lunes, 23 de junio de 2014

Capítulo 10 - La sorpresa de la abuela.

Y había pasado esa maldita mañana de un viernes sin ver a Charlie.


Me encontraba caminando hacia las clases particulares de química, acompañada de Jake. Este me contaba su historia de cómo había podido fijarse en Lucas, a lo que a mí sinceramente no me importaba demasiado, así que decidí desconectar y seguir andando como si lo hiciera solitariamente.


-...y creo que debería olvidarlo ¿Tú qué opinas?


-¿Eh? - dije sin pensar - oh... pues, sinceramente no estoy muy segura, si de verdad le amas deberías seguir luchando por él - solté convencida.


-¿Cómo tú haces con Charlie? - preguntó, haciendo que se le escapara una pequeña risa.


Giré la cabeza, conectando su mirada con la mía.


-Estúpido - dije secamente - no me gusta y punto. ¿Cuantas veces debo repetírtelo?


Jake solamente se encogió de hombros y se paró junto a mí en la entrada del instituto. Le besé la mejilla, me despedí y me dirigí hacia la clase. Al llegar, toqué la puerta y seguidamente entré.


Nada más entrar, me encontré a Charlie con el pelo revuelto y con los botones de la camisa sin abrochar, permitiéndome una vista clara de sus bronceados abdominales. Su tranquilidad, como era de costumbre, se hacía presente en ese momento algo incómodo donde claramente me sonrojé.


Decidí no preguntar nada por el aspecto que estaba demostrando, y tan solo me limité en sentarme en mi sitio.


Cuando terminó de ponerse todos los botones de su camisa, me saludó con una leve sonrisa.


-¿Empezamos entonces? - sugirió.


Yo solamente asentí.


-Vayamos al laboratorio, y repitamos lo de la clase anterior - empezó.


Volví a asentir. Por la verguenza, creía que solamente sabía hacer eso.


Me levanté y le seguí el paso hasta llegar al laboratorio.


Al abrir la puerta, mis ojos se asombraron al ver a una chica castaña arreglando su pelo nerviosamente. Charlie se aclaró la garganta y eso hizo que la chica nos mirara con nerviosismo. 


-Yo... Ya me iba - murmuró. 


La seguí con la mirada, haciéndolo con desconfianza, hasta que abandonó el laboratorio.


-¿Empezamos? - preguntó con su actitud habitual, con la mayor tranquilidad que alguien puede tener, ¿cómo?


-Sí - murmuré.


La hora pasó, siguiendo sus pasos con lentitud mientras iba perdiéndome en mis pensamientos.


La puerta sonó de repente, haciéndonos girar hacia ella.


-Adelante.


Vi entrar a una pequeña figura con arrugas, oh no... abuela.


-¿Desea algo? - preguntó la voz varonil de Charlie.


-Abuela... ¿No venías más tard...?


-Sidney cariño - empezó mi abuela, ignorándonos, rebuscando en su bolso - he visto que en el calendario iba a bajarte hoy la regla, así que te he traido estas compresas por si acaso.


Acabó de sacarlas de su bolso y me las tendió para que las cogiera. Mis ojos se abrieron, intentando analizar lo que estaba sucediendo.


Escuché una pequeña risita de parte de Charlie, y eso hizo que me sonrojara aun más de lo que estaba.


Cogí las compresas no muy convencida y las guardé en mi bolsillo trasero. Mi abuela sonrió satisfecha.


-Pastelita, te espero fuera, que nos vamos juntas a casa ¿Vale?


Me di fuertemente con la palma de mi mano en la frente.


-Vale...


Ella salió sonriendo del laboratorio mientras yo, seguía roja como una manzana. Miré avergonzada a Charlie, que este me sonreía con naturalidad.


-¿No ha notado mi presencia? - dijo Charlie, confundido.


-Ni la tuya ni la de ningún hombre - expliqué, mientras el color carmín de mis mejillas se esfumaba con lentitud - ella los odió, cuando mi abuelo la dejó sola con dos hijos. Desde ese entonces, tan solo nota la presencia de ellos y de Logan, solamente por ser nuestro mayordomo.


Él asintió.


-¿Nos vemos el lunes entonces? - preguntó.


-Sí... claro - balbuceé.


-Buen fin de semana. Cuidado no hayas manchado mucho.


Le miré enfadada, él tan solo volvió a sonreír.


-Tan solo bromeaba, buen fin de semana a ti también.


-Gracias - musité.


-No las des, pequeña.


Cerré la puerta, encontrándome de nuevo con esa persona llamada abuela, que empezaba a odiar por ponerme tantas veces en ridículo. Mientras esperaba a que se levantara, recordé las últimas palabras que fueron dichas por boca de Charlie 'No las des, pequeña', no sé por qué pero, me recordaba a algo.


-¿Qué? ¿Has manchado al final? - preguntó mientras acababa de incorporarse del banco.


-¡Abuela! ¡No! - respondí alzando la voz.


-A mí no me grites, pastelita.


-Perdón abuela.


Finalmente, nos dirijimos hacia casa. Gracias a su vejez, debimos cojer el bus, ya que ella se indignaba a caminar una media hora.


Al llegar a casa, vi como mi padre esperaba en la puerta, juntamente con sus maletas, a un taxi para que lo llevase al aeropuerto. Fui a abrazarlo.


-Te echaré de menos hijita - musitó. 


-Yo también, papá. 


Dicho esto, el vehículo llegó y vi como se marchaba, lejos de mí.


Entré a casa, todavía enfadada por la estúpida llegada de mi abuela en el laboratorio. Sin saludar a Logan, subí a mi habitación y me encerré en ella. Estuve escuchando música mientras hablaba con Jake, tumbada en mi cama.


Cuando fue la hora de cenar, me despedí de mi mejor amigo, quitéla canción Miss you que actualmente sonaba y bajé a la primera planta.


Desde que salí de mi habitación, se oyó una música que parecía salsa. Aturdida, descendí las escaleras, hasta llegar donde provenía la melodía: la cocina.


Al abrir la puerta, mis ojos no daban crédito a lo que estaba viendo. ¿Abuela? ¿Logan? ¿Salsa? ¿Qué leches está pasando? ¿Alguien me lo explica?


Sí, mi abuela y Logan estaban en la cocina bailando animadamente salsa. No lo hacían nada mal, pero verlos moverse así, no era algo normal.


Acabada la canción, chocaron las manos.


-Bien hecho Logan - habló mi abuela.


Quedé más asombrada todavía cuando ella le dio un cachete amistoso en el culo a Logan.


¿Qué me he perdido?


(---)


Jo, gracias a esas personas que leen la novela y aunque no pueda responder los coments -desde el móvil no me deja, no sé por qué-, pues, gracias por leerla y espero los comentarios en el siguiente. En un par de días subiré el 11, que ya lo tengo.

miércoles, 26 de febrero de 2014

Capítulo 9 - Una maldita pesadilla.

-¿Qué? - eso fue lo único que pude decir.
-Lo que has oído, Sidney. Estoy enamorado de Lucas White - me repitió.
En conclusión, mi mejor amigo era homosexual. Ahora todo cuadra, por eso él no tenía relaciones con chicas, ni nada por el estilo, Jake siempre ha estado enamorado de un chico.
Me sentía incómoda en estos momentos, ¿qué decía? ¡Qué magnífico, te gusta una lapa!, porque claro, no podía ser otro que Lucas.
-Y tenía que ser un molusco... - murmuré para mí misma.
-¿Eh? - habló confundido.
-Nada - me limité a decir.
Me sentía en blanco, lo mejor sería esquivar el tema y hablar otra cosa.
-Pues... - empecé, para después quedarme unos segundos callada - ¿mañana vienes a recogerme a la misma hora?
Esto había parecido una despedida, más que otra cosa. Jake asintió.
-Mañana a la misma hora - añadió mientras se levantaba del columpio, yo le copié.
Ambos nos abrazamos y nos despedimos con un simple "hasta mañana" y nuestros caminos se separaron.
Llegué a casa sobre las siete. Encontré a mi padre hecho humos, sentado en una silla mirando fijamente hacia la puerta que acababa de cerrar.
-Bonita puerta ¿verdad?
-¿Dónde has estado hasta tan tarde? ¿No terminabas a las cinco y media? ¿Por qué no respondías a mis llamadas?
Estuve un tiempo en silencio, pensando qué responder.
-He estado en el parque con Jake. Sí y no me has llamado en toda la tarde.
-Sabes que siempre tienes que pedirme permiso, estaba preocupado por ti porque no llegabas, pensé que te había ocurrido algo. Menos mal que no estarás sola con Logan, si no que estarás con la abuela. Sí te he llamado ¿Por qué no me has respondido?
-No, no me ha ocurrido nada y sí seguro que la abuela me protegerá de un violador si estamos por la calle solas - saqué mi móvil del bolso y lo desbloqueé. Efectivamente, me había llamado y no me había enterado - Ups...
-Que no vuelva a ocurrir - concluso mi padre, antes de levantarse y subir las escaleras, seguramente que para ir a su despacho como siempre.
Rodé mis ojos.
Pasé la siguiente hora viendo la tele, no tenía deberes, ya que no quedaba a penas nada para llegar a semana santa.
Miré el reloj del salón: las ocho y pasadas. Mi estómago empezó a rugir, así que fui hacia a la cocina, me preparé una taza de leche caliente y me la bebí, ese sería mi cena de hoy.
***
Corría y corría entre una casa hechizada de fantasmas. Nunca lograba de salir de esa estúpida habitación. Por más esfuerzo que pusiera, era como si no me hubiera movido del lugar.
-Sidney... estoy...
Me giré. Esa voz ronca y grave me daba repelús. Detrás mía no había nada.
-Al otro lado...
Di una vuelta sobre mí misma, volviendo a contemplar lo mismo que segundos atrás.
-Acércate...
Inconscientemente avancé unos pasos, sentía la muerte cerca, tan solo...
-Madre muerta... al igual que tú...ahora... no... tengas miedo...
Me desperté de un salto. Me encontraba sin sábana alguna, con la respiración agitada y con más miedo que otra cosa. Lágrimas caían por mis mejilas "Madre muerta, al igual que tú ahora, no tengas miedo". Esas malditas palabras... de una voz ronca y grave.
Bajé las escaleras sigilosamente, no podía dormir sola, tenía miedo, estaba asustada. Entré en la habitación de Logan, él siempre conseguía calmarme, y créanme que esta no era la primera vez que entraba en su habitación a las tres de la madrugada.
Vi una figura en la cama y despacio, me acerqué a ella. Fui a la parte donde había un pequeño hueco, ahí dormiría esta noche. Antes de abrir la sábana, toqué su hombro delicadamente. Lentamente se fue incorporando y giró su cabeza hacia mi dirección.
-¿Una pesadilla?
Asentí avergonzada. Pude notar como sonreía y me hacía más sitio del que había antes. Su cuerpo me tapaba la puerta, me sentía escondida, segura. Metidos en la cama, pude saber que dormía solamente con pantalones cortos, pero eso no me importó mucho.
Abracé su desnudo torso y levanté la vista, para toparme con su mirada. La poca luz que había en la habitación me dejaba diferenciar si sus ojos estaban abiertos o cerrados, y en este instante, los tenía como primero había dicho: abiertos. Me sonrojé levemente al conectar nuestras miradas. Musité un "gracias", y besé su mejilla.
-No las des, pequeña.

Capítulo 8 - Una tarde con té y de más [Parte 2]

Sus ojos todavía fijos en los míos, ambos en silencio. Me acerqué un par de milímetros más, acortando nuestros rostros.
-Sidney - habló mi padre, entrando en la habitación sobresaltándome y quedarme en la otra punta de la cama, casi cayendo - ven aquí, tengo que comentarte una cosa, Aurora está esperando.
Me levanté lo más rápido que puse y asentí. Le di una mirada fugaz a Logan y salí casi corriendo de su habitación. Caminaba detrás de mi padre en dirección hacia el salón, ¿qué había pasado?, más bien, ¿que habría pasado si nuestro momento no hubiera sido interrumpido?.
Sacudí la cabeza para poder concentrarme con lo que mi padre quería comentarme. Al entrar al salón vi a la preciosa de Aurora, espero que se haya notado el sarcasmo, sentada en el sofá tomando el té que había encima de la mesa.
-¿No estabais viendo una película? - solté sin pensar.
-Estábamos viendo el CD que Aurora había , traído donde ahí se aportaban algunas ideas que ella había pensado - respondió mi padre, algo frío - ¿Nos has estado espiando?
Negué rápidamente, él solamente asintió como respuesta.
-Bueno, siéntate, mi querida Sid - dijo la castaña.
Suspiré indignada ¿no pueden llamarme Sidney? ¡Sidney! Sid-ney: séis letras, dos sílabas, una palabra, tan simple como eso. ¡Pero no!, equis gente ha de llamarme Sid para fastidiar.
Igualmente, me senté en el sofá, el opuesto al que estaba sentada Aurora.
-Verás - empezó a explicar mi padre - Aurora y yo debemos ir a un viaje de negocios - soltó - acaban de llamarnos para arreglar unos papeles y tendremos que viajar un par de días, es algo complicado.
¡Viaje! ¡Mi padre se va de viaje! ¿Tenía que estar feliz? Sí, bueno, en parte no del todo, más o menos... es decir... no importa. La cuestión era que se iba de viaje y que yo me quedaría sola en casa. Empecé a saltar de alegría mentalmente.
-Nos iremos este mismo viernes, pasado mañana - añadió Aurora.
Y tú cuando te vas ¿Aurora Green?, pensé inocentemente.
Asentí como respuesta. Me levanté para irme, pero una fuerza mayor me estiró del brazo y me obligó a sentarme de nuevo en el sofá.
-No tan rápido señorita - habló mi padre haciendo que me siente al lado suya de nuevo - el mismo viernes que nosotros nos vayamos hacia la capital, Madrid, la abuela vendrá a cuidarte.
Rodé los ojos. ¿Mi abuela? ¿Enserio papá? ¿Sabes quién es ella en realidad? Claro, como no lo sabe, ¡pues venga! ¡Sidney se queda con la abuela!, ¿que quién es mi abuela?, la peor abuela que hayáis podido conocer. Jamás me cayó del todo bien. Desde que era pequeña, ella solía venirme a recoger a la escuela, ya que mi madre trabajaba, y siempre solía ponerme en ridículo delante de todos , y cuando la veo sigue haciéndolo, que estrés de abuela tengo. Lamentablemente, solo la tengo a ella como abuela.
Asentí de nuevo, ya buscaría la manera de deshacerme de ella.
-¿Cuando volveréis? - pregunté sin más.
-Cinco días, una semana - respondió la castaña.
-Vale. ¿Ya puedo irme, papá? - él asintió.

Ya era por la noche, no hacía mucho que Aurora se había marchado. Mi padre había insistido en que se quedara a cenar pero gracias a dios, ella tuvo que marcharse, ya que la esperaba su madre en casa. ¡Punto a mi favor!.
Había terminado de cenar, me dirigí hacia la habitación de Logan. Abrí la puerta sigilosamente, todo estaba a oscuras, quizás ya estaba durmiendo, no le molestaría. Cuando iba a cerrar la puerta, la luz de su habitación se encendió y lo pude ver tumbado en la cama, con el brazo estirado hacia el interruptor de la luz que estaba al lado de su cama.
-Ho...hola - balbuceé - siento... haberte despertado.
-No pasa nada Sidney - me sonrió - ¿Necesitabas algo?
Logan se incorporó, haciendo que la sábana cayera y mostrara su hermoso abdomen desnudo, oh dios mío. Noto que me flojean las piernas, esto no es algo normal. Moriría si fuera Charlie.
-Y-yo... - tartamudeé - solo vine a darte las buenas noches. Buenas noches - hablé rápido para después cerrar la puerta lo más rápido posible e irme prácticamente corriendo hacia mi dormitorio.
Mi padre hacía tiempo que se había ido a dormir, según él, "mañana sería un dia largo". Observé como encima de mi mesita de noche vibraba mi móvil. Lo desbloqueé, era Jake.
"Mañana vengo a por ti para irnos juntos. ¿Te parece bien? No aceptaré un no por respuesta."
Reí tontamente. Tecleé un par de veces y le envié mi respuesta.
"Claro que sí tonto. Buenas noches, te quiero."
Enviado esto, apagué mi móvil y lo puse a cargar. Me puse el pijama y lavé mis dientes, abrí mi sábana y me metí dentro. En pocos segundos caí en un sueño profundo.


La mañana siguiente transcurrió tranquila y normal, como cada día, sin librarme de las estupideces de la lapa insoportable robador de carteras y de las de la castaña de Ámber. Quitando eso, las clases fueron estupendamente.
Ahora solamente quedaban unos pasos para llegar a la clase donde tenía la clase particular con Charlie, hoy iba a ser la primera vez que le vería, ya que no me había tocado clase con él.
-Buenas tardes - saludé entrando a la clase.
-Siéntese señorita Evans - habló con cautela - qué bonita va hoy.
Agaché la cabeza mientras iba hacia la primera fila y me sentaba en una de las sillas, totalmente sonrojada por su cumplido. En un momento a solas, estaría saltando de alegría como una estúpida, pero debía controlarme, o al menos lo que quedaba de hora.
-Gra-gra-gra-gra-cias - tartamudeé.
Oh dios mío, había parecido tonta. Por parte de él solo se escuchó una leve risa.
Estuvimos utilizando la tabla periódica durante toda la clase. Lamentablemente, no hubo acercamientos por parte de él, algo que me fastidió bastante.
Al finalizar la clase, me levanté de mi asiento y guardé mis cosas mientras él hacía lo mismo. Al terminar, me giré hacia él y este se dirigió hacia mí, solo un par de centímetros separaban nuestros cuerpos.
Alcé mi cabeza para poder mirarle, ya que me superaba en cuanto altura.
-Prométeme que estudiarás - exigió.
Asentí mientras mi mirada viajaba de sus ojos hacia su boca, provocando más cercanía entre nuestros rostros. Un poco más...
Unos toques a la puerta nos hicieron separarnos rápidamente. Se asomó la cara de la profesora de educación física, genial. La meteré en la lista de gente a la que tengo que fastidiar.
-Sr. Smith, le están esperando abajo - habló con su voz áspera.
-Oh sí, claro, dígales que ahora bajo.
La profesora asintió y cerró la puerta. No me atreví a conectar su mirada con la mía, así que me detuve a mirar al suelo.
-Yo...yo... me esperan en casa, nos vemos mañana - dije prácticamente saliendo de clase corriendo.
-No corra mucho, no vaya a ser que se le vuelva a levantar la falda. Hasta mañana mi preciosa alumna.
Salí lo más rápido de clase. ¿Se me había levantado la falda? No era muy usual en mí llevar pero claro, si tengo que ver a Charlie pues... hago lo que sea para parecer atractiva, espera un momento, ¡se me había levantado la falda!. Mis mejillas cogieron un color carmín rápidamente, qué verguenza dios.
Por otra parte, prometo que mataré a la profesora de educación física por interrumpir ese momento tan... íntimo, en el que estaba a punto de besarle por primera vez.
Él no pareció nervioso al ver que casi la señora Green nos pilla, ¡que va!, Charlie seguía tan tranquilo como siempre, a veces quiero saber su secreto para permanecer tan tranquilo a pesar de que cosas tan locas, como lo que estaba a punto de pasar, ocurrieran a su alrededor, seguir igual de calmado como si nada.
Escuché una musiquita proveniente de mi bolso, mi móvil. Lo saqué y miré el nuevo mensaje de Jake que me había mandado.
"Sidney, necesito que estés en el parque a las séis en punto. Debemos hablar, es importante"

Capítulo 7 - Una tarde con té y de más [Parte 1]

Logan ya había preparado todo para el té que Aurora Green y mi padre iban a tomar. ¡Incluso este último se había vestido más formal de lo que solía ir siempre!, si que le debía gustar esa chica.
Como amaría que mi madre estuviera aquí ahora, conmigo, sin tener que soportar que otra mujer esté tomando el té con mi padre.
De pronto, sonó el timbre, haciéndome volver a la vida real y alejarme de mis pensamientos. Logan se me adelantó y abrió antes de que lo pudiera hacer yo.
-Bienvenida - oí a Logan.
Quedé parada en medio del pasillo observando su cuerpo y cara. Era bastante guapa, tenía los ojos verdes y el cabello castaño con ondulaciones al final, también tenía un cutis precioso. Estaba bastante delgada y era alta, pero no más que mi padre. Que fuera guapa, no quitaría la posibilidad de que fuera una bruja de  persona, aunque espero que no lo sea, pero sus gestos apuntan lo contrario.
Aurora le dedicó una cálida sonrisa a Logan, y esta penúltima vino alegremente hacia mí y me abrazó como si me conociera de toda la vida, extraño.
-Tú debes ser la pequeña Evans ¿No es así? - habló la castaña, yo solamente asentí - Rob me habló mucho de ti.
¿Mi padre le había hablado de mí? ¿Por qué? Yo solamente sonreí por su última frase antes de que mi padre empezara a caminar hacia nosotras, con intención de saludar a la invitada.
-Sra. Green - saludó mi padre agarrando la mano de la susodicha y besándola con delicadeza - es un placer que esté aquí.
-Por favor, llámame Aurora - sonrió esta con una risita estúpida.
-Lo que usted prefiera, Aurora - ambos sonrieron.
Oh dios, si creo que estoy un rato más aquí, vomitaré encima de sus zapatos, y nadie quiere eso ¿verdad?.
-Si me necesitáis estaré en mi cuarto.
Dicho esto, a paso rápido subí las escaleras y me dirigí hacia mi habitación, antes de que pudieran reclamarme.
Saqué los libros de filosofía para hacer los deberes que nuestro aburrido profesor había puesto para mañana. Me senté en la mesa de escritorio, abrí el libro por la página correspondiente y empecé a leer.
Genial, no entiendo nada, pero aún así los haré de cualquier manera para que sepa que al menos los hice.
Media hora después terminé todos mis deberes y me encaminé hacia la planta baja, esperando a que la señora Aurora Green ya se hubiera marchado, cosa que dudaba. Sigilosamente me dirigí hacia el comedor y me asomé un poco y así era, seguían ahí conversando animádamente juntos.
Una mano se posó en mi cintura y la otra en mi boca, impidiéndome gritar del susto.
-No los molestes - susurró a mi oído, claramente era Logan.
Me giré rápidamente. Tan solo un par de centímetros separaban nuestros rostros.
-Oh, claro, sí -  balbuceé.
Me alejé de él, ojalá hubiera sido Charlie. Suspiré cansada y fui hacia la habitación de Logan, sin nada que hacer, este me siguió, yo me tumbé en su cama bocarriba. Su dormitorio estaba pegado al salón, donde estaban los adultos felices. Se podía oír la risa exagerada y  falsa de Aurora cuando mi padre estaba contando seguramente alguna de sus anécdotas, que a mí sinceramente me aburrían.
Logan cerró la puerta de su habitación y se tumbó a mi lado, también bocarriba. Disimuladamente le miré, estaba concentrado mirando el techo, seguramente pensaría en algo en concreto. Hice lo mismo que él.
En su dormitorio reinaba el silencio, pero para nada incómodo, era como relajante.
-¿Ves? - empezó él girándose hacia mí - no están haciendo nada.
-Eso es lo que tú te crees Logan - respondí girándome hacia él también y sonriéndole.
-Siempre podemos ir a mirar para asegurarnos - propuso.
Susurré un sí. Sinceramente, no me apetecía levantarme, salir de la habitación y asomarme disimuladamente, después volver y tumbarme de nuevo, era demasiado trabajo, llámenme vaga pero después de hacer media hora seguida de deberes, lo único que quería era descansar.
Por parte, ahora desearía estar en la clase particular con Charlie, pero también me apetecía quedarme aquí acostada. Cerré los ojos, dispuesta a dormirme.
-¿Soy yo o se ha oído un gemido de mujer? - dijo él interrumpiendo mi sueño.
-Eres tú - dije sin más.
No había oído nada, no se escuchaba nada. Volví a cerrar los ojos. Las estúpidas risas de esa señora habían cesado y ahora se oía solamente un ¿gemido? ¿Qué leches? Se había oído muy cerca.
-No soy yo - respondió Logan.
-Cierto, no eres tú.
Me levanté y me dirigí hacia la puerta, dicidida para salir a mirar qué estaba pasando con ese par de adultos sin control, ¿les parece adecuado hacer eso en una casa con dos personas más al lado?. Oí las carcajadas de Logan detrás de mí, antes de que yo saliera, así que me giré en su dirección.
-¿Qué pasa? - cuestioné aturdida.
Él negó con la cabeza y siguió riendo. Arqueé la ceja y salí de su habitación.
Sigilosamente, me asomé. No había ropa por el suelo ni nada por el estilo, la puerta estaba abierta y ellos dos estaban tranquilamente viendo una película que daban en la tele, no entiendo nada. O es que saben vestirse increíblemente rápido o, no sé que pensar más.
Volví a su habitación, donde él seguía tumbado, sin seguir carcajeándose.
-No están haciendo nada más raro de lo normal, tan solo miran una película - hablé cerrando la puerta detrás de mí.
-Ya lo sé - me contestó girándose hacia mí - hay que ver lo ingenua que eres, esos ruidos los hice yo - se le escapó una pequeña risa.
O sea, me había hecho levantarme para nada. ¿Esos gemidos los había hecho él? Sí, ya sé que es repetir lo que dijo pero, parecían de mujer.
-Pues déjame decirte que parecías una mujer - sonreí volviéndome a tumbar a su lado y girándome hacia su dirección.
-¿Cómo quieres que me lo tome, como un cumplido o un comentario ofensivo?
-Me gusta más lo segundo - reí.
-Gracias, yo también te quiero - se hizo el ofendido girándose él también hacia mí, conectándo nuestras miradas.
-No me quieres, me amas - le rectifiqué divertida.
Ambos sonreímos, todavía manteníamos nuestras miradas conectadas. El silencio volvía a ser dueño de su habitación y una poca distancia nos separaba los rostros.

Capítulo 6 - Siempre iremos un paso por delante.

-Prometo que no volverá a ocurrir señora directora - dije intentando demostrar arrepentimiento, algo muy lejano a lo que sentía.
-Puede irse ya, señorita Evans - ordenó la señora Kanavagh, mi directora.
Me levanté de mi asiento y salí del despacho. ¿Que qué había pasado? Mi idea de dejar a Ámber en ridículo, fue perfecta, menos en el final, ya que me pillaron.
Cuando nos dieron un minuto para descansar de tanto correr, me coloqué al lado de la pijita castaña con mi botella de agua. Cuando ella estaba de espaldas bebiendo también, dejé caer unas gotas en sus pantalones, para intentar mostrar que se había orinado encima. Después de este suceso, me alejé de ella. Cuando volvimos a correr, un compañero mío nos alarmó de que Ámber se había meado, provocando así risas por parte de la clase menos de Ámber Grew, ya que esta se hallaba completamente roja, tanto de enfado como de vergüenza. Poco después de este suceso, otro compañero me delató, ya que me había visto. Y este es el por qué de que tuve que estar más de diez minutos asintiéndole a la directora mientras ella me charlaba sobre lo que había dicho; que estaba mal, y que no se qué y que no se cuantos.
Francamente, no la escuchaba mucho, ¡No había hecho nada tan malo!, pero claro, como estaba en educación física, la profesora amargada, a la mínima te lleva a dirección.
Nada más salir, me abrí paso entre los cientos de estudiantes que circulaban por los pasillos, ya que había tocado el timbre. Me dirigí hacia mi siguiente clase: filosofía, genial. Además de que la filosofía era algo aburrida, o al menos para mí, ¡encima el profesor era más que aburrido!. Suele hacer unas bromas que nadie se ríe, y parece idiota carcajeándose de chistes malos que no dan ni pizca de gracia.
Una clase de filosofía aburrida + el profesor de filosofía más aburrido del mundo = Clase complétamente aburrida.
Y ahí me dirigía, a aguantarle una vez más por esta semana. A oírle hablar de su vida de nuevo.

Tras la hermosa hora de filosofía, nótese el sarcasmo, por fin era el recreo. Como siempre, Jake me esperaba en mi taquilla, para después ir juntos a comprar el bocadillo.
-Odio al profesor de filosofía - refunfuñé al llegar a su lado.
-¿Y quién no? Lo único que sabe es contar su vida y mandarnos toda la página llena de ejercicios, ¡No explica nada! - dijo mi mejor amigo, gritando esto último.
Cogí los libros para mis tres últimas clases, ya que hoy era miércoles y salía a las dos, una hora más que los que hacían E.S.O. Jake y yo nos dirigimos hacia el bar, donde había tres alumnos por delante de nosotros, así que nos pusimos en la cola, a esperar nuestro turno.
-Yo creo que necesitas dinero para comprarte un bocadillo - susurró una voz conocida en mi oído.
Me giré rápidamente, para ver al popular de Lucas White, más conocido como la lapa insoportable. ¿Acaso no podía dejarme? Entiendo que esté enamorado de mí, o que al menos sienta algo pero, esto para mí ya era demasiado.
-Ya lo sé, ¿Con qué crees si no que lo pagaría? - espeté, rebuscando en mi mochila medio abierta para buscar mi estúpida cartera que no estaba por ningún lado.
Un momento, había mencionado lo de mi mochila medio abierta. ¡Medio abierta! ¡Esa lapa me la había robado, y no me di cuenta! Genial, además de una lapa insoportable, también robaba carteras.
-Ya me la estás dando - me dirigí hacia Lucas, moviéndome hacia delante, ya que habíamos avanzado un paso más en la cola.
Uno de los amigos de Lucas, le dio mi cartera y él la alzó como victoria. Me lancé para intentar cogerla, pero me fue imposible.
-No tan rápido, fiera - habló el robador de carteras - primero quiero algo.
-¿Qué quieres? - respondí alzando una ceja.
-Una cita contigo, este viernes.
Vi como había bajado la cartera, ahora estaba completamente a mi altura, perfecta para cogerla.
-Primero dale la cartera - exigió firme mi mejor amigo, que estaba quieto a mi lado, contemplando esa escena.
Él me la tendió y yo la cogí rápidamente.
-Sigue soñando con lo de esa cita - le guiñé el ojo y me volví hacia delante, avanzando un paso más, con la maleta en mis manos, para no perderla la vista.
-Pero... pero... - balbuceó.
-Siempre iremos un paso por delante, mi querida lapa - le dije solamente girando la cabeza y chocándole los cinco a Jake.
-¿Qué fue lo último que dijiste?
Jake rió por lo bajo y empezó a pedir, ya que era nuestro turno. Yo pasé completamente de responderle y pedí al igual que el rubio de mi mejor amigo.
Gracias a dios, no hubo más apariciones de Lucas durante el resto de recreo, así que pude merendar sin tener que hartarme por ver su preciosa carita según las otras chicas de mi clase, que estaban perdídamente coladitas por él, ¿cómo alguien podía enamorarse de él? El amor es ciego, ¡pero no tanto!
***
Llegué sola a casa, ya que Jake tenía que llegar pronto a la suya, por motivos que no quiso decirme.
-¡Ya estoy en casa! - grité, como la mayoría de días que llegaba del instituto.
Tragué saliva al ver a Logan salir de su habitación, con la misma vestimenta que esta mañana, se veía bastante sexy a decir verdad, pero Charlie se vería 10 veces más, o al menos en mi opinión. Él rápidamente me abrazó y besó mi frente.
-¿Cómo te fue el instituto mi querida Sid? - se carcajeó él, al llamarme por un apodo que claramente odiaba.
-Sidney - le corregí mientras le fulminaba con la mirada - me fue bastante bien - sonreí, hoy no lo había hecho mucho - ahora bajo.
Él solamente asintió y se apartó para que pudiera ascender las escaleras e ir a mi cuarto, y así hice. Al salir de mi habitación, fui al despacho de mi padre, me senté en una de las sillas al lado de su escritorio y esperé a que acabara su llamada.
-Claro... hasta esta tarde... - sonrió inevitablemente - yo también te quiero preciosa - dicho esto último colgó.
Espera un momento, ¿Preciosa? ¿Mi padre le acaba de decir a alguien preciosa?
-¿Quién era? - pregunté curiosa.
-Aurora Green - dijo emocionado mi padre - ¡Hoy viene a tomar el té!
-Y esa es...
-¿Recuerdas la chica que te mencioné que contratamos? Pues esa es. Hoy haremos una cosa juntos - le miré demasiado sorprendida ¿una cosa juntos? - sobre nuestro trabajo. Ella tiene unas ideas para conseguir que nuestro negocio sea más famoso de lo que es. Vendrá a la hora que tú tienes clase con Charlie.
Asentí. Seguramente no era solo por el trabajo y las ideas de la supuesta Aurora, estoy segurísima que hay algo más. Me levanté de la silla y le miré.
-Hoy no tengo clase, debido a que es la sesión de evaluación y Charlie debe estar.
-Oh... - dijo algo triste al parecer.
¿Qué quería deshacerse de mí? ¡Quería deshacerse de mí para liarse a la maldita esa de Aurora!
-Tranquilo, me encerraré en mi cuarto o estaré con Logan - sinceramente, lo segundo sonaba más apetecible. Me dirigí hacia la puerta y la abrí, antes de cerrarla, dirigí mi mirada hacia mi padre - por cierto, no te imagino a ti tomando el té, seguro que no sabes ni tomarlo - finalicé un poco mosqueada y cerré la puerta.
Bajé a la cocina, donde estaba Logan haciendo los platos. Entré enfadada.
-¿¡Te lo puedes creer Logan!? - dije cerrando la puerta de la cocina - ¡Mi padre! ¡Mi propio padre quiere deshacerse de mí esta tarde para estar con una tal Aurora que no conoce de nada! ¡Que se conocen de solo un día!
-Creo que exageras demasiado Sidney - me tranquilizó Logan, poniendo macarrones en uno de los platos - alégrate por tu padre. Esa tal Aurora solo vendrá a tomar el té y se irá. Por cierto ¿hoy no tenías clase por la tarde?
Yo negué con la cabeza. Intenté tranquilizarme, tras un par de minutos, conseguí lograrlo.
-Yo seguiré pensando que va a pasar algo más, no solamente tomarán el té - intervine, ayudando a Logan a llevar los platos al comedor.
-Estás equivocada.
-Lo dudo.

Capítulo 5 - Una lapa insoportable.

Desayuné y fui a vestirme. Poco después de eso, recibí una llamada de Jake que fue cortada rápidamente, ya había llegado.
Me despedí de mi padre, que estaba en el despacho, y después de Logan. Solamente le musité un simple adiós, ya que seguía algo rara gracias a ese sueño. Salí de casa prácticamente corriendo para abrazar fuertemente a Jake.
Él pasó su brazo por mis hombros y fuimos caminando hacia el instituto, hablando de todas las tonterías posibles antes de llegar.
Al pasar la puerta para entrar al instituto, me acompañó a mi taquilla. Al coger los libros de las próximas clases, el grupo de Lucas White se dirigió a nosotros. Yo sostenía mis libros entre mis manos, apretándolos contra mi estómago.
-Qué bombón tienes a tu lado, esto... - habló Lucas.
-Jake - dijo mi mejor amigo, algo apenado. ¿Apenado? ¿Por qué? ¿Por no saberse su nombre? ¡Si a penas Lucas se sabrá el mío!
Yo rodé los ojos.
-Vámonos a clase, Jake - le dije. No tenía ganas de estar con los populares.
Dicho esto, me fui sin decirle adiós a Lucas. No le soportaba, era una lapa insoportable. Entré en clase de química, al menos eso me alegraba el día. Iba a sentarme delante del todo, justo en medio como hacía en cada clase,  pero una cabellera castaña lo había hecho primero.
-Ahí voy yo, Ámber - refunfuñé.
Ella negó sonriente. Maldita pija.
-Quítate - la ordené.
Ella volvió a negar. Yo bufé y me senté un asiento más atrás. ¿Por qué una chica tan pija tenía la capacidad de ser tan inteligente y poder apuntarse al bachiller científico? Hablando de ella, Ámber se giró, justamente. Posó su mirada en mí.
-¿Por qué quieres sentarte aquí? - preguntó con su típica voz chillona.
Quiero contemplar mejor esos preciosos ojos azules de nuestro hermoso profesor y tenerlo más cerca de mí.
-Así atiendo mejor - me excusé.
-Será eso - dijo esto, lució una pequeña sonrisa falsa y se volvió a girar, al ver entrar a nuestro profe, Charlie Smith.
Nuestro hermoso profesor dejó sus libros en la mesa y empezó con una nueva lección. De vez en cuando él me miraba. Notaba cómo me sonrojaba cuando notaba que sonreía en medio de su explicación cuando posaba su mirada en mí.
-Y para finalizar la clase - explicó - os entregaré los trabajos que hicisteis la semana pasada, mientras os voy llamando, haced los ejercicios que apuntaré en la pizarra.
Oh no, ese trabajo. Lo odié demasiado, más que a la lapa insoportable. Al fin y al cabo, el trabajo no quedó tan mal. Empezó a llamarnos uno por uno. Yo fui la primera. Me levanté tímidamente, me dio el trabajo y volví a sentarme. ¿Un ocho de mi trabajo? ¡Un ocho de mi trabajo! Me sentí feliz pero, esa felicidad se me esfumó de un momento a otro, al ver cómo la castaña de Ámber se acercaba movimiendo sus caderas hacia Charlie. Esta se paró delante de él, apoyó sus codos sobre la mesa de mi joven profesor y también puso el culo en pompa, dejando ver parte de sus pechos, gracias al escote. El Sr. Smith, no pareció en molestarle en absoluto, él solamente le daba la enhorabuena por uno de los mejores trabajos de la clase. Mis dientes se tensaron y las ganas de matarla y estrangularla en medio de clase también.
Sidney, tranquilízate...
Todo volvió a su normalidad cuando ella se sentó de nuevo en su asiento, delante mía. Intentando ser lo más disimulada posible, enredé mis piernas en las patas de su silla. Sonreí maliciosamente. Hice fuerza para subir un poco las patas traseras de su asiento para hacer que perdiese su equilibro y cayera. Así hice. Ámber no tuvo tiempo de reaccionar y cayó de la silla. Yo retiré mis piernas rápidamente y me uní a las risas que había provocado su golpe.
-¿Qué ha pasado? - cuestionó Charlie a todos nosotros.
-Ámber se cayó de la silla - habló uno de mis compañeros.
-Es usted muy listo, Stewart - le respondió mi profesor - ¿Ahora alguien puede explicarme que ha pasado?
Todos nos miramos entre nosotros. Yo miré a Jake, que estaba justo detrás mía. Noté como contenía su risa, él me había visto. Me guiñó el ojo, aunque Ámber no hubiera mostrado sus senos al profesor, igualmente me caía mal desde el día que entró a clase.
-Yo solo sé que se ha como tumbado la silla y me he caído. ¡Alguien la ha tumbado! - dijo Ámber, quién se estaba levantando de su caída, posando sus manos en sus nalgas doloridas.
-Ámber, no nos responsabilices a nosotros, no tenemos la culpa de que seas tan torpe - añadí a la conversación.
-Ni yo la culpa de que tu madre desapareciera hace cuatro años - contraatacó.
-Basta ya - habló una firme voz de Charlie - hagan los ejercicios que apunté en la pizarra.
Una lágrima rebelde nació de mis ojos, la aparté rápidamente. Mi autoestima bajó al oír lo que dijo Ámber para contraatacar y no quedar mal delante de todos los de la clase. En silencio, todos hicimos los ejercicios que el Sr. Smith mandó y estuvimos callados hasta que tocó el timbre para la siguiente clase. Me levanté la última de mi asiento, Jake fue el primero en salir. Guardé mis cosas con el autoestima por los suelos y al acabar, me puse mi mochila, dejándola colgar de mi hombro derecho.
-Srta. Evans - me llamó una voz detrás de mí, mientras estaba a punto de salir.
Me giré y me encontré con un par de ojos azul mar que me miraron con preocupación.
-Cierre la puerta y acérquese - prosiguió.
Con algo de temor lo hice. Cerré la puerta y me dirigí hacia uno de los pasillos que creaban las sillas. Me paré justo en frente de él.
-Siento lo de su madre, Amber se pasó un poco con su comentario.
Yo asentí decaída. No había superado del todo la pérdida de mi madre pero, estoy segurísima de que algún día lo haré. No me cabe duda.Noté unos fuertes brazos que envolvían mi cuerpo. ¿Charlie Smith me estaba abrazando? ¡Charlie Smith me estaba abrazando!. Respondí a su abrazo y quedamos así un par de segundos más hasta que él se separó.
-Creí que no te vendría mal un abrazo de alguien, ya que se notó tu tristeza cuando ella te dijo eso - habló con cautela Charlie.
-Gracias - murmuré agradecida.
-No hay de qué - me sonrió. Arght, me había dedicado una sonrisa - Por cierto, como sabe, está a punto de acabar el trimestre, tan solo queda una semana y media para dar paso a semana santa. Me temo a que hoy no podré darle la clase particular, ya que es la sesión de evaluación, prosponemos la clase a mañana jueves. Ah, y dígale a su próximo maestro que fue culpa mía el motivo de tu tardanza.
Asentí, me despedí de él agitando mi mano y salí de clase. Un miércoles por la tarde libre. Hoy no le vería más pero bueno, ese abrazo fue mejor que una clase. Sonreí al recordar nuestro abrazo, fue tan... ¿bonito? ¿agradable? y muchos adjetivos más.
Me moví rápidamente por los pasillos, bajé las escaleras y llegué a gimnasia.
-Siento mi retraso señora Green. El Sr. Smith tuvo que hablar conmigo cinco minutos.
Me miró con recelo. Las arrugas de mi mayor profesora de gimnasia se acumulaban entre sí, más su cara de amargada, formaban un rostro terrorífico. Cuánto la odiaba.
-Esa no es excusa, ahora póngase a correr al igual que sus otros compañeros - exigió con su cavernosa voz.
Bufé cuando ella se giró.
-No vuelvas a hacer eso - habló.
Rápidamente dejé mis cosas en las gradas del polideportivo y me puse a correr junto a los demás. No aparté la vista de Ámber, la pijita castaña, en educación física quizás le haría otra de las mías.

Capítulo 4 - Tanta cercanía me provoca nervios.

Entré a clase con los libros de química entre mis manos, apretándolos fuertemente contra mi estómago, que se revolvía salvajemente, malditos nervios.
-Buenas tardes - balbuceé mientras me acercaba hacia él, que permanecía sentado encima de su mesa, tecleando con su móvil.
-Buenas tardes señorita Evans, puede sentarse en la primera fila - habló serio, como de costumbre y guardó su móvil.
Me senté en frente de la mesa del profesor. Él fue hacia su mochila y sacó una carpeta azul para sostener mi examen entre sus manos. Lo miró atentamente y poco después lo colocó encima de mi mesa.
-Ha de repasar los enlaces. Es importante que sepa la capa de valencia de cada elemento - explicó Charlie.
Saqué una hoja y mi lápiz. Él comenzó a explicarme con más detenimiento cómo se hacía, ponía varios ejemplos que yo iba anotando. De vez en cuando, nuestras miradas se juntaban y yo solamente podía sonreír. Y así pasaron diez minutos de explicación.
-¿Hasta aquí lo ha entendido?
Asentí con una media sonrisa.
-Bien, ahora haga este.
Comenzó a apuntar un ejercicio en la pizarra que yo copié inmediatamente. Comencé hacerlo, como él me había explicado. Unos pasos lentos se dirigían hacia mí. Se colocó detrás mía y noté como su barbilla descansaba sobre mi hombro derecho. Ay dios.
-¿Cómo va eso? - preguntó, fijando su vista en mi papel.
-¿Usted cree que me sale mal?
Las manos comenzaron a temblarme. Nuestra cercanía, hacía que mis dedos jugasen entre ellos por debajo de la mesa para intentar que no se diera cuenta pero creo que no dio resultado.
-Parece irle bien pero, esto... - señaló una parte del ejercicio, supuse que la tenía mal.
Cogí mi goma y lo borré, para dibujarlo de nuevo. Él puso su mano encima de la mía y me indicó como había que hacerlo. Mi mano quedó tiesa por un momento.
-Relaje la mano señorita Evans - habló Charlie mientras se le escapaba una pequeña risa.
Poco a poco mi mano cedió y ya podía moverse sin dificultad por el papel, haciendo los enlaces.
. . .
Cerré la puerta detrás mía, al entrar en casa. Con Charlie no pasó nada más, creo que por hoy ya me bastó la suficiente cercanía que habíamos tenido, lo cual me había encantado a pesar de que me provocaba nervios.
-¡Ya estoy en casa! - grité.
Como siempre, todo estaba desierto. Supuse que mi padre estaría en su despacho y Logan descansando en su tiempo libre o tal vez haciendo alguna tarea por la casa.
Subí las escaleras y me dirigí hacia mi cuarto, todo estaba completamente igual desde que me fui. Me senté en mi silla azul con ruedas, saqué mis deberes y me puse a hacerlos, así pasaría el resto de la tarde hasta la cena.
Minutos después, sonó Still into you. Agarré mi móvil y lo descolgué.
-¿Si? - hablé mientras colocaba mi móvil entre mi cabeza y mi hombro derecho, mientras seguía haciendo mis deberes.
-¿Qué tal enana? - saludó Jake - ¿Te parece bien que mañana pase a por ti y así vamos juntos al instituto?
-Bien, estoy bien - sonreí - me parece genial. ¿A que hora te pasarás?
-Solamente estate atenta del móvil y cuando te llame, sal.
-Vale, pues... - quedé callada un par de segundos - hasta mañana.
Oía su respiración desde la otra línea y unas teclas que eran pulsadas provocando un ruidito.
-¿Eh? - dijo al fin.
-Que hasta mañana.
-Em, sí, hasta mañana - concluyó algo nervioso y me colgó.
No le di importancia a su raro comportamiento y seguí con mis deberes hasta la cena.
Acabé más tarde de las ocho. Más de una hora haciendo deberes, gracias a mi profesor de filosofía. Le amaba más que a Charlie - nótese el sarcasmo -
Oí unos leves golpes en la puerta de mi habitación mientras guardaba mis cosas en mi mochila para el día siguiente. Poco después se abrió.
-Baja a cenar hija - habló mi padre. Luego la puerta se cerró de nuevo.
Al acabar de guardar mis cosas, salí de mi habitación y descendí las escaleras hasta el comedor donde esperaba mi padre apunto de comer. Me senté en frente de él y silenciosamente empezamos a comer mientras que entre nosotros predominaba un incómodo silencio.
-¿Qué tal fue la clase con el sr. Smith? - habló él, iniciando la primera conversación durante la cena.
-Yo esto, - empecé a balbucear. Me puse nerviosa al recordar lo que había pasado esta tarde - muy bien - dije segura - ya lo entiendo mejor.
Sus labios se curvaron, haciendo una sonrisa. ¿Mi padre sonriendo? Algo genial le habrá pasado como para que sonría. Hacía bastante tiempo que no le veía sonreír y las veces que lo hacía, se notaba que esa sonrisa no era verdadera.
-¿Qué tal tu día hoy, papá? - me interesé.
Ahora quería saber el motivo de su sonrisa. Estaba segurísima de que no era por lo bien que me había ido con Charlie.
-Bastante bien, hoy hemos contratado a una nueva chica - mostró de nuevo una sonrisa.
Así que a eso se debe su felicidad. Santa mierda. La idea de imaginarme en un futuro una nueva chica aquí en casa no era de mi agrado. ¿Pero qué piensas Sidney? Quizás solamente es otra más en el negocio y no pase absolutamente nada. Odio las historias que puedo llegar a montarme a veces.
Al acabar de cenar y darle las buenas noches a mi padre, fui a la habitación de Logan a desearle buenas noches para después subir a mi habitación a descansar, los párpados se me cerraban constántemente y no aguantaba más.
Toqué la puerta de Logan con el puño cerrado. Nadie respondió aunque eso no me impidió entrar por mi cuenta.
Le vi recostado en su cama, tapado con las sábanas. Me acerqué a él y vi como dormía. Qué adorable. Mi rostro se acercó al suyo con la intención de plantar un pequeño beso en su mejilla, que este fue desviado sin querer a la comisura de sus labios gracias a un pequeño movimiento que dio Logan.
Ruborizada y avergonzada de lo que hubiera podido pasar, salí lo más rápido posible de su dormitorio sin hacer el más mínimo ruido y ascendí las escaleras para después entrar en mi habitación, colocarme el pijama y tumbarme en mi cama. Apagué la luz y quedé dormida en pocos segundos.
Bajé las escaleras y me dirigí a la habitación de Logan. Este estaba esperándome luciendo su preciosa sonrisa. Iba vestido con un polo azul y unos pitillos negros. Abrió sus brazos como solía hacer siempre y yo rápidamente le abracé y le tumbé en su cama, quedando encima suya. Ambos sonreíamos. Nuestras miradas conectaron, nuestras narices rozaron y poco después nuestros labios, que se fundieron en un precioso beso.
-Sidney... - murmuró en medio del beso - despierta... despierta... - su voz cada vez se oía menos - despierta...

-¡Sidney despierta ya! - acabó chillando mi padre.
Me desperté casi de un salto.
-A la tercera va la vencida - murmuró mi padre a sí mismo y se fue de su habitación.
Me levanté aturdida al acordarme de mi sueño. Parecía tan... real. Fui al baño y me lavé la cara, ya me vestiría después de desayunar.
Bajé las escaleras y me dirigí hacia la habitación de Logan como cada mañana, a desearle los buenos días. Cuando entré, él vestía con un polo azul y unos pitillos negros. Espera un momento, ¿Iba vestido como en mi sueño? Oh dios mío.
-¿El desayuno está listo? - le pregunté.
Él asintió y abrió sus brazos para que le diera un abrazo. Yo me di media vuelta, para intentar disimular, haciendo que no le había visto. Salí de su habitación, algo desorientada. ¿Qué pasaría si le hubiera abrazado? ¿Nos hubieramos... besado? No, no puedo hacer eso.