Ámber no tuvo tiempo de reaccionar y cayó de la silla. Yo retiré mis piernas rápidamente y me uní a las risas que había provocado su golpe.
-¿Qué ha pasado? - cuestionó Charlie a todos nosotros.
-Ámber se cayó de la silla - habló uno de mis compañeros.
-Es usted muy listo, Stewart - le respondió mi profesor - ¿Ahora alguien puede explicarme que ha pasado?
Todos nos miramos entre nosotros. Yo miré a Jake, que estaba justo detrás mía. Noté como contenía su risa, él me había visto. Me guiñó el ojo, aunque Ámber no hubiera mostrado sus senos al profesor, igualmente me caía mal desde el día que entró a clase.
-Yo solo sé que se ha como tumbado la silla y me he caído. ¡Alguien la ha tumbado! - dijo Ámber, quién se estaba levantando de su caída, posando sus manos en sus nalgas doloridas.
-Ámber, no nos responsabilices a nosotros, no tenemos la culpa de que seas tan torpe - añadí a la conversación.
-Ni yo la culpa de que tu madre desapareciera hace cuatro años - contraatacó.
-Basta ya - habló una firme voz de Charlie - hagan los ejercicios que apunté en la pizarra.
Una lágrima rebelde nació de mis ojos, la aparté rápidamente. Mi autoestima bajó al oír lo que dijo Ámber para contraatacar y no quedar mal delante de todos los de la clase. En silencio, todos hicimos los ejercicios que el Sr. Smith mandó y estuvimos callados hasta que tocó el timbre para la siguiente clase. Me levanté la última de mi asiento, Jake fue el primero en salir. Guardé mis cosas con el autoestima por los suelos y al acabar, me puse mi mochila, dejándola colgar de mi hombro derecho.
-Srta. Evans - me llamó una voz detrás de mí, mientras estaba a punto de salir.
Me giré y me encontré con un par de ojos azul mar que me miraron con preocupación.
-Cierre la puerta y acérquese - prosiguió.
Con algo de temor lo hice. Cerré la puerta y me dirigí hacia uno de los pasillos que creaban las sillas. Me paré justo en frente de él.
-Siento lo de su madre, Amber se pasó un poco con su comentario.
Yo asentí decaída. No había superado del todo la pérdida de mi madre pero, estoy segurísima de que algún día lo haré. No me cabe duda.Noté unos fuertes brazos que envolvían mi cuerpo. ¿Charlie Smith me estaba abrazando? ¡Charlie Smith me estaba abrazando!. Respondí a su abrazo y quedamos así un par de segundos más hasta que él se separó.
-Creí que no te vendría mal un abrazo de alguien, ya que se notó tu tristeza cuando ella te dijo eso - habló con cautela Charlie.
-Gracias - murmuré agradecida.
-No hay de qué - me sonrió. Arght, me había dedicado una sonrisa - Por cierto, como sabe, está a punto de acabar el trimestre, tan solo queda una semana y media para dar paso a semana santa. Me temo a que hoy no podré darle la clase particular, ya que es la sesión de evaluación, prosponemos la clase a mañana jueves. Ah, y dígale a su próximo maestro que fue culpa mía el motivo de tu tardanza.
Asentí, me despedí de él agitando mi mano y salí de clase. Un miércoles por la tarde libre. Hoy no le vería más pero bueno, ese abrazo fue mejor que una clase. Sonreí al recordar nuestro abrazo, fue tan... ¿bonito? ¿agradable? y muchos adjetivos más.
Me moví rápidamente por los pasillos, bajé las escaleras y llegué a gimnasia.
-Siento mi retraso señora Green. El Sr. Smith tuvo que hablar conmigo cinco minutos.
Me miró con recelo. Las arrugas de mi mayor profesora de gimnasia se acumulaban entre sí, más su cara de amargada, formaban un rostro terrorífico. Cuánto la odiaba.
-Esa no es excusa, ahora póngase a correr al igual que sus otros compañeros - exigió con su cavernosa voz.
Bufé cuando ella se giró.
-No vuelvas a hacer eso - habló.
Rápidamente dejé mis cosas en las gradas del polideportivo y me puse a correr junto a los demás. No aparté la vista de Ámber, la pijita castaña, en educación física quizás le haría otra de las mías.
Me despedí de mi padre, que estaba en el despacho, y después de Logan. Solamente le musité un simple adiós, ya que seguía algo rara gracias a ese sueño. Salí de casa prácticamente corriendo para abrazar fuertemente a Jake.
Él pasó su brazo por mis hombros y fuimos caminando hacia el instituto, hablando de todas las tonterías posibles antes de llegar.
Al pasar la puerta para entrar al instituto, me acompañó a mi taquilla. Al coger los libros de las próximas clases, el grupo de Lucas White se dirigió a nosotros. Yo sostenía mis libros entre mis manos, apretándolos contra mi estómago.
-Qué bombón tienes a tu lado, esto... - habló Lucas.
-Jake - dijo mi mejor amigo, algo apenado. ¿Apenado? ¿Por qué? ¿Por no saberse su nombre? ¡Si a penas Lucas se sabrá el mío!
Yo rodé los ojos.
-Vámonos a clase, Jake - le dije. No tenía ganas de estar con los populares.
Dicho esto, me fui sin decirle adiós a Lucas. No le soportaba, era una lapa insoportable. Entré en clase de química, al menos eso me alegraba el día. Iba a sentarme delante del todo, justo en medio como hacía en cada clase, pero una cabellera castaña lo había hecho primero.
-Ahí voy yo, Ámber - refunfuñé.
Ella negó sonriente. Maldita pija.
-Quítate - la ordené.
Ella volvió a negar. Yo bufé y me senté un asiento más atrás. ¿Por qué una chica tan pija tenía la capacidad de ser tan inteligente y poder apuntarse al bachiller científico? Hablando de ella, Ámber se giró, justamente. Posó su mirada en mí.
-¿Por qué quieres sentarte aquí? - preguntó con su típica voz chillona.
Quiero contemplar mejor esos preciosos ojos azules de nuestro hermoso profesor y tenerlo más cerca de mí.
-Así atiendo mejor - me excusé.
-Será eso - dijo esto, lució una pequeña sonrisa falsa y se volvió a girar, al ver entrar a nuestro profe, Charlie Smith.
Nuestro hermoso profesor dejó sus libros en la mesa y empezó con una nueva lección. De vez en cuando él me miraba. Notaba cómo me sonrojaba cuando notaba que sonreía en medio de su explicación cuando posaba su mirada en mí.
-Y para finalizar la clase - explicó - os entregaré los trabajos que hicisteis la semana pasada, mientras os voy llamando, haced los ejercicios que apuntaré en la pizarra.
Oh no, ese trabajo. Lo odié demasiado, más que a la lapa insoportable. Al fin y al cabo, el trabajo no quedó tan mal. Empezó a llamarnos uno por uno. Yo fui la primera. Me levanté tímidamente, me dio el trabajo y volví a sentarme. ¿Un ocho de mi trabajo? ¡Un ocho de mi trabajo! Me sentí feliz pero, esa felicidad se me esfumó de un momento a otro, al ver cómo la castaña de Ámber se acercaba movimiendo sus caderas hacia Charlie. Esta se paró delante de él, apoyó sus codos sobre la mesa de mi joven profesor y también puso el culo en pompa, dejando ver parte de sus pechos, gracias al escote. El Sr. Smith, no pareció en molestarle en absoluto, él solamente le daba la enhorabuena por uno de los mejores trabajos de la clase. Mis dientes se tensaron y las ganas de matarla y estrangularla en medio de clase también.
Sidney, tranquilízate...
Todo volvió a su normalidad cuando ella se sentó de nuevo en su asiento, delante mía. Intentando ser lo más disimulada posible, enredé mis piernas en las patas de su silla. Sonreí maliciosamente. Hice fuerza para subir un poco las patas traseras de su asiento para hacer que perdiese su equilibro y cayera. Así hice. Ámber no tuvo tiempo de reaccionar y cayó de la silla. Yo retiré mis piernas rápidamente y me uní a las risas que había provocado su golpe.
-¿Qué ha pasado? - cuestionó Charlie a todos nosotros.
-Ámber se cayó de la silla - habló uno de mis compañeros.
-Es usted muy listo, Stewart - le respondió mi profesor - ¿Ahora alguien puede explicarme que ha pasado?
Todos nos miramos entre nosotros. Yo miré a Jake, que estaba justo detrás mía. Noté como contenía su risa, él me había visto. Me guiñó el ojo, aunque Ámber no hubiera mostrado sus senos al profesor, igualmente me caía mal desde el día que entró a clase.
-Yo solo sé que se ha como tumbado la silla y me he caído. ¡Alguien la ha tumbado! - dijo Ámber, quién se estaba levantando de su caída, posando sus manos en sus nalgas doloridas.
-Ámber, no nos responsabilices a nosotros, no tenemos la culpa de que seas tan torpe - añadí a la conversación.
-Ni yo la culpa de que tu madre desapareciera hace cuatro años - contraatacó.
-Basta ya - habló una firme voz de Charlie - hagan los ejercicios que apunté en la pizarra.
Una lágrima rebelde nació de mis ojos, la aparté rápidamente. Mi autoestima bajó al oír lo que dijo Ámber para contraatacar y no quedar mal delante de todos los de la clase. En silencio, todos hicimos los ejercicios que el Sr. Smith mandó y estuvimos callados hasta que tocó el timbre para la siguiente clase. Me levanté la última de mi asiento, Jake fue el primero en salir. Guardé mis cosas con el autoestima por los suelos y al acabar, me puse mi mochila, dejándola colgar de mi hombro derecho.
-Srta. Evans - me llamó una voz detrás de mí, mientras estaba a punto de salir.
Me giré y me encontré con un par de ojos azul mar que me miraron con preocupación.
-Cierre la puerta y acérquese - prosiguió.
Con algo de temor lo hice. Cerré la puerta y me dirigí hacia uno de los pasillos que creaban las sillas. Me paré justo en frente de él.
-Siento lo de su madre, Amber se pasó un poco con su comentario.
Yo asentí decaída. No había superado del todo la pérdida de mi madre pero, estoy segurísima de que algún día lo haré. No me cabe duda.Noté unos fuertes brazos que envolvían mi cuerpo. ¿Charlie Smith me estaba abrazando? ¡Charlie Smith me estaba abrazando!. Respondí a su abrazo y quedamos así un par de segundos más hasta que él se separó.
-Creí que no te vendría mal un abrazo de alguien, ya que se notó tu tristeza cuando ella te dijo eso - habló con cautela Charlie.
-Gracias - murmuré agradecida.
-No hay de qué - me sonrió. Arght, me había dedicado una sonrisa - Por cierto, como sabe, está a punto de acabar el trimestre, tan solo queda una semana y media para dar paso a semana santa. Me temo a que hoy no podré darle la clase particular, ya que es la sesión de evaluación, prosponemos la clase a mañana jueves. Ah, y dígale a su próximo maestro que fue culpa mía el motivo de tu tardanza.
Asentí, me despedí de él agitando mi mano y salí de clase. Un miércoles por la tarde libre. Hoy no le vería más pero bueno, ese abrazo fue mejor que una clase. Sonreí al recordar nuestro abrazo, fue tan... ¿bonito? ¿agradable? y muchos adjetivos más.
Me moví rápidamente por los pasillos, bajé las escaleras y llegué a gimnasia.
-Siento mi retraso señora Green. El Sr. Smith tuvo que hablar conmigo cinco minutos.
Me miró con recelo. Las arrugas de mi mayor profesora de gimnasia se acumulaban entre sí, más su cara de amargada, formaban un rostro terrorífico. Cuánto la odiaba.
-Esa no es excusa, ahora póngase a correr al igual que sus otros compañeros - exigió con su cavernosa voz.
Bufé cuando ella se giró.
-No vuelvas a hacer eso - habló.
Rápidamente dejé mis cosas en las gradas del polideportivo y me puse a correr junto a los demás. No aparté la vista de Ámber, la pijita castaña, en educación física quizás le haría otra de las mías.
Capítulo 4 - Tanta cercanía me provoca nervios.
Entré a clase con los libros de química entre mis manos, apretándolos
fuertemente contra mi estómago, que se revolvía salvajemente, malditos
nervios.
-Buenas tardes - balbuceé mientras me acercaba hacia él, que permanecía sentado encima de su mesa, tecleando con su móvil.
-Buenas tardes señorita Evans, puede sentarse en la primera fila - habló serio, como de costumbre y guardó su móvil.
Me senté en frente de la mesa del profesor. Él fue hacia su mochila y sacó una carpeta azul para sostener mi examen entre sus manos. Lo miró atentamente y poco después lo colocó encima de mi mesa.
-Ha de repasar los enlaces. Es importante que sepa la capa de valencia de cada elemento - explicó Charlie.
Saqué una hoja y mi lápiz. Él comenzó a explicarme con más detenimiento cómo se hacía, ponía varios ejemplos que yo iba anotando. De vez en cuando, nuestras miradas se juntaban y yo solamente podía sonreír. Y así pasaron diez minutos de explicación.
-¿Hasta aquí lo ha entendido?
Asentí con una media sonrisa.
-Bien, ahora haga este.
Comenzó a apuntar un ejercicio en la pizarra que yo copié inmediatamente. Comencé hacerlo, como él me había explicado. Unos pasos lentos se dirigían hacia mí. Se colocó detrás mía y noté como su barbilla descansaba sobre mi hombro derecho. Ay dios.
-¿Cómo va eso? - preguntó, fijando su vista en mi papel.
-¿Usted cree que me sale mal?
Las manos comenzaron a temblarme. Nuestra cercanía, hacía que mis dedos jugasen entre ellos por debajo de la mesa para intentar que no se diera cuenta pero creo que no dio resultado.
-Parece irle bien pero, esto... - señaló una parte del ejercicio, supuse que la tenía mal.
Cogí mi goma y lo borré, para dibujarlo de nuevo. Él puso su mano encima de la mía y me indicó como había que hacerlo. Mi mano quedó tiesa por un momento.
-Relaje la mano señorita Evans - habló Charlie mientras se le escapaba una pequeña risa.
Poco a poco mi mano cedió y ya podía moverse sin dificultad por el papel, haciendo los enlaces.
. . .
Cerré la puerta detrás mía, al entrar en casa. Con Charlie no pasó nada más, creo que por hoy ya me bastó la suficiente cercanía que habíamos tenido, lo cual me había encantado a pesar de que me provocaba nervios.
-¡Ya estoy en casa! - grité.
Como siempre, todo estaba desierto. Supuse que mi padre estaría en su despacho y Logan descansando en su tiempo libre o tal vez haciendo alguna tarea por la casa.
Subí las escaleras y me dirigí hacia mi cuarto, todo estaba completamente igual desde que me fui. Me senté en mi silla azul con ruedas, saqué mis deberes y me puse a hacerlos, así pasaría el resto de la tarde hasta la cena.
Minutos después, sonó Still into you. Agarré mi móvil y lo descolgué.
-¿Si? - hablé mientras colocaba mi móvil entre mi cabeza y mi hombro derecho, mientras seguía haciendo mis deberes.
-¿Qué tal enana? - saludó Jake - ¿Te parece bien que mañana pase a por ti y así vamos juntos al instituto?
-Bien, estoy bien - sonreí - me parece genial. ¿A que hora te pasarás?
-Solamente estate atenta del móvil y cuando te llame, sal.
-Vale, pues... - quedé callada un par de segundos - hasta mañana.
Oía su respiración desde la otra línea y unas teclas que eran pulsadas provocando un ruidito.
-¿Eh? - dijo al fin.
-Que hasta mañana.
-Em, sí, hasta mañana - concluyó algo nervioso y me colgó.
No le di importancia a su raro comportamiento y seguí con mis deberes hasta la cena.
Acabé más tarde de las ocho. Más de una hora haciendo deberes, gracias a mi profesor de filosofía. Le amaba más que a Charlie - nótese el sarcasmo -
Oí unos leves golpes en la puerta de mi habitación mientras guardaba mis cosas en mi mochila para el día siguiente. Poco después se abrió.
-Baja a cenar hija - habló mi padre. Luego la puerta se cerró de nuevo.
Al acabar de guardar mis cosas, salí de mi habitación y descendí las escaleras hasta el comedor donde esperaba mi padre apunto de comer. Me senté en frente de él y silenciosamente empezamos a comer mientras que entre nosotros predominaba un incómodo silencio.
-¿Qué tal fue la clase con el sr. Smith? - habló él, iniciando la primera conversación durante la cena.
-Yo esto, - empecé a balbucear. Me puse nerviosa al recordar lo que había pasado esta tarde - muy bien - dije segura - ya lo entiendo mejor.
Sus labios se curvaron, haciendo una sonrisa. ¿Mi padre sonriendo? Algo genial le habrá pasado como para que sonría. Hacía bastante tiempo que no le veía sonreír y las veces que lo hacía, se notaba que esa sonrisa no era verdadera.
-¿Qué tal tu día hoy, papá? - me interesé.
Ahora quería saber el motivo de su sonrisa. Estaba segurísima de que no era por lo bien que me había ido con Charlie.
-Bastante bien, hoy hemos contratado a una nueva chica - mostró de nuevo una sonrisa.
Así que a eso se debe su felicidad. Santa mierda. La idea de imaginarme en un futuro una nueva chica aquí en casa no era de mi agrado. ¿Pero qué piensas Sidney? Quizás solamente es otra más en el negocio y no pase absolutamente nada. Odio las historias que puedo llegar a montarme a veces.
Al acabar de cenar y darle las buenas noches a mi padre, fui a la habitación de Logan a desearle buenas noches para después subir a mi habitación a descansar, los párpados se me cerraban constántemente y no aguantaba más.
Toqué la puerta de Logan con el puño cerrado. Nadie respondió aunque eso no me impidió entrar por mi cuenta.
Le vi recostado en su cama, tapado con las sábanas. Me acerqué a él y vi como dormía. Qué adorable. Mi rostro se acercó al suyo con la intención de plantar un pequeño beso en su mejilla, que este fue desviado sin querer a la comisura de sus labios gracias a un pequeño movimiento que dio Logan.
Ruborizada y avergonzada de lo que hubiera podido pasar, salí lo más rápido posible de su dormitorio sin hacer el más mínimo ruido y ascendí las escaleras para después entrar en mi habitación, colocarme el pijama y tumbarme en mi cama. Apagué la luz y quedé dormida en pocos segundos.
Bajé las escaleras y me dirigí a la habitación de Logan. Este estaba esperándome luciendo su preciosa sonrisa. Iba vestido con un polo azul y unos pitillos negros. Abrió sus brazos como solía hacer siempre y yo rápidamente le abracé y le tumbé en su cama, quedando encima suya. Ambos sonreíamos. Nuestras miradas conectaron, nuestras narices rozaron y poco después nuestros labios, que se fundieron en un precioso beso.
-Sidney... - murmuró en medio del beso - despierta... despierta... - su voz cada vez se oía menos - despierta...
-¡Sidney despierta ya! - acabó chillando mi padre.
Me desperté casi de un salto.
-A la tercera va la vencida - murmuró mi padre a sí mismo y se fue de su habitación.
Me levanté aturdida al acordarme de mi sueño. Parecía tan... real. Fui al baño y me lavé la cara, ya me vestiría después de desayunar.
Bajé las escaleras y me dirigí hacia la habitación de Logan como cada mañana, a desearle los buenos días. Cuando entré, él vestía con un polo azul y unos pitillos negros. Espera un momento, ¿Iba vestido como en mi sueño? Oh dios mío.
-¿El desayuno está listo? - le pregunté.
Él asintió y abrió sus brazos para que le diera un abrazo. Yo me di media vuelta, para intentar disimular, haciendo que no le había visto. Salí de su habitación, algo desorientada. ¿Qué pasaría si le hubiera abrazado? ¿Nos hubieramos... besado? No, no puedo hacer eso.
-Buenas tardes - balbuceé mientras me acercaba hacia él, que permanecía sentado encima de su mesa, tecleando con su móvil.
-Buenas tardes señorita Evans, puede sentarse en la primera fila - habló serio, como de costumbre y guardó su móvil.
Me senté en frente de la mesa del profesor. Él fue hacia su mochila y sacó una carpeta azul para sostener mi examen entre sus manos. Lo miró atentamente y poco después lo colocó encima de mi mesa.
-Ha de repasar los enlaces. Es importante que sepa la capa de valencia de cada elemento - explicó Charlie.
Saqué una hoja y mi lápiz. Él comenzó a explicarme con más detenimiento cómo se hacía, ponía varios ejemplos que yo iba anotando. De vez en cuando, nuestras miradas se juntaban y yo solamente podía sonreír. Y así pasaron diez minutos de explicación.
-¿Hasta aquí lo ha entendido?
Asentí con una media sonrisa.
-Bien, ahora haga este.
Comenzó a apuntar un ejercicio en la pizarra que yo copié inmediatamente. Comencé hacerlo, como él me había explicado. Unos pasos lentos se dirigían hacia mí. Se colocó detrás mía y noté como su barbilla descansaba sobre mi hombro derecho. Ay dios.
-¿Cómo va eso? - preguntó, fijando su vista en mi papel.
-¿Usted cree que me sale mal?
Las manos comenzaron a temblarme. Nuestra cercanía, hacía que mis dedos jugasen entre ellos por debajo de la mesa para intentar que no se diera cuenta pero creo que no dio resultado.
-Parece irle bien pero, esto... - señaló una parte del ejercicio, supuse que la tenía mal.
Cogí mi goma y lo borré, para dibujarlo de nuevo. Él puso su mano encima de la mía y me indicó como había que hacerlo. Mi mano quedó tiesa por un momento.
-Relaje la mano señorita Evans - habló Charlie mientras se le escapaba una pequeña risa.
Poco a poco mi mano cedió y ya podía moverse sin dificultad por el papel, haciendo los enlaces.
. . .
Cerré la puerta detrás mía, al entrar en casa. Con Charlie no pasó nada más, creo que por hoy ya me bastó la suficiente cercanía que habíamos tenido, lo cual me había encantado a pesar de que me provocaba nervios.
-¡Ya estoy en casa! - grité.
Como siempre, todo estaba desierto. Supuse que mi padre estaría en su despacho y Logan descansando en su tiempo libre o tal vez haciendo alguna tarea por la casa.
Subí las escaleras y me dirigí hacia mi cuarto, todo estaba completamente igual desde que me fui. Me senté en mi silla azul con ruedas, saqué mis deberes y me puse a hacerlos, así pasaría el resto de la tarde hasta la cena.
Minutos después, sonó Still into you. Agarré mi móvil y lo descolgué.
-¿Si? - hablé mientras colocaba mi móvil entre mi cabeza y mi hombro derecho, mientras seguía haciendo mis deberes.
-¿Qué tal enana? - saludó Jake - ¿Te parece bien que mañana pase a por ti y así vamos juntos al instituto?
-Bien, estoy bien - sonreí - me parece genial. ¿A que hora te pasarás?
-Solamente estate atenta del móvil y cuando te llame, sal.
-Vale, pues... - quedé callada un par de segundos - hasta mañana.
Oía su respiración desde la otra línea y unas teclas que eran pulsadas provocando un ruidito.
-¿Eh? - dijo al fin.
-Que hasta mañana.
-Em, sí, hasta mañana - concluyó algo nervioso y me colgó.
No le di importancia a su raro comportamiento y seguí con mis deberes hasta la cena.
Acabé más tarde de las ocho. Más de una hora haciendo deberes, gracias a mi profesor de filosofía. Le amaba más que a Charlie - nótese el sarcasmo -
Oí unos leves golpes en la puerta de mi habitación mientras guardaba mis cosas en mi mochila para el día siguiente. Poco después se abrió.
-Baja a cenar hija - habló mi padre. Luego la puerta se cerró de nuevo.
Al acabar de guardar mis cosas, salí de mi habitación y descendí las escaleras hasta el comedor donde esperaba mi padre apunto de comer. Me senté en frente de él y silenciosamente empezamos a comer mientras que entre nosotros predominaba un incómodo silencio.
-¿Qué tal fue la clase con el sr. Smith? - habló él, iniciando la primera conversación durante la cena.
-Yo esto, - empecé a balbucear. Me puse nerviosa al recordar lo que había pasado esta tarde - muy bien - dije segura - ya lo entiendo mejor.
Sus labios se curvaron, haciendo una sonrisa. ¿Mi padre sonriendo? Algo genial le habrá pasado como para que sonría. Hacía bastante tiempo que no le veía sonreír y las veces que lo hacía, se notaba que esa sonrisa no era verdadera.
-¿Qué tal tu día hoy, papá? - me interesé.
Ahora quería saber el motivo de su sonrisa. Estaba segurísima de que no era por lo bien que me había ido con Charlie.
-Bastante bien, hoy hemos contratado a una nueva chica - mostró de nuevo una sonrisa.
Así que a eso se debe su felicidad. Santa mierda. La idea de imaginarme en un futuro una nueva chica aquí en casa no era de mi agrado. ¿Pero qué piensas Sidney? Quizás solamente es otra más en el negocio y no pase absolutamente nada. Odio las historias que puedo llegar a montarme a veces.
Al acabar de cenar y darle las buenas noches a mi padre, fui a la habitación de Logan a desearle buenas noches para después subir a mi habitación a descansar, los párpados se me cerraban constántemente y no aguantaba más.
Toqué la puerta de Logan con el puño cerrado. Nadie respondió aunque eso no me impidió entrar por mi cuenta.
Le vi recostado en su cama, tapado con las sábanas. Me acerqué a él y vi como dormía. Qué adorable. Mi rostro se acercó al suyo con la intención de plantar un pequeño beso en su mejilla, que este fue desviado sin querer a la comisura de sus labios gracias a un pequeño movimiento que dio Logan.
Ruborizada y avergonzada de lo que hubiera podido pasar, salí lo más rápido posible de su dormitorio sin hacer el más mínimo ruido y ascendí las escaleras para después entrar en mi habitación, colocarme el pijama y tumbarme en mi cama. Apagué la luz y quedé dormida en pocos segundos.
Bajé las escaleras y me dirigí a la habitación de Logan. Este estaba esperándome luciendo su preciosa sonrisa. Iba vestido con un polo azul y unos pitillos negros. Abrió sus brazos como solía hacer siempre y yo rápidamente le abracé y le tumbé en su cama, quedando encima suya. Ambos sonreíamos. Nuestras miradas conectaron, nuestras narices rozaron y poco después nuestros labios, que se fundieron en un precioso beso.
-Sidney... - murmuró en medio del beso - despierta... despierta... - su voz cada vez se oía menos - despierta...
-¡Sidney despierta ya! - acabó chillando mi padre.
Me desperté casi de un salto.
-A la tercera va la vencida - murmuró mi padre a sí mismo y se fue de su habitación.
Me levanté aturdida al acordarme de mi sueño. Parecía tan... real. Fui al baño y me lavé la cara, ya me vestiría después de desayunar.
Bajé las escaleras y me dirigí hacia la habitación de Logan como cada mañana, a desearle los buenos días. Cuando entré, él vestía con un polo azul y unos pitillos negros. Espera un momento, ¿Iba vestido como en mi sueño? Oh dios mío.
-¿El desayuno está listo? - le pregunté.
Él asintió y abrió sus brazos para que le diera un abrazo. Yo me di media vuelta, para intentar disimular, haciendo que no le había visto. Salí de su habitación, algo desorientada. ¿Qué pasaría si le hubiera abrazado? ¿Nos hubieramos... besado? No, no puedo hacer eso.
Capítulo 3 - Popularidad.
Logan me acompañó al instituto y después volvió a casa, espero que mi
padre no se entere de lo ocurrido, pensaba mientras iba entrando en el
instituto.
La gente me comenzó a abrir camino para que pasara fácilmente ¿Qué estaba pasando?. Era como el centro de atención, miles de miradas fijándose en mi forma de caminar, en mis movimientos, en todo lo que hacía. Fui hacia mi taquilla y agarré los libros de las tres primeras horas. Desgraciadamente, hoy era martes.
Al cerrar la taquilla, me encontré a Jake plantado al lado mía, esperando a que la cerrara.
-¿Sabes qué está pasando conmigo? - pregunté aturdida, sinceramente, no tenía ni la mayor idea de lo qué estaba pasando.
-Hola a ti también - habló plantando un beso en mi mejilla - ¿Enserio no sabes lo que pasa? - arqueó una ceja.
Negué. Él pasó un brazo sobre mis hombros y fuimos caminando hacia clase. Según me contó, el chico más popular del instituto, Lucas White, había comenzado a sentir algo por mí, algo que creía prácticamente imposible.
Entramos a clase de geología, donde me senté al lado de Jake. Yo seguía siendo el centro de atención.
. . .
Hora del almuerzo. Mi mejor amigo me acompañó a mi taquilla a dejar los libros de mis anteriores clases y coger los de las próximas. Después, ámbos compramos un bocadillo y nos sentamos en las mesas. Vi como un grupo de chicos se acercaban a nosotros y se colocaban a nuestro lado, más al mío que al de Jake. Entre uno de los jóvenes, estaba Lucas White, genial. Justamente se sentó al lado mía.
-Hola - saludó con una sonrisa.
Yo simplemente saludé con la mano. Los populares no me iban. En este instituto, el grupito de Lucas se sentía superior a todos los demás, por el simple hecho de que estaban en el equipo de fútbol. Yo odiaba a los creídos.
-Sidney - prosiguió - pensé que haber si te gustaría que pasáramos la tarde juntos.
Jake, al igual que los amigos de Lucas, eran presentes de nuestra charla. Mi mejor amigo se mostraba serio, quizás también algo celoso. Miré al chico de ojos verdes y cabello castaño liso, cómo esperaba ansioso mi respuesta.
Tocó el timbre para la siguiente clase. Agradecí ese bendito timbre que siempre había odiado en todas las ocasiones menos en esta. Me levanté sin responderle y me fui, seguida de Jake. Digamos que no se me daba bien decir un simple no.
Entré a la siguiente clase, esta vez sin Jake, ya que a él le tocaba a una distinta que a mí.
El día pasó rápido para mí. Tenía ganas de que llegaran las cuatro y media, donde tendría la oportunidad de ver a mi profesor, a solas, sin ninguna otra persona más, solamente él y yo, solos, en una clase, explicándome química y yo embobada mirando sus ojos azules. Vale, Sidney, céntrate.
Pasaba entre la gente que me seguía abriendo paso, inmersa en mis pensamientos. Cogí el material necesario para estudiar y demás y me dirigí hacia la salida. No estaba Jake... me iría sola a casa.
El camino fue silencioso, debido a mi soledad. Hoy el día se me había hecho raro, sí, esa era la palabra exacta. Jamás había experimentado -hasta ahora- ser el centro de atención, jamás un chico popular se había fijado en mí para eso más que conocidos o incluso amigos. Yo siempre había sido una persona normal en mi instituto, ni una nerd ni una popular. Me agradaba mi vida en el instituto.
Las tres, estaba hambrienta. Entré a casa y subí a mi habitación como hacía normalmente. Dejé mi mochila y volví a bajar hacia la cocina, donde me esperaba mi padre, a punto de comer.
-Hola - le saludé.
-¿Qué tal tu día? - se mostró seco.
-Muy bien.
Típica conversación entre él y yo. Ámbos cogimos los cubiertos y empezamos a comer lo que había preparado Logan.
Miré mi reloj: las tres y media cuando acabé de comer. En menos de una hora tendría que ir hacia el instituto. Recogí mi plato y lo llevé a la cocina, para después irme a la habitación de Logan. Toqué la puerta con los nudillos cerrados y al oír un Entra desde la otra parte de la puerta, entré.
Lo encontré tumbado en su cama. Era una habitación amplia, como todas las de la casa. A la parte derecha se encontraba una cama, donde perfectamente cabían dos personas. Al lado opuesto de la cama se encontraba un pequeño escritorio, con papeles encima de este. Entre el escritorio y la cama se hallaba otra puerta que daba el baño y al lado de la puerta del baño se encontraba un armario, no muy grande. También había algunos cuadros colgados de la pared. Encima de la cómoda de al lado de su cama, había una fotografía que yo siempre miraba cuando entraba a su habitación, estaba él con su familia.
Cerré la puerta detrás mía y me senté en la cama, a su lado.
-Suerte para las cuatro y media - habló él.
-¿A qué te refieres? - arqueé una de mis cejas - ¡No me gusta! Es guapo sí ¡Pero no me gusta!
-Ya sé que no te gusta, me refiero a que tengas suerte con tu clase, que sé que te cuesta bastante la química.
-Oh... claro, yo también me refería a eso - dije algo nerviosa.
-Seguro - se burló.
-Que sí - me defendí.
-Anda, ven aquí - comentó mientras abría sus brazos desde su posición, tumbado.
Le dediqué una de mis mejores sonrisas y le abracé. Me encontraba tumbada a su lado. Logan para mí no era un mayordomo, era la persona en la que más confiaba. Él apoyó su cabeza en mi hombro y giró su vista hacia mi cuello, dejando un pequeño beso, que claramente noté. Me sonrojé inesperadamente.
En el abrazo, me colocó encima suya. Sinceramente, no era la primera vez que estabamos en esta posición, yo colocando todo mi peso sobre él mientras le abrazaba. Apoyé mi cabeza en su pecho, escuchando así como latía su corazón.
Noté algo en mi barriga, que me tocaba con fuerza. Mierda, no, eso no será su...
-Logan... - mis mejillas comenzaron a coger un color carmín de nuevo.
-¿Qué... qué pasa? - habló algo nervioso.
Tocaron la puerta. Yo me retiré rápidamente de encima de él y me quedé sentada a su lado en la cama. Mi padre se asomó por la puerta y Logan se puso boca abajo para intentar disimular su erección.
-Creo que ya es hora de que te vayas, Sidney - dijo algo frío, dios, cuanto odiaba cuando se ponía así.
-Va...va...le - balbuceé - iré a arreglarme.
Me levanté rápidamente y pasé por al lado de mi padre sin emitir una sola palabra. Estaba nerviosa por lo que había ocurrido con Logan. Lo mejor será hacer como si nada hubiera pasado, sí, será lo mejor.
Abrí mi armario y cogí uno de mis conjuntos favoritos informales, no quería ir tan arreglada. Cogí mi camiseta blanca y encima me puse mi blusa vaquera. Lo conjunté con unos pantalones negros y mis botas de tacón también negras. Me peiné y lavé mis dientes. Descendí las escaleras para dirigirme a la puerta. Me despedí de mi padre gritando un Adiós para que él me contestara lo mismo desde su despacho, así hizo y me fui hacia el instituto donde esperaba Charlie.
La gente me comenzó a abrir camino para que pasara fácilmente ¿Qué estaba pasando?. Era como el centro de atención, miles de miradas fijándose en mi forma de caminar, en mis movimientos, en todo lo que hacía. Fui hacia mi taquilla y agarré los libros de las tres primeras horas. Desgraciadamente, hoy era martes.
Al cerrar la taquilla, me encontré a Jake plantado al lado mía, esperando a que la cerrara.
-¿Sabes qué está pasando conmigo? - pregunté aturdida, sinceramente, no tenía ni la mayor idea de lo qué estaba pasando.
-Hola a ti también - habló plantando un beso en mi mejilla - ¿Enserio no sabes lo que pasa? - arqueó una ceja.
Negué. Él pasó un brazo sobre mis hombros y fuimos caminando hacia clase. Según me contó, el chico más popular del instituto, Lucas White, había comenzado a sentir algo por mí, algo que creía prácticamente imposible.
Entramos a clase de geología, donde me senté al lado de Jake. Yo seguía siendo el centro de atención.
. . .
Hora del almuerzo. Mi mejor amigo me acompañó a mi taquilla a dejar los libros de mis anteriores clases y coger los de las próximas. Después, ámbos compramos un bocadillo y nos sentamos en las mesas. Vi como un grupo de chicos se acercaban a nosotros y se colocaban a nuestro lado, más al mío que al de Jake. Entre uno de los jóvenes, estaba Lucas White, genial. Justamente se sentó al lado mía.
-Hola - saludó con una sonrisa.
Yo simplemente saludé con la mano. Los populares no me iban. En este instituto, el grupito de Lucas se sentía superior a todos los demás, por el simple hecho de que estaban en el equipo de fútbol. Yo odiaba a los creídos.
-Sidney - prosiguió - pensé que haber si te gustaría que pasáramos la tarde juntos.
Jake, al igual que los amigos de Lucas, eran presentes de nuestra charla. Mi mejor amigo se mostraba serio, quizás también algo celoso. Miré al chico de ojos verdes y cabello castaño liso, cómo esperaba ansioso mi respuesta.
Tocó el timbre para la siguiente clase. Agradecí ese bendito timbre que siempre había odiado en todas las ocasiones menos en esta. Me levanté sin responderle y me fui, seguida de Jake. Digamos que no se me daba bien decir un simple no.
Entré a la siguiente clase, esta vez sin Jake, ya que a él le tocaba a una distinta que a mí.
El día pasó rápido para mí. Tenía ganas de que llegaran las cuatro y media, donde tendría la oportunidad de ver a mi profesor, a solas, sin ninguna otra persona más, solamente él y yo, solos, en una clase, explicándome química y yo embobada mirando sus ojos azules. Vale, Sidney, céntrate.
Pasaba entre la gente que me seguía abriendo paso, inmersa en mis pensamientos. Cogí el material necesario para estudiar y demás y me dirigí hacia la salida. No estaba Jake... me iría sola a casa.
El camino fue silencioso, debido a mi soledad. Hoy el día se me había hecho raro, sí, esa era la palabra exacta. Jamás había experimentado -hasta ahora- ser el centro de atención, jamás un chico popular se había fijado en mí para eso más que conocidos o incluso amigos. Yo siempre había sido una persona normal en mi instituto, ni una nerd ni una popular. Me agradaba mi vida en el instituto.
Las tres, estaba hambrienta. Entré a casa y subí a mi habitación como hacía normalmente. Dejé mi mochila y volví a bajar hacia la cocina, donde me esperaba mi padre, a punto de comer.
-Hola - le saludé.
-¿Qué tal tu día? - se mostró seco.
-Muy bien.
Típica conversación entre él y yo. Ámbos cogimos los cubiertos y empezamos a comer lo que había preparado Logan.
Miré mi reloj: las tres y media cuando acabé de comer. En menos de una hora tendría que ir hacia el instituto. Recogí mi plato y lo llevé a la cocina, para después irme a la habitación de Logan. Toqué la puerta con los nudillos cerrados y al oír un Entra desde la otra parte de la puerta, entré.
Lo encontré tumbado en su cama. Era una habitación amplia, como todas las de la casa. A la parte derecha se encontraba una cama, donde perfectamente cabían dos personas. Al lado opuesto de la cama se encontraba un pequeño escritorio, con papeles encima de este. Entre el escritorio y la cama se hallaba otra puerta que daba el baño y al lado de la puerta del baño se encontraba un armario, no muy grande. También había algunos cuadros colgados de la pared. Encima de la cómoda de al lado de su cama, había una fotografía que yo siempre miraba cuando entraba a su habitación, estaba él con su familia.
Cerré la puerta detrás mía y me senté en la cama, a su lado.
-Suerte para las cuatro y media - habló él.
-¿A qué te refieres? - arqueé una de mis cejas - ¡No me gusta! Es guapo sí ¡Pero no me gusta!
-Ya sé que no te gusta, me refiero a que tengas suerte con tu clase, que sé que te cuesta bastante la química.
-Oh... claro, yo también me refería a eso - dije algo nerviosa.
-Seguro - se burló.
-Que sí - me defendí.
-Anda, ven aquí - comentó mientras abría sus brazos desde su posición, tumbado.
Le dediqué una de mis mejores sonrisas y le abracé. Me encontraba tumbada a su lado. Logan para mí no era un mayordomo, era la persona en la que más confiaba. Él apoyó su cabeza en mi hombro y giró su vista hacia mi cuello, dejando un pequeño beso, que claramente noté. Me sonrojé inesperadamente.
En el abrazo, me colocó encima suya. Sinceramente, no era la primera vez que estabamos en esta posición, yo colocando todo mi peso sobre él mientras le abrazaba. Apoyé mi cabeza en su pecho, escuchando así como latía su corazón.
Noté algo en mi barriga, que me tocaba con fuerza. Mierda, no, eso no será su...
-Logan... - mis mejillas comenzaron a coger un color carmín de nuevo.
-¿Qué... qué pasa? - habló algo nervioso.
Tocaron la puerta. Yo me retiré rápidamente de encima de él y me quedé sentada a su lado en la cama. Mi padre se asomó por la puerta y Logan se puso boca abajo para intentar disimular su erección.
-Creo que ya es hora de que te vayas, Sidney - dijo algo frío, dios, cuanto odiaba cuando se ponía así.
-Va...va...le - balbuceé - iré a arreglarme.
Me levanté rápidamente y pasé por al lado de mi padre sin emitir una sola palabra. Estaba nerviosa por lo que había ocurrido con Logan. Lo mejor será hacer como si nada hubiera pasado, sí, será lo mejor.
Abrí mi armario y cogí uno de mis conjuntos favoritos informales, no quería ir tan arreglada. Cogí mi camiseta blanca y encima me puse mi blusa vaquera. Lo conjunté con unos pantalones negros y mis botas de tacón también negras. Me peiné y lavé mis dientes. Descendí las escaleras para dirigirme a la puerta. Me despedí de mi padre gritando un Adiós para que él me contestara lo mismo desde su despacho, así hizo y me fui hacia el instituto donde esperaba Charlie.
Capítulo 2 - Logan.
Después de esa charla junto a mi padre, salí de su despacho y me
dirigí hacia mi habitación. Tiré la mochila por el suelo y
sigilosamente, pasé de nuevo el despacho para llegar a la habitación de
mi padre. Me senté en su cama de sábanas blancas y estampados color
verde. Me acerqué a la cómoda color marrón flojo y abrí el último cajón,
donde se encontraban recuerdos junto a mi madre (cartas, algún que otro
poema creado por ella, fotos...). Momentos a su lado invadían mis
pensamientos. ¿Por qué? ¿Por qué tuvo esa mala suerte de morir? Siempre
fue una persona generosa, simpática, sonriente, una de las mejores
personas que podía existir en este mundo. Todavía no se sabe de que
murió, ya que una noche, al salir de su trabajo, no llegó a casa. Se
cree que desapareció y que se encuentra muerta en algún lugar del mundo.
Los policías siguen investigando en el caso desde hace más de cuatro
años y todavía no encontraron al culpable, joder.
Cojí una pequeña fotografía, que mi padre tomó en blanco y negro, donde mi madre salía con una de sus perfectas sonrisas y a su lado estaba yo, una pequeña Sidney Evans dándole un beso en su fina y rosada mejilla. Sequé una lágrima que me cayó sin ser esperada. Pegué la imagen a mi pecho y después la volví a meter dentro del cajón de la cómoda. Salí de la habitación sin hacer ruido y bajé a la cocina. Vi que la comida ya estaba servida, gracias a nuestro amable mayordomo, Logan. Este se encontraba seguramente en su habitación, descansando, como solía hacer en su tiempo libre.
Tomé la comida en absoluto silencio, como se encontraba la casa cada día, ya me acostumbré. Desde hace cuatro años, esta casa perdió vida.
Después de comer, subí a mi habitación, donde me tiré bruscamente boca abajo. Oí un sonido procediente de mi móvil, desbloqueé la pantalla y me incorporé.
-¿Sidney? - se oyó una voz masculina por la otra línea.
-Dime, Jake - respondí al reconocer por fin su voz.
-¿Estás ocupada?
Miré a mi alrededor, para buscar una justificación al sí que iba a decir como respuesta. Vi una bandeja con mi ropa limpia, ahí.
-Sí, tengo que meter mi ropa limpia en el armario y ordenar algo mi habitación - respondí, excusándome.
-¿Cuánto tiempo tardas más o menos?
Mierda. ¿No puede ser Jake algo listo y captar que no quiero salir? ¡Pero no! ¡Siempre dando excusas!
-También tengo que estudiar química... - balbuceé.
-En ese caso, quedamos otro día, será lo mejor - pareció serio - nos vemos mañana, te quiero preciosa.
Colgó antes de que pudiera despedirme. ¿Preciosa? ¿Enserio? Madre mía, Jake.
Me senté en la cama, sin nada que hacer. Puede que penséis que por qué no acepté ir con Jake ya que ahora mismo me estoy aburriendo. Pues, que prefiero estar sola, sí, sola.
Me tumbé en la cama y me cubrí con la manta. En pocos minutos, quedé dormida plácidamente.
. . .
Perezosa, me levanté de la cama y observé el reloj de encima de mi cómoda: ocho de la tarde. Tenía hambre, así que fui a la cocina de nuevo, donde esta vez se encontraba Logan, nuestro joven mayordomo, que contratamos cuando mi madre murió. Con su pelo castaño y sus ojos color miel. Mi padre se replanteó muchas veces despedirlo, ya que, para su gusto no hacía bien su trabajo pero, siempre estaba yo, que le defendía, le había cogido cierto cariño. Él tenía veinte años, me llevaba solamente cuatro años.
-Buena tarde - me sonrió.
-Hola Logan - respondí.
-¿Tienes hambre? - me preguntó mientras me sentaba en la silla, justo al lado de él.
-Sí ¿Qué hay?
Logan se levantó y cogió unas galletas que había encima de la encimera, supongo que de la tarde anterior. Me las extendió y las acepté.
-Gracias - sonreí.
-De nada Sid, después haré la cena.
-Te dije que odiaba que me llamaran Sid - refunfuñé.
-Lo sé, lo hago para fastidiarte un poco - dijo luciendo una de sus sonrisas.
-Ah, qué cariño me tienes - hablé.
-Mucho - afirmó.
Vino hacia mí y me abrazó. Sí, tenía mucha confianza con él. Las tardes que había pasado a su lado, divirtiéndonos y riendo cuando mi padre estaba de viaje, gracias a su trabajo.
Tomé mis galletas, sentada encima de la encimera mientras observaba cómo preparaba la cena. Manteníamos charla en todo momento, no había ningun momento donde estuvieramos en silencio, siempre ha sido así.
Minutos más tarde, la cena estaba en el comedor, en una larga mesa color crema, con sillas de su mismo color. Logan, se puso a descansar mientras mi padre y yo cenábamos. Ahora sí, estaba todo en absoluto silencio.
Desde que murió mi madre, siempre había pensado que mi padre no me quería ya que su cariño bajó desde entonces.
Me levanté perezosamente, como era habitual. Apagué el despertador y fui hacia mi ducha. Salí con una toalla que envolvía mi cuerpo. La dejé encima de mi cama al acabar de secarme y me vestí con el uniforme. Una falda con ondas azul fuerte, corta, con mis medias y una camiseta también azul, con el logo del instituto en mi lado izquierdo.
Bajé las escaleras, me paré en la habitación de Logan, al ver como se encontraba entreabierta. Toqué con el puño cerrado y entré. Estaba de espaldas a la puerta aunque, no por mucho tiempo, ya que se giró cuando toqué. Solamente con los pantalones puestos, su camiseta se hayaba encima de la cama, a punto de ser puesta. Quedé algo embobada al ver sus músculos, abdominales, aght.
-Esto... perdón - me disculpé mientras cerraba la puerta, quedándome fuera.
-No pasa nada - lo oí - puedes entrar.
Hice oídos sordos y fui a la cocina, no quería que observara como mis mejillas teñían de un color más rojizo que rosado. Cogí más galletas, las que sobraron ayer y con eso me bastó.
Subí hacia el cuarto de mi padre. Toqué con el puño cerrado en la puerta de su despacho, esperando un 'Entra'. Pero nada, así que decidí entrar por mi cuenta. No se encontraba ahí, genial. Me moví hacia su habitación, donde la puerta estaba otra vez cerrada. Toqué y tampoco respondía nadie. Entré sin permiso y lo encontré durmiendo, en la cama de matrimonio, donde faltaba la existencia de otro ser: mi madre. Estaba de lado opuesto a mí, mirando hacia la ventana.
Qué raro que todavía siga durmiendo, ya que él suele despertarse antes que yo. Cerré la puerta sigilosamente para que no se diera cuenta de que había entrado. Descendí las escaleras y me paré en el cuarto de Logan, ahora completamente cerrado. Fui hacia la cocina, ahí estaba. Vestido con el uniforme que había comprado mi padre para él, no sé para que tiene que llevarlo, es horrible para mi gusto.
-Siento lo de antes... - volví a disculparme.
-Te dije que no pasa nada - me sonrió. Observó su reloj de muñeca por un momento y volvió a mirarme - vas a llegar tarde Sidney.
-Mierda... - susurré - tendré que correr.
-¿Quieres que te lleve?
-No estaría de mal pero, ¿Con qué coche?
-Con el de tu padre - dijo sonriente. Le miré con recelo.
-Sabes que te va a matar si se entera - le recordé.
-Correré ese riesgo para que no llegues tarde, dame un minuto.
Abandonó la cocina y en menos de un minuto iba vestido con normalidad, no con ese precioso uniforme, nótese el sarcasmo. Yo cogí mi mochila que permanecía en la entrada. Él agarró las llaves del coche de mi padre, que estaban en un mueble al lado de la puerta. Tomó mi mano y me dirigió hacia el lamborghini negro.
-¿Sabes conducir? - le cuestioné.
-Sí, tengo el carnet pero, con lo que me paga tu padre, no hay lo suficiente como para comprar un coche.
-Entiendo - respondí mientras entraba en el coche.
Cojí una pequeña fotografía, que mi padre tomó en blanco y negro, donde mi madre salía con una de sus perfectas sonrisas y a su lado estaba yo, una pequeña Sidney Evans dándole un beso en su fina y rosada mejilla. Sequé una lágrima que me cayó sin ser esperada. Pegué la imagen a mi pecho y después la volví a meter dentro del cajón de la cómoda. Salí de la habitación sin hacer ruido y bajé a la cocina. Vi que la comida ya estaba servida, gracias a nuestro amable mayordomo, Logan. Este se encontraba seguramente en su habitación, descansando, como solía hacer en su tiempo libre.
Tomé la comida en absoluto silencio, como se encontraba la casa cada día, ya me acostumbré. Desde hace cuatro años, esta casa perdió vida.
Después de comer, subí a mi habitación, donde me tiré bruscamente boca abajo. Oí un sonido procediente de mi móvil, desbloqueé la pantalla y me incorporé.
-¿Sidney? - se oyó una voz masculina por la otra línea.
-Dime, Jake - respondí al reconocer por fin su voz.
-¿Estás ocupada?
Miré a mi alrededor, para buscar una justificación al sí que iba a decir como respuesta. Vi una bandeja con mi ropa limpia, ahí.
-Sí, tengo que meter mi ropa limpia en el armario y ordenar algo mi habitación - respondí, excusándome.
-¿Cuánto tiempo tardas más o menos?
Mierda. ¿No puede ser Jake algo listo y captar que no quiero salir? ¡Pero no! ¡Siempre dando excusas!
-También tengo que estudiar química... - balbuceé.
-En ese caso, quedamos otro día, será lo mejor - pareció serio - nos vemos mañana, te quiero preciosa.
Colgó antes de que pudiera despedirme. ¿Preciosa? ¿Enserio? Madre mía, Jake.
Me senté en la cama, sin nada que hacer. Puede que penséis que por qué no acepté ir con Jake ya que ahora mismo me estoy aburriendo. Pues, que prefiero estar sola, sí, sola.
Me tumbé en la cama y me cubrí con la manta. En pocos minutos, quedé dormida plácidamente.
. . .
Perezosa, me levanté de la cama y observé el reloj de encima de mi cómoda: ocho de la tarde. Tenía hambre, así que fui a la cocina de nuevo, donde esta vez se encontraba Logan, nuestro joven mayordomo, que contratamos cuando mi madre murió. Con su pelo castaño y sus ojos color miel. Mi padre se replanteó muchas veces despedirlo, ya que, para su gusto no hacía bien su trabajo pero, siempre estaba yo, que le defendía, le había cogido cierto cariño. Él tenía veinte años, me llevaba solamente cuatro años.
-Buena tarde - me sonrió.
-Hola Logan - respondí.
-¿Tienes hambre? - me preguntó mientras me sentaba en la silla, justo al lado de él.
-Sí ¿Qué hay?
Logan se levantó y cogió unas galletas que había encima de la encimera, supongo que de la tarde anterior. Me las extendió y las acepté.
-Gracias - sonreí.
-De nada Sid, después haré la cena.
-Te dije que odiaba que me llamaran Sid - refunfuñé.
-Lo sé, lo hago para fastidiarte un poco - dijo luciendo una de sus sonrisas.
-Ah, qué cariño me tienes - hablé.
-Mucho - afirmó.
Vino hacia mí y me abrazó. Sí, tenía mucha confianza con él. Las tardes que había pasado a su lado, divirtiéndonos y riendo cuando mi padre estaba de viaje, gracias a su trabajo.
Tomé mis galletas, sentada encima de la encimera mientras observaba cómo preparaba la cena. Manteníamos charla en todo momento, no había ningun momento donde estuvieramos en silencio, siempre ha sido así.
Minutos más tarde, la cena estaba en el comedor, en una larga mesa color crema, con sillas de su mismo color. Logan, se puso a descansar mientras mi padre y yo cenábamos. Ahora sí, estaba todo en absoluto silencio.
Desde que murió mi madre, siempre había pensado que mi padre no me quería ya que su cariño bajó desde entonces.
Me levanté perezosamente, como era habitual. Apagué el despertador y fui hacia mi ducha. Salí con una toalla que envolvía mi cuerpo. La dejé encima de mi cama al acabar de secarme y me vestí con el uniforme. Una falda con ondas azul fuerte, corta, con mis medias y una camiseta también azul, con el logo del instituto en mi lado izquierdo.
Bajé las escaleras, me paré en la habitación de Logan, al ver como se encontraba entreabierta. Toqué con el puño cerrado y entré. Estaba de espaldas a la puerta aunque, no por mucho tiempo, ya que se giró cuando toqué. Solamente con los pantalones puestos, su camiseta se hayaba encima de la cama, a punto de ser puesta. Quedé algo embobada al ver sus músculos, abdominales, aght.
-Esto... perdón - me disculpé mientras cerraba la puerta, quedándome fuera.
-No pasa nada - lo oí - puedes entrar.
Hice oídos sordos y fui a la cocina, no quería que observara como mis mejillas teñían de un color más rojizo que rosado. Cogí más galletas, las que sobraron ayer y con eso me bastó.
Subí hacia el cuarto de mi padre. Toqué con el puño cerrado en la puerta de su despacho, esperando un 'Entra'. Pero nada, así que decidí entrar por mi cuenta. No se encontraba ahí, genial. Me moví hacia su habitación, donde la puerta estaba otra vez cerrada. Toqué y tampoco respondía nadie. Entré sin permiso y lo encontré durmiendo, en la cama de matrimonio, donde faltaba la existencia de otro ser: mi madre. Estaba de lado opuesto a mí, mirando hacia la ventana.
Qué raro que todavía siga durmiendo, ya que él suele despertarse antes que yo. Cerré la puerta sigilosamente para que no se diera cuenta de que había entrado. Descendí las escaleras y me paré en el cuarto de Logan, ahora completamente cerrado. Fui hacia la cocina, ahí estaba. Vestido con el uniforme que había comprado mi padre para él, no sé para que tiene que llevarlo, es horrible para mi gusto.
-Siento lo de antes... - volví a disculparme.
-Te dije que no pasa nada - me sonrió. Observó su reloj de muñeca por un momento y volvió a mirarme - vas a llegar tarde Sidney.
-Mierda... - susurré - tendré que correr.
-¿Quieres que te lleve?
-No estaría de mal pero, ¿Con qué coche?
-Con el de tu padre - dijo sonriente. Le miré con recelo.
-Sabes que te va a matar si se entera - le recordé.
-Correré ese riesgo para que no llegues tarde, dame un minuto.
Abandonó la cocina y en menos de un minuto iba vestido con normalidad, no con ese precioso uniforme, nótese el sarcasmo. Yo cogí mi mochila que permanecía en la entrada. Él agarró las llaves del coche de mi padre, que estaban en un mueble al lado de la puerta. Tomó mi mano y me dirigió hacia el lamborghini negro.
-¿Sabes conducir? - le cuestioné.
-Sí, tengo el carnet pero, con lo que me paga tu padre, no hay lo suficiente como para comprar un coche.
-Entiendo - respondí mientras entraba en el coche.
Capítulo 1 - La llamada.
Me hipnotizaron esos ojos azul mar de mi joven profesor. Dios, qué
bien conjunta con su pelo castaño. Puede que muchas personas digan que
los ojos azules y el pelo castaño no concuerdan entre sí pero, están
equivocadas.
Tomé los apuntes que él redactaba. Intentando levantar mi vista para poder observar sus ojos azules pero, se puede decir que no me dio tiempo. Su velocidad iba aumentando y mi mano iba cada vez más cansada hasta que paró de dictar.
-¿Lo habéis entendido? - preguntó con seriedad mientras se dirigía hacia su mesa para tomar los exámenes corregidos para entregarlos, ya que estaba a punto de finalizar la clase.
Nadie contestó. Se ve que este contenido de química resultaba algo difícil y así era.
-Lo tomaré como un sí - se respondió.
Pasó por todas las mesas, dejando el examen correspondiente de cada uno en su mesa.
Cuando al fin me entregó mi prueba, comencé a maldecir en susurros ¿Por qué se me daba tan mal la química? Realmente, bachiller era dificil.
Hojeo y remiro mi examen una y otra vez. Al menos no lo suspendí, por esa parte debo estar feliz, ya que la mayoría de la clase lo ha suspendido, sin duda, este ha sido el examen más catastrófico de todo lo que llevamos de la primera evaluación.
Al escuchar un timbre que retumbó por toda la clase, automáticamente todos mis compañeros se levantaron y le cedieron el examen a mi atractivo y joven profesor Charlie Smith. Hasta el nombre es perfecto. Entregué la prueba la última. El Sr. Smith, serio como siempre, no mostró ningún tipo de interés cuando nuestras pieles rozaron levemente al dejar mi examen encima de sus manos. Mierda, jamás sentirá algo por mí.
-Tendrá que esforzarse más, señorita Evans - esas fueron sus únicas palabras.
Asentí y salí de clase. Sin pasar por mi casillero y me dirigí hacia la puerta de salida, donde ahí se encontraba Jake, un amigo mío desde la infancia (hasta se puede decir que es mi mejor amigo), que siempre habíamos coincidido en las clases. Su piel era blanca, su cabello era rubio y sus ojos de un color claro.
Como siempre, lució una de sus preciosas sonrisas al verme, me tomó del brazo y vino conmigo para acompañarme a casa como siempre hacía.
-¿Qué tal con tu novio? - se burló Jake.
-Cállate, sabes que no me gusta - dije con enfado.
A Jake no le había mencionado que estaba completamente enamorada de mi profesor de química pero, según él, intuyó que sentía cierto amor por Charlie pero yo, claramente se lo negaba todas las veces que Jake lo mencionaba, nadie podía enterarse de este sentimiento hacia el Sr. Smith.
-Te estás engañando a ti misma - siguió con su opinión.
-No me engaño, para ya de decir esa tontería - acabé, soltándome de su brazo.
La brisa jugó con mi cabello mientras el silencio nos invadía y así todo el camino. Algo distantes.
Se paró en el portal de mi casa, Jake se colocó en frente mía e implantó un delicado beso en mi mejilla.
-Te recojo mañana por la mañana - me anunció.
Asentí y abracé a mi mejor amigo.
-Nos vemos mañana - sonreí.
Entré en casa y como siempre, estaba todo en silencio. Subí las escaleras y fui donde se encontraba siempre mi padre: en su despacho. Toqué la puerta con uno de mis puños cerrados y entré.
Lo encontré sentado en su silla negra, con ruedecitas, hablando por teléfono. Me senté en una silla también negra que se encontraba al otro lado de la mesa donde se encontraba mi padre. Esperé a que acabara.
-¿Qué tal el día Sidney? - preguntó colgando el teléfono.
-Bien... - dudé - bien - dije con un tono más segura.
-No es lo que me han comentado, al parecer necesitas refuerzo de química - habló mi padre pegando un sorbo a su café.
Agaché mi cabeza y me dispuse a mirar el suelo.
-Sí... - musité.
-Tienes suerte, Charlie Smith, se ofrece a ayudarte por las tardes para que mejores.
Alcé rápidamente mi vista al oír el nombre Charlie Smith.
-¿Enserio? - intenté no parecer entusiasmada.
Él solo asentía mientras me miraba, serio y distante, como de costumbre desde que murió mi madre.
-¿Cuando empiezo? - imité su seriedad.
-Mañana a las cuatro y media. Según me han comentado, será así de lunes a viernes.
-¿No será mucho esfuerzo para el Sr.Smith? - pregunté mientras jugaba con mis dedos.
-Sí pero, dicen que se ofreció él mismo en ayudarte - concluyó.
Tomé los apuntes que él redactaba. Intentando levantar mi vista para poder observar sus ojos azules pero, se puede decir que no me dio tiempo. Su velocidad iba aumentando y mi mano iba cada vez más cansada hasta que paró de dictar.
-¿Lo habéis entendido? - preguntó con seriedad mientras se dirigía hacia su mesa para tomar los exámenes corregidos para entregarlos, ya que estaba a punto de finalizar la clase.
Nadie contestó. Se ve que este contenido de química resultaba algo difícil y así era.
-Lo tomaré como un sí - se respondió.
Pasó por todas las mesas, dejando el examen correspondiente de cada uno en su mesa.
Cuando al fin me entregó mi prueba, comencé a maldecir en susurros ¿Por qué se me daba tan mal la química? Realmente, bachiller era dificil.
Hojeo y remiro mi examen una y otra vez. Al menos no lo suspendí, por esa parte debo estar feliz, ya que la mayoría de la clase lo ha suspendido, sin duda, este ha sido el examen más catastrófico de todo lo que llevamos de la primera evaluación.
Al escuchar un timbre que retumbó por toda la clase, automáticamente todos mis compañeros se levantaron y le cedieron el examen a mi atractivo y joven profesor Charlie Smith. Hasta el nombre es perfecto. Entregué la prueba la última. El Sr. Smith, serio como siempre, no mostró ningún tipo de interés cuando nuestras pieles rozaron levemente al dejar mi examen encima de sus manos. Mierda, jamás sentirá algo por mí.
-Tendrá que esforzarse más, señorita Evans - esas fueron sus únicas palabras.
Asentí y salí de clase. Sin pasar por mi casillero y me dirigí hacia la puerta de salida, donde ahí se encontraba Jake, un amigo mío desde la infancia (hasta se puede decir que es mi mejor amigo), que siempre habíamos coincidido en las clases. Su piel era blanca, su cabello era rubio y sus ojos de un color claro.
Como siempre, lució una de sus preciosas sonrisas al verme, me tomó del brazo y vino conmigo para acompañarme a casa como siempre hacía.
-¿Qué tal con tu novio? - se burló Jake.
-Cállate, sabes que no me gusta - dije con enfado.
A Jake no le había mencionado que estaba completamente enamorada de mi profesor de química pero, según él, intuyó que sentía cierto amor por Charlie pero yo, claramente se lo negaba todas las veces que Jake lo mencionaba, nadie podía enterarse de este sentimiento hacia el Sr. Smith.
-Te estás engañando a ti misma - siguió con su opinión.
-No me engaño, para ya de decir esa tontería - acabé, soltándome de su brazo.
La brisa jugó con mi cabello mientras el silencio nos invadía y así todo el camino. Algo distantes.
Se paró en el portal de mi casa, Jake se colocó en frente mía e implantó un delicado beso en mi mejilla.
-Te recojo mañana por la mañana - me anunció.
Asentí y abracé a mi mejor amigo.
-Nos vemos mañana - sonreí.
Entré en casa y como siempre, estaba todo en silencio. Subí las escaleras y fui donde se encontraba siempre mi padre: en su despacho. Toqué la puerta con uno de mis puños cerrados y entré.
Lo encontré sentado en su silla negra, con ruedecitas, hablando por teléfono. Me senté en una silla también negra que se encontraba al otro lado de la mesa donde se encontraba mi padre. Esperé a que acabara.
-¿Qué tal el día Sidney? - preguntó colgando el teléfono.
-Bien... - dudé - bien - dije con un tono más segura.
-No es lo que me han comentado, al parecer necesitas refuerzo de química - habló mi padre pegando un sorbo a su café.
Agaché mi cabeza y me dispuse a mirar el suelo.
-Sí... - musité.
-Tienes suerte, Charlie Smith, se ofrece a ayudarte por las tardes para que mejores.
Alcé rápidamente mi vista al oír el nombre Charlie Smith.
-¿Enserio? - intenté no parecer entusiasmada.
Él solo asentía mientras me miraba, serio y distante, como de costumbre desde que murió mi madre.
-¿Cuando empiezo? - imité su seriedad.
-Mañana a las cuatro y media. Según me han comentado, será así de lunes a viernes.
-¿No será mucho esfuerzo para el Sr.Smith? - pregunté mientras jugaba con mis dedos.
-Sí pero, dicen que se ofreció él mismo en ayudarte - concluyó.
martes, 18 de febrero de 2014
Sinopsis.
Solamente una idea en mente, enamorarle. Sidney no se rendiría jamás hasta que lo tuviera a los pies.
Pero todo cambia cuando alguien se interpone en su camino. Ella se ve obligada a quitarla de en medio, sin pensar las consecuencias que pueden llevarla a hacer eso. ¿Sidney terminará saliéndose con la suya o antes de ello volverá a enamorarse?
Podrás notar como poco a poco, el entorno de ella cambia. Como secretos jamás imaginados se descubren y el cómo una visita no deseada, podría cambiar su vida.
Pero todo cambia cuando alguien se interpone en su camino. Ella se ve obligada a quitarla de en medio, sin pensar las consecuencias que pueden llevarla a hacer eso. ¿Sidney terminará saliéndose con la suya o antes de ello volverá a enamorarse?
Podrás notar como poco a poco, el entorno de ella cambia. Como secretos jamás imaginados se descubren y el cómo una visita no deseada, podría cambiar su vida.
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