Y había pasado esa maldita mañana de un viernes sin ver a Charlie.
Me encontraba caminando hacia las clases particulares de química, acompañada de Jake. Este me contaba su historia de cómo había podido fijarse en Lucas, a lo que a mí sinceramente no me importaba demasiado, así que decidí desconectar y seguir andando como si lo hiciera solitariamente.
-...y creo que debería olvidarlo ¿Tú qué opinas?
-¿Eh? - dije sin pensar - oh... pues, sinceramente no estoy muy segura, si de verdad le amas deberías seguir luchando por él - solté convencida.
-¿Cómo tú haces con Charlie? - preguntó, haciendo que se le escapara una pequeña risa.
Giré la cabeza, conectando su mirada con la mía.
-Estúpido - dije secamente - no me gusta y punto. ¿Cuantas veces debo repetírtelo?
Jake solamente se encogió de hombros y se paró junto a mí en la entrada del instituto. Le besé la mejilla, me despedí y me dirigí hacia la clase. Al llegar, toqué la puerta y seguidamente entré.
Nada más entrar, me encontré a Charlie con el pelo revuelto y con los botones de la camisa sin abrochar, permitiéndome una vista clara de sus bronceados abdominales. Su tranquilidad, como era de costumbre, se hacía presente en ese momento algo incómodo donde claramente me sonrojé.
Decidí no preguntar nada por el aspecto que estaba demostrando, y tan solo me limité en sentarme en mi sitio.
Cuando terminó de ponerse todos los botones de su camisa, me saludó con una leve sonrisa.
-¿Empezamos entonces? - sugirió.
Yo solamente asentí.
-Vayamos al laboratorio, y repitamos lo de la clase anterior - empezó.
Volví a asentir. Por la verguenza, creía que solamente sabía hacer eso.
Me levanté y le seguí el paso hasta llegar al laboratorio.
Al abrir la puerta, mis ojos se asombraron al ver a una chica castaña arreglando su pelo nerviosamente. Charlie se aclaró la garganta y eso hizo que la chica nos mirara con nerviosismo.
-Yo... Ya me iba - murmuró.
La seguí con la mirada, haciéndolo con desconfianza, hasta que abandonó el laboratorio.
-¿Empezamos? - preguntó con su actitud habitual, con la mayor tranquilidad que alguien puede tener, ¿cómo?
-Sí - murmuré.
La hora pasó, siguiendo sus pasos con lentitud mientras iba perdiéndome en mis pensamientos.
La puerta sonó de repente, haciéndonos girar hacia ella.
-Adelante.
Vi entrar a una pequeña figura con arrugas, oh no... abuela.
-¿Desea algo? - preguntó la voz varonil de Charlie.
-Abuela... ¿No venías más tard...?
-Sidney cariño - empezó mi abuela, ignorándonos, rebuscando en su bolso - he visto que en el calendario iba a bajarte hoy la regla, así que te he traido estas compresas por si acaso.
Acabó de sacarlas de su bolso y me las tendió para que las cogiera. Mis ojos se abrieron, intentando analizar lo que estaba sucediendo.
Escuché una pequeña risita de parte de Charlie, y eso hizo que me sonrojara aun más de lo que estaba.
Cogí las compresas no muy convencida y las guardé en mi bolsillo trasero. Mi abuela sonrió satisfecha.
-Pastelita, te espero fuera, que nos vamos juntas a casa ¿Vale?
Me di fuertemente con la palma de mi mano en la frente.
-Vale...
Ella salió sonriendo del laboratorio mientras yo, seguía roja como una manzana. Miré avergonzada a Charlie, que este me sonreía con naturalidad.
-¿No ha notado mi presencia? - dijo Charlie, confundido.
-Ni la tuya ni la de ningún hombre - expliqué, mientras el color carmín de mis mejillas se esfumaba con lentitud - ella los odió, cuando mi abuelo la dejó sola con dos hijos. Desde ese entonces, tan solo nota la presencia de ellos y de Logan, solamente por ser nuestro mayordomo.
Él asintió.
-¿Nos vemos el lunes entonces? - preguntó.
-Sí... claro - balbuceé.
-Buen fin de semana. Cuidado no hayas manchado mucho.
Le miré enfadada, él tan solo volvió a sonreír.
-Tan solo bromeaba, buen fin de semana a ti también.
-Gracias - musité.
-No las des, pequeña.
Cerré la puerta, encontrándome de nuevo con esa persona llamada abuela, que empezaba a odiar por ponerme tantas veces en ridículo. Mientras esperaba a que se levantara, recordé las últimas palabras que fueron dichas por boca de Charlie 'No las des, pequeña', no sé por qué pero, me recordaba a algo.
-¿Qué? ¿Has manchado al final? - preguntó mientras acababa de incorporarse del banco.
-¡Abuela! ¡No! - respondí alzando la voz.
-A mí no me grites, pastelita.
-Perdón abuela.
Finalmente, nos dirijimos hacia casa. Gracias a su vejez, debimos cojer el bus, ya que ella se indignaba a caminar una media hora.
Al llegar a casa, vi como mi padre esperaba en la puerta, juntamente con sus maletas, a un taxi para que lo llevase al aeropuerto. Fui a abrazarlo.
-Te echaré de menos hijita - musitó.
-Yo también, papá.
Dicho esto, el vehículo llegó y vi como se marchaba, lejos de mí.
Entré a casa, todavía enfadada por la estúpida llegada de mi abuela en el laboratorio. Sin saludar a Logan, subí a mi habitación y me encerré en ella. Estuve escuchando música mientras hablaba con Jake, tumbada en mi cama.
Cuando fue la hora de cenar, me despedí de mi mejor amigo, quitéla canción Miss you que actualmente sonaba y bajé a la primera planta.
Desde que salí de mi habitación, se oyó una música que parecía salsa. Aturdida, descendí las escaleras, hasta llegar donde provenía la melodía: la cocina.
Al abrir la puerta, mis ojos no daban crédito a lo que estaba viendo. ¿Abuela? ¿Logan? ¿Salsa? ¿Qué leches está pasando? ¿Alguien me lo explica?
Sí, mi abuela y Logan estaban en la cocina bailando animadamente salsa. No lo hacían nada mal, pero verlos moverse así, no era algo normal.
Acabada la canción, chocaron las manos.
-Bien hecho Logan - habló mi abuela.
Quedé más asombrada todavía cuando ella le dio un cachete amistoso en el culo a Logan.
¿Qué me he perdido?
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Jo, gracias a esas personas que leen la novela y aunque no pueda responder los coments -desde el móvil no me deja, no sé por qué-, pues, gracias por leerla y espero los comentarios en el siguiente. En un par de días subiré el 11, que ya lo tengo.